Así habló Zaratustra, pt. 5/12

Hoy discursos de la primera parte que versan sobre las pulsiones y emociones oscuras y la necesidad de sublimarlas.

Guión

 En el último vídeo vimos el discurso más conocido del libro, el de las tres transformaciones. Vamos a empezar este vídeo con el discurso quizá más tétrico, al menos a mi gusto. Me refiero a “Del pálido delincuente”. En los primeros discursos de la primera parte, Zaratustra toca diferentes aspectos de la cultura decadente actual y las consecuencias que tienen. Vimos eso en “Los despreciadores del cuerpo”. Y vemos otro ejemplo en este delincuente pálido.
El escenario es un tribunal con jueces que están considerando el caso de un delincuente que ha sido acusado de robo y asesinato. Están esperando que incline la cabeza, así reconociendo el crimen y consintiendo a la condena de muerte. El delincuente inclina la cabeza, pero al mismo tiempo sus ojos arden con desprecio y repudio. Eso de los ojos combinado con la palidez de la cara constituye una imagen poderosa que revela un enorme conflicto en el interior del delincuente, un conflicto que no tiene resolución. ¿En qué consiste?
Empecemos con su cara pálida. Dice Zaratustra: “Una imagen puso pálido a ese pálido hombre. Cuando realizó su acción él estaba a la altura de ella: mas no soportó la imagen de su acción, una vez cometida ésta”. La imagen del acto, el recordarlo, le hace sentir culpa, no tanto porque haya violado la ley, sino porque un solo acto se ha convertido en la esencia de lo que es, al menos la imagen del acto le hace verse a si mismo así. Esto es exactamente lo que dice Foucault casi un siglo después cuando en La historia de la sexualidad dice que “El sodomita era un relapso, el homosexual es ahora una especie”.
En todo caso, Zaratustra dice que eso es demencia: “La raya trazada sobre el suelo hechiza a la gallina, el golpe dado por el delincuente hechizó su pobre razón – demencia después del acto llamo yo a eso”. Aquí Nietzsche vuelve a tocar la distinción que vimos en “Los despreciadores del cuerpo” entre la gran razón y la pequeña razón. El conflicto interior estriba en la relación entre estos dos. Volviendo al ejemplo del homosexual, no hace falta que haga un acto sexual para sentirse culpable ya que basta su pequeña razón, forjada por la moral cristiana. La mera imagen de sí mismo como perverso le hace sentir culpable.
Y hay también una demencia antes de la acción. Los jueces quieren saber el motivo del asesinato. Lo comprenden y lo hacen más razonable al suponer que el motivo básico fue el robo y que el asesinato le resultó necesario para llevarlo a cabo. Zaratustra dice que no. “Su alma quería sangre, no robo: ¡él estaba sediento de la felicidad del cuchillo!” Sin embargo, su pobre razón, sacada de onda por la locura del acto, le convenció al delincuente a robar también como una excusa para no sentirse avergonzado de su demencia.
El puro asesinato, el acto homosexual, y otros crímenes y perversidades que ultrajan el orden social provienen de indomables pulsiones de la naturaleza biológica del hombre. Esta biología, en los actos criminales, se venga de la civilización que la reprime; y, más que la represión o el castigo, la civilización se venga de la biología al producir en el delincuente la sensación de culpa. Por eso la cara pálida, carente de sangre y vitalidad. Es eso lo que en parte le atormenta al delincuente. La otra parte es lo que simbolizan los ojos que brillan con desprecio. El delincuente está consciente de todo esto, del hecho de que ha sido partícipe en su propia condena al permitir que la sociedad creara una brecha en su ser forjando así un sujeto que actúa por un lado y sus actos por el otro. En esa brecha puede la culpa, o lo que Sartre llamaba la mala consciencia, crecer y tomar control. Este conflicto irresoluble Zaratustra lo caracteriza como una maraña de serpientes, una bola de enfermedades, una decadencia más allá de la cura. Bueno, sí hay una cura: el sacrificio que es la muerte. Es por eso que el delincuente consiente a la condena, pero no antes de comunicar su desprecio, no sólo a los jueces y la civilización que representan, sino también a sí mismo, a su ego que ha formado parte de la misma. Eso, dice Zaratustra, fue un acto supremo y sublime por parte del delincuente. Se hundió en su ocaso, cosa que Zaratustra intentó provocar con el pueblo en el prólogo. Es como si fuera un hombre ahogándose en el mar que ve una isla en la distancia. Sabe que no la puede alcanzar, entonces mejor poner fin a una situación sin salida. Aun cuando el delincuente no sea de ninguna manera el prototipo del superhombre, su demencia al menos da un paso más cerca al superhombre que “la recta sensatez” de los jueces y su cultura.
Bueno, pasemos de este discurso deprimente a uno con un tema parecido pero más optimista; me refiero a “Del árbol de la montaña”. Se trata de un joven que se encuentra muy atraído al mensaje y a la persona de Zaratustra; quiere ser cómo él, pero la atracción raya en la envidia porque el joven aún no sabe cómo alcanzar esos niveles. Una emoción positiva está mezclada con una negativa, la de envidia y resentimiento, lo cual le inquieta al joven y le estanca. La diferencia entre este discurso y el anterior es que Zaratustra no pudo hacer nada por el delincuente, pero está a tiempo para ayudar a este joven.
La situación del joven se compara con un árbol. El árbol no crece en un vacío, sino en un entorno cuyos elementos como el viento y la gravedad le dan forma. Décadas después, Heidegger dirá que el hombre se encuentra arrojado en un mundo que no controla y que determina las circunstancias de su vida. Éstas son las cartas que el destino reparte a uno. Para jugar esas cartas y superar la condición de un simple ser determinado implica una resistencia contra esas fuerzas. Zaratustra lo ilustra con el árbol que, para crecer hacia arriba, hacia la luz, tiene que “tender sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro, lo profundo, hacia el mal”.
Cuando leo esto pienso en la metáfora de Kant donde habla de la paloma que, para volar más rápido y libremente, llega hasta el espacio donde no hay viento ni gravedad que le detenga, pero encuentra obviamente que ya no puede volar, entonces tiene que volver hacia abajo donde las condiciones permiten el vuelo. Lo que Kant estaba tratando de decir es que el pensamiento requiere no sólo de los conceptos del entendimiento, sino también de las intuiciones de la sensibilidad. La unión de los dos posibilita el pensamiento. El mensaje de Nietzsche en este discurso es muy parecido. Para que el árbol alcance las alturas y produzca frutos, tiene que estar unido con las raíces que penetren a la oscuridad. Lo que vemos aquí es la unión de lo apolineo y lo dionisiaco, del ego y el inconsciente, de mente y cuerpo o de la gran y pequeña razones que vimos en el último vídeo. Es una unión que Zaratustra ya simbolizó en el prólogo con la serpiente enroscada en el cuello del águila.
Sin embargo, las pasiones y pulsiones del inconsciente pueden ser peligrosas. Es por eso que Platón dedica dos o tres libros de La república hablando de la educación de los guerreros, ya que el elemento erótico o pasional que caracteriza su alma puede apoyar tanto a la razón como al apetito. Por lo tanto, la pasión de los guerreros tiene que ser guiado y educado con mucho cuidado. Esto es lo que Zaratustra hace ahora con el joven. El joven admira a Zaratustra, aspira a alcanzar sus alturas. Lo que le motiva es una pasión que llamaos la envidia, la cual puede operar de forma negativa o positiva. La angustia del joven se debe a que está sintiendo el lado negativo de esta pasión, lo cual genera sensaciones de resentimiento e impotencia. En general, la respuesta de la tradición ha sido negar las pasiones o extirparlas. A eso se refiere Zaratustra al final del discurso cuando habla de la “gente buena” que tienen miedo de la gente noble con sus altas esperanzas. Dice: “En otro tiempo pensaron convertirse en héroes: ahora son libertinos”. El joven puede convertirse en un libertino más, o consumirse en resentimiento como el pálido delincuente, o puede tomar la envidia que siente como una provocación, como un reto que le impulse hacia la superación. Esto es lo que Zaratustra trata de hacerle ver al joven.
Pasemos al discurso “De la castidad”. Parece extraño que un autor que habla del cuerpo, la tierra y las pasiones aconseje la castidad. Pues hay que entender que no es la castidad del cristianismo, que es una represión o extirpación de las pasiones. En la Biblia, Jesús hace un exorcismo donde saca demonios de un hombre y los manda a un grupo de cerdos que luego van corriendo y se ahogan en un lago. En el discurso Zaratustra dice: “No pocos que quisieron expulsar a su demonio fueron a parar ellos mismos dentro de los puercos”. De esto se toma el dicho popular, atribuido a Nietzsche, de que tengas cuidado de que, al expulsar tus demonios, no expulses la mejor parte de ti. Nietzsche no aconseja la extirpación de las pasiones o demonios pero tampoco dice que uno le dé rienda suelta. Más bien es una cuestión de su sublimación, ya que su expresión debería darse no en el nivel del cuerpo, sino del espíritu. Dice Zaratustra: “La castidad es en algunos una virtud, pero en muchos es casi un vicio. [Aún cuando el casto se abstenga] la perra sensualidad mira con envidia desde todo lo que hacen […] y sabe mendigar un pedazo de espíritu cuando se le niega un pedazo de carne”. Con esas palabras Nietzsche describe perfectamente a Hitler. Hitler fracasó como artista (o sea, le fue negado un pedazo de carne), pero en vez de sublimar su resentimiento de forma casta, “mendigó un pedazo de espíritu”, disfrazando sus bajos instintos pasionales con la ideología que llegó a ser el nazismo.
Esto nos lleva al discurso: “De la guerra y el pueblo guerrero”. Alguien como Hitler podría leer este discurso e interpretarlo como una justificación del militarismo y fascismo alemán que Nietzsche vio en la unificación nacional de Alemania en 1871 y que Hitler mismo consolidó en los años 30 del siglo XX. Sin duda, Nietzsche habla de la guerra, pero una guerra del espíritu, de los pensamientos, de la guerra de uno contra sí mismo en el esfuerzo de la superación. En Platón, la república ideal se lleva a cabo mediante el filósofo rey apoyado por la clase guerrera. En Nietzsche, la renovación cultural tiene como finalidad la producción del superhombre, lo que en el discurso llama “los santos del conocimiento”. Si los discípulos que escuchan el discurso de Zaratustra no pueden alcanzar eso, que sean “al menos guerreros del mismo. Estos son los acompañantes y los precursores de tal santidad”. En la Alemania de su tiempo, Nietzsche veía muchos soldados, como hormigas o borregos que sólo perpetúan una carnicería a nivel bestial. “¡Muchos guerreros es lo que quisiera yo ver!” dice Zaratustra. En fin, el punto de este discurso es saber que la guerra es espiritual, no física.
Llegamos ahora a un discurso controvertido: “De las mujeres viejas y jóvenes”. Es controvertido porque termina con la frase: “¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!” Estimadas amigas, está claro que Nietzsche no es ningún feminista, pero no se enfaden todavía. Hay una interpretación muy personal que tiene que ver con la biografía de Nietzsche, y otra más filosófica. Veamos.
Zaratustra anda de noche en la ciudad, de manera furtiva, escondiendo algo bajo su manto. Un hombre se topa con él y le pregunta ¿qué onda Zaratustra, y qué escondes bajo tu manto? Dice Zaratustra que es un tesoro que le han regalado, una pequeña verdad que, como un niño revoltoso, gritará si no le tapa la boca. ¿Qué es esa verdad? Veremos al final. De momento, Zaratustra explica que unas horas antes había hablado con una viejita quien le pidió que le hablara sobre las mujeres. Entonces Zaratustra le dijo: “Todo en la mujer es un enigma, y todo en la mujer tiene una única solución: el embarazo. El hombre es para la mujer un medio: la finalidad es siempre el hijo. ¿Pero qué es la mujer para el hombre? Peligro y juego”. Sigue hablando del papel estereotípico de la mujer como un apoyo al hombre y sus proyectos. Ahora, sin duda hay diferencias entre los dos sexos. La mujer es la fuente de la vida, símbolo del origen, un origen que es a fin de cuentas un misterio, inexplicable. Es por eso que es un enigma. Pero el punto importante aquí es que hay que interpretar es distinción entre los sexos como las demás distinciones que hemos visto, como aspectos o componentes del uno y el mismo organismo: como la corona del árbol y sus raíces, la consciencia y el inconsciente, la serpiente y el águila. La mujer tiene su lado masculino y el hombre su lado femenino. Cada parte es igual de importante. Si lo masculino predomina, el organismo corre el peligro de que se vuelva abstracto y estéril; y si lo femenino predomina, corre el riesgo de hundirse en pura sensualidad. Como vimos en el discurso sobre la castidad, Nietzsche no está en contra del cuerpo o de lo sensual, al contrario, sólo que no predomine. Hay que sublimarlo en algo productivo. Por eso, si vas con la mujer, no olvidar el látigo. De nuevo, hay que ver los sexos biológicos como rasgos psicológicos del organismo.
Bueno, ésa es la interpretación filosófica, pero hay otra lectura más personal. Nietzsche se había enamorado de Lou Salomé, pero ella rechazó sus pretensiones. En 1882 tomó un viaje con ella y su amigo Paul Rée. Aquí hay una fotografía de los tres jugando. Nietzsche y Rée están al frente de una carreta y Salomé se agacha en la carreta con un látigo. Estaban divirtiéndose pero la escena revela una realidad psicológica para Nietzsche. Quien tiene el látigo es Salomé, la mujer. Entonces, volviendo al discurso, ¿a dónde va Zaratustra de escondidas en la noche? Con la mujer. Pero si no trae el látigo, ¿entonces qué esconde bajo su manto? Pues una erección. En este discurso, el sabio Zaratustra con pinta de superhombre se revela como un hombre común como los demás, un humano demasiado humano.
Bueno, con todo esto no quiero borrar o encubrir el machismo de Nietzsche, por qué sí es real. Si, a pesar de la interpretación filosófica sigues enfadado con Nietzsche, considera el discurso que se llama “De la picadura de la víbora”. Léelo con calma y compara la dolorosa picadura que la víbora le da a Zaratustra con las otras pasiones que hemos visto como la envidia, el resentimiento, el enfado al machismo de Nietzsche, etc. En el próximo vídeo veremos cómo este discurso encapsula la enseñanza general de esta primera parte del libro.

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11 Comments

  1. Sarah · 30/10/2016 Responder

    Como siempre… Muchas gracias…
    Desde Argentina, saludos
    Sarah

  2. Martha · 31/10/2016 Responder

    ¡Gracias querido Maestro!
    Es un gusto recibir tus enseñanzas

    Saludos

    Martha

  3. GONZALO DE URUGUAY · 31/10/2016 Responder

    HOLA DARIN, NO TENGO MAS QUE DECIR QUE NIETZCHE Y EN PARTICULAR SU ZARATUSTRA ES UNA VERDADARA MINA DE ORO, LO LEES UNA VEZ Y OTRA Y OTRA Y SIEMPRE SACAS UNA NUEVA PERLA, NO ASI ES PARA MI HEIDEGER LO ENCUENTRO TA ABSTRACTO RETORCIDO Y OBSCURO QUE A VECES DUDO QUE QUICIERA REALMENTE TRANSMITIRNOS ALGO “VALEDERO” EN FIN MIS DISCULPAS PARA LOS ADMIRADORES DE HEIDEGEER, TAL VEZ AL NO GUSTARME SU ESTILO NO LO LOGRO ENTENDER EN SU VERDADERA ESENCIA GRACIAS Y UN GRAN SALUDO PARA TI Y LOS SEGUIDORES DE LA FONDA.

    • Darin · 01/11/2016 Responder

      Hola Gonzalo. Sin duda es más divertido e interesante leer a Nietzsche que a Heidegger. La prosa de Heidegger es tortuosa (Nietzsche criticaba a sus compatriotas por ello). Sin embargo hay oro también en la mina de Heidegger. Estamos por llegar a ello!

  4. Paulo Gualotuña · 01/11/2016 Responder

    Está claro que el proyecto de la fonda con sus vídeos nos ha llevado a un camino trazado por usted, querido maestro. Estoy fascinado por la publicación paralela de vídeos de Nietze y Heidegger.
    Su sentido del humor es muy sutil y he sentido que ha sufrido mucho con la expresión de Nietze sobre las mujeres, maestro ni en los temas más difíciles que ha subido a la fonda le ha costado tanto una explicación 😬

    Muchas gracias por su trabajo Maestro!

    • Darin · 01/11/2016 Responder

      Jaja, pues sabía que la explicación que daba de ese discurso no iba a ser muy convincente para mucha gente. En fin . . .

  5. maximiliano · 01/11/2016 Responder

    Me asombra su reiterado insistir con el asunto de la homosexualidad…. y de manera “objetiva” citando a Darwin o Nietzsche. Seria interesante que se comprometa y de su opinión como lo hace en otros temas muy bien, seguro que seria enriquecedor. Creo que hoy por hoy la filosofia no puede tratar estos temas tan a la ligera, y como dice el filosofo M. Bunge, los temas que en un momento los cuestionaba solo la filosofia, hoy la ciencia puede dar respuestas científicas, como es el caso de la sexualidad; por ejemplo la homosexualidad y la sociologia, la homosexualidad como un tema de Estado y derecho. Creo que el sodomita es un relapso, el homosexual también, actualmente hay una mayor diversidad sexual.
    saludos profe.

    • Darin · 01/11/2016 Responder

      Lo siento si te incomoda el tema, no es para escandalizar, lo uso sólo si puede ilustrar o explicar bien un tema.

  6. Paula Gonçalves · 12/12/2016 Responder

    Gracias por compartir!

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