Así habló Zaratustra, pt. 4

Hoy: ¡camellos, leones y la voluntad de poder!

Guión

 El discurso más famoso del libro, el que más esperabas, ¡ya llegó! – De las tres transformaciones, protagonizado por el camello, el león y el niño. Bueno, dejamos por atrás el prólogo y las pretensiones de Zaratustra de cambiar el mundo de golpe. Se ha dado cuenta que su enseñanza no es para todos, entonces su plan ahora es comunicarla a unos cuantos.
Seguimos en el pueblo, que por cierto se llama La Vaca Multicolor. Extraño nombre ¿no? Pues la vaca es un animal domesticado y dócil que vive en rebaño, como la gente del pueblo. Sin embargo, a pesar de la uniformidad, no todo es monocromático sino multicolor, es decir, las democracias liberales cuentan con cierta diversidad entre la cual puede haber individuos con una sensibilidad receptiva al mensaje de Zaratustra.
Vamos a ver una distinción importante repetida lo largo de los discursos, a veces implícita a veces explícitamente, entre la gran razón y la pequeña razón, entre el espíritu por un lado y el ego o consciencia por el otro; los términos en el alemán son Geist y Seele. Hacia el final de este vídeo hablaremos más de esta distinción pero de momento que tengas claro que es el Geist o espíritu lo que se transforma.
Bueno, son tres las transformaciones: el espíritu en camello; el camello en león; y el león en niño. Curiosamente, el discurso se inicia con el espíritu ya transformado en camello. Zaratustra habla de las últimas dos transformaciones, pero no de la primera, del espíritu en camello. ¿Por qué? ¿Te acuerdas de Yuya, ese Youtuber que vimos en el primer vídeo? Hace una semana ella y yo subimos vídeos a nuestros respectivos canales. En ese tiempo mi vídeo recibió 4,350 vistas, mientras que el de ella recibió casi 3.5 millones de vistas. No sé cómo caracterizar el tema de su canal, pero es 800 veces más popular que él de la Fonda. ¿Por qué la gran mayoría están viendo su canal y no el mío? Pero más importante, ¿por qué tú estás viendo mi canal? ¿Qué es lo que te distingue de tus compañeros que están estudiando administración de negocios o mercadotecnia? Nacieron y crecieron en básicamente la misma cultura y clase social, expuestos a los mismos maestros en la prepa, los mismos valores e ideas, etc. En algún momento de su educación, tu compañero fue expuesto a las ideas de alguna filosofía, al igual que tú, pero a diferencia de ti, no le hizo ningún impacto, y a ti sí. ¿Por qué? No sé, es un misterio. De hecho, eso fue la gran sorpresa de Zaratustra en el prólogo cuando vio que su enseñanza cayó sobre oídos sordos. Estaba tratando de efectuar la transformación del espíritu del pueblo en camello. Lo que aprendió es que esa transformación no puede enseñarse. Es más bien un don, lo cual de hecho el volatinero tenía ya que había dedicado su vida a lo que es difícil y peligroso.
Ya hemos comparado Así habló Zaratustra con La república de Platón y aquí tenemos otro paralelismo. Hay tres clases en el Estado ideal: los guardianes o filósofos rey, los guerreros, y los artesanos que son la mayoría. Cada clase, tal como nos cuenta la mentira noble, tiene por nacimiento (más no por educación) cierto metal mezclado en su ser: oro, plata o bronce. A los guerreros les toca plata y eso los guardianes tienen que detectar (tal como Zaratustra está tratando de detectar ese don de camello entre la gente del pueblo). Luego, los que son escogidos por los guardianes pasan por una larga educación para desarrollar el potencial que se encuentra dentro de ellos. Muchos no entienden por qué Platón pasa tanto tiempo hablando de la educación de los guerreros, pero es de vital importancia, una importancia de la que Zaratustra está plenamente consciente. Todos los discursos del libro tienen la finalidad de desarrollar el espíritu de los que acompañan a Zaratustra en su camino. Aunque, como veremos, la educación o transformación más interesante, y quizá más importante, será la del propio Zaratustra.
Bueno, volvamos al texto. Leemos que el espíritu del camello es noble y heroico, un espíritu que acepta una carga pesada sin la comodidad de alguna certeza o una comunidad que lo apapache. El camello es el antítesis del rebaño del último hombre que se huye precisamente de todo lo que sea difícil o que implique sacrificio. Al arrodillarse, el camello da el primer paso del Untergang o del hundirse del Geist actual para que sea superado y transformado en algo superior. Cuando pienso en el camello pienso en la biografía de Picasso. Nos cuenta que en su formación sus maestros le obligaron a ir al Prado a copiar las obras de los grandes maestros de la tradición. Con varios años de mucho trabajo llegó a dominar todos los estilos a tal punto que podía hacer una copia indistinguible del original. Éste es el espíritu del camello, el que se somete a la superioridad de un maestro, pidiéndole que se le cargue de lo que sea difícil, heroico e importante para que lo asimile y lo reverencie. Pero Picasso no sería Picasso si hubiera seguido haciendo copias. Su espíritu de camello tenía que aceptar la carga más pesada, la de destruir lo que reverencia. Dice Zaratustra que el camello va al desierto. En la Biblia y aquí en nuestro texto, el desierto es un sitio lejos de la parafernalia de la cultura y las comodidades de la civilización. En el desierto uno está consigo mismo y su tarea, y es ahí donde el camello se transforma en león.
Dice Zaratustra: “¿Para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa? Para crearse libertad para un nuevo crear y un no santo incluso frente al deber”. En un momento dado, el espíritu de Picasso se transformó en león. El león es simbólico de ser dueño de sí mismo. Con un “no santo” pone fin a su etapa de aprendiz. No es que rechace la tradición sin más, ya que no estaría donde está sin haberla asimilado, pero para que sea un creador propio tiene que distanciarse de ella. Zaratustra simboliza la tradición y sus valores como un gran dragón. En la mitología europea, los dragones guardan la entrada a cavernas llenas de oro y otros tesoros. En este caso no quieren que nadie entre. Pero cambiando el ejemplo a nuestra caverna favorita, la de Platón, el chiste es precisamente salir de la caverna. En este sentido, el dragón es la tradición occidental con todos sus valores acumulados procurando que nadie salga de la civilización decadente ahí adentro. Y para variar, en cada una de sus escamas está escrito “Tú debes”, como los mandamientos, y así Nietzsche logra juntar a Platón y la Biblia en una maravillosa imagen.
Nuevamente, Zaratustra pregunta por qué no basta esta transformación, por qué no es suficiente quedarse con el león. Pues, el espíritu del león es negativo, rechaza y dice “No”, oponiendo su “Yo quiero” al “Tú debes” de la tradición, lo cual es necesario pero deja el espíritu sin hogar. El león es el rey de la jungla pero aquí no hay más que desierto. Volviendo a nuestro ejemplo anterior, podríamos decir que, para que Pablo se convirtiera en Picasso, para que creara un mundo de imágenes jamás visto, su espíritu de león tuvo que matar al dragón. En este acto, el espíritu se transforma en niño. El niño, dice Zaratustra, “es inocencia y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí”. En la voluntad negativa del león, su decir no, y la voluntad positiva del niño, su decir sí, tenemos una prefiguración de la voluntad de poder que se va a desarrollar en discursos posteriores. Y con “la rueda que se mueve por sí misma” tenemos la imagen, sin duda, del eterno retorno, la enseñanza más excelsa y difícil del texto. Vamos a tratar el eterno retorno con detalle más adelante, pero de momento quisiera señalar un problema que representa para lo que hemos visto hasta ahora sobre la superación del hombre y el advenimiento del superhombre. Hasta ahora, la enseñanza parece manejar un concepto lineal del tiempo, como una flecha que va de un pasado negativo hacia un pasado positivo. Esta transición no se da automáticamente por un proceso natural, sino por la elección libre de determinados individuos. El problema es que el eterno retorno maneja un concepto cíclico del tiempo, donde todo regresa tarde o temprano y, si es así, se trata de cierto determinismo que aparentemente anula la libertad humana. Es por ello que Nietzsche habla del amor fati más adelante. Menciono esta tensión para que no interpretemos estas transformaciones de forma demasiado sencilla. Zaratustra quiere dar a sus compañeros una idea general de lo que les espera, pero no es más que una primera aproximación.
Bueno, quedan 21 discursos más en esta primera parte. En vez de ver cada uno a detalle, vamos a centrarnos en unos cuantos que reúnen de forma concisa y muy viva los temas generales que va desarrollando a lo largo del texto. Las secciones 2-7 critican los valores y enseñanzas que deben ser superados. En “De las cátedras de la virtud” su blanco son los maestros que enseñan virtudes que procuran la trascendencia del cuerpo y en “De los trasmundanos” critica la idea de despreciar este mundo a favor de uno ideal y más allá. Llegando a la cuarta sección “De los despreciadores del cuerpo”, encontramos un breve pero penetrante análisis de este deseo por la trascendencia y la propuesta que Zaratustra pone en su lugar.
Sócrates decía que el cuerpo es como una cárcel para el alma y que la vida no es más que una preparación para la muerte cuando el alma será por fin liberado. Aquí tenemos la milenaria distinción entre cuerpo y alma y la valoración de lo espiritual sobre lo corporal. ¿Qué opina Zaratustra de esto? Pues conserva los términos y la distinción pero les da un giro. En vez del dualismo alma/cuerpo tenemos el dualismo de la gran razón y la pequeña razón. El alma del que habla Sócrates y la tradición no es más que “una palabra para designar algo en el cuerpo”. Lo que se distingue entonces no son dos cosas o sustancias distintas, sino dos aspectos del uno y el mismo fenómeno. En el fondo, este fenómeno es la voluntad de poder. Zaratustra habla del cuerpo aquí porque al nivel de seres humanos individuales, el cuerpo es el sitio de manifestación de la voluntad de poder.
¿Qué es la voluntad de poder? Normalmente, cuando hacemos esa pregunta sobre algo estamos preguntando por la esencia de ese algo, por algún sustrato detrás de la apariencia. La apariencia es sensorial, pero la esencia es inteligible. Nietzsche rechaza esta idea. Cuando llegamos a lo que consideramos una esencia, realmente lo que hemos identificado es el sentido de la cosa. Vemos esto en la sección sobre los despreciadores del cuerpo cuando Zaratustra dice: “El cuerpo es una gran razón, una pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor”. La gran razón, dice, es una pluralidad con un sentido. ¿Una pluralidad de qué? Ésta es una pregunta ontológica: ¿qué hay en el cosmos? Al coro de respuestas que ha habido en la tradición – átomos en el vacío, ideas platónicas, materia, espíritu, etc. – Nietzsche agrega su propuesta: la voluntad de poder. En el fondo de la realidad, no hay átomos ni ideas platónicas, sino sólo cuantos de poder. “Cuanto” viene del latín “quantus” que significa “cantidad”. La voluntad de poder se refiere a una pluralidad de diferentes cuantos o cantidades de poder o energía que se relacionan entre sí, distinguiéndose sólo por la cantidad o grado de energía que manifiestan. El ser de las cosas consiste, entonces, en su deseo por poder sobre otras cosas, por dominarlos o asimilarlos. Dado eso, no tiene sentido hablar de un solo cuanto de poder aislado. Es lo que es sólo al estar en relación con otros cuantos de poder.
Este entramado de relaciones de poder se opone al proceder científico que tiende a formalizar la realidad, convirtiéndola en una abstracción. Hablamos de cosas o sustancias como aisladas cuando realmente no son más que fenómenos abstraídos de un proceso dinámico. Y hablamos de causas por un lado y efectos por el otro como si uno pudiera existir sin el otro. En La genealogía de la moral, Nietzsche trata esto al hablar de un rayo. La palabra “rayo” es un sustantivo por lo que lo pensamos como una cosa, y por el otro lado está su brillar, como si aveces brillara y a veces no. Esto no tiene sentido para Nietzsche. El rayo es su brillar, es lo que hace. Ésta es la idea que expresa en la sección que estamos considerando cuando dice: “Tu cuerpo es su gran razón: ésa no dice yo, sino hace yo”. El yo o el ego no es una cosa aparte del cuerpo, sino algo que el cuerpo hace o efectúa. Se efectúa precisamente como resultado de una relación de fuerzas.
Ahora, de la misma manera que concebimos átomos combinándose para formar agregados mayores: moléculas, células, tejido, órganos, cuerpos, cerebros, montañas, planetas, y constelaciones, los cuantos de poder también se juntan en grupos o constelaciones de poder. Veámoslo con un ejemplo de la política. Una ciudad es una constelación de diversos cuantos de poder: ciudadanos, infraestructura material y la propia geografía. El resultado de las relaciones de todos esos elementos es la ciudad, algo con cierta identidad perdurable que, al no ser otro que voluntad de poder, buscar mantenerse y acrecentar su poder. Eso lo hace al relacionarse con otros cuantos de poder, o sea, otras ciudades, para formar un municipio. Lo hace porque de esta manera puede favorecer su propios fines como ciudad. Y esos municipios a su vez se juntan con otros para formar un estado, y varios estados se juntan para formar una federación o país. Si tomamos cualquier elemento en este gama, desde ciudadano hasta país, lo que tenemos no es una cosa que es en sí misma lo que es, sino un cuanto de poder que puede analizarse hacia abajo en términos de los otros cuantos de poder que la constituyen o hacia arriba a constelaciones de poder mayores de las que forma parte.
Volviendo al texto, cuando Zaratustra dice que la gran razón es una pluralidad con un sentido, quiere decir que es una pluralidad de cuantos de poder, que pueden ser afectos, deseos, pensamientos, dolores, etc., que en su conjunto relacional forman una unidad en la que uno de esos cuantos de poder es, al menos de momento, dominante. Ese cuanto de poder es lo que da el sentido u organización a la pluralidad. La pequeña razón, lo que llamamos el yo o el ego, no es más que ese sentido que hemos cosificado o sustancializado. Lo vemos como el meollo de nuestro ser pero visto desde la voluntad de poder es simplemente la punta del iceberg.
En discursos posteriores vamos a volver a la voluntad de poder a tratarlo con más detalle. Para ir terminando, quiero señalar una aparente contradicción. El discurso está dirigido a los despreciadores del cuerpo, a los que quieren sumergirse en un olvido etéreo más allá del cuerpo, mas allá de este mundo. De acuerdo con la ontología de Nietzsche, esos despreciadores también son voluntad de poder. Entonces la pregunta es ¿cómo es posible que un cuanto de poder no quiera acrecentarse, que quiera en efecto su propia aniquilación? Es parecido al problema que representa la homosexualidad para la evolución darwiniana porque los homosexuales no trasmiten sus genes a generaciones futuras, pero la reproducción es supuestamente el motor del proceso de la vida, como la dominación de una fuerza sobre otra lo es para Nietzsche. A lo mejor Darwin esté simplemente equivocado, y también Nietzsche. Bueno, al menos en el caso de Nietzsche, no creo que sea así. Para resolver este problema, dejemos que Zaratustra siga desarrollando su enseñanza, a ver si posteriormente encontramos una solución.

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19 Comments

  1. Rafael Ruales · 12/10/2016 Responder

    😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱

  2. Rafael Ruales · 12/10/2016 Responder

    Bueno, lo anterior puso Leo, mi nieto de diez años con quien escuchamos tu vídeo. Saludos

  3. María · 12/10/2016 Responder

    Interesante aunque al escuchar éste sin los anteriores me hace falta un puente

  4. Maria · 13/10/2016 Responder

    Gracias, es una riqueza personal y un material de fundamento para mis alumnos. Que toda la fuerza del conocimiento este contigo.

  5. Sergio · 14/10/2016 Responder

    Gracias, Darin

  6. Rodrigo Rafael · 15/10/2016 Responder

    ¡Oh, extraordinario Darin! y sí; vaya que se esperaba esta entrega. Gracias.

  7. Miguel · 15/10/2016 Responder

    Ey! Que nadie critique a Yuya, que por ella muchos pensadores no sabríamos como esos abismos agonizantes de la vanalidad crean simulacros huecos para distraer el vacío de tantas existencias.

    ¿Se podría decir que es una prestidigitadora de lo vanal o una vendedora de aire para llenar vasos? ¿como le hace para vender nada y encontrar tantos compradores de nada? Extraño talento, no?… o extraño mercado.

    • Darin · 15/10/2016 Responder

      Hola Miguel. A mi no me extraña. La naturaleza humana es lo que es!

      • Miguel · 24/10/2016 Responder

        La naturaleza humana es lo que es, un leviatan con las raíces hundidas en lodos profundos y la cabeza brillando a la luz del sol. Lo que pasa, estimado Darin, es que como se dice en el pueblo, “a veces les apestan las patas”. No sé si compartas un vago sentimiento de que hay una inmensa masa critica de inercia densa e inconsciente que quisiéramos subir a la montaña de la filosofía con gritos que quieren despertar sonámbulos indiferentes. Gracias Darin, gracias Yuya.

  8. soledad · 15/10/2016 Responder

    Encantada una vez más. Leí Así habló Zaratustra cuando era adolescente, la leí como si se tratase de una obra literaria. Hoy adquiere nuevos sentidos para mí. Muchas gracias. Me pregunto cómo convertirse en león hoy en día, cómo decir no a lo establecido cuando esto parece ser el camino a la felicidad. Quiero decir, hoy todo indica que debemos ser felices, disfrutar, ser y hacer lo que queramos, entonces, ¿qué pasa cuando decimos no? Y después, ¿cómo decir sí, cómo ser niño? ¿Se trata de pasar de una libertad aparente a una libertad consciente y de hecho?

  9. Josefina Anchorena · 16/10/2016 Responder

    Muchas Gracias!

    Esperando ansiosamente la clase que es clara y precisa!!! Felicitaciones!!!!

    Josefina

  10. Orlando Porras · 24/10/2016 Responder

    Darin: te informo que la parte 4 de Así habló Zaratustra no se puede descargar a través de Itunes. Te agradezco estos magníficos videos y podcasts.

  11. SIMON ANDRES IDROBO ZUÑIGA · 03/11/2016 Responder

    Cordial saludo

    Estimado Darin quiero compartir con usted el siguiente video del programa MENTIRA LA VERDAD del divulgador filosofico Dario sztajnszrajber sobre la obra Asi Hablo Zaratustra, en el cual en forma ludica nos indica como Friedrich Nietzsche con el poder de la metafora DECONSTRUYE la idea de lo que es un ser humano, invitandonos al vertigo de pensarnos mas alla del ultimo hombre.

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