Así habló Zaratustra, pt. 7/12

Seguimos en la parte 2. Hoy tratamos la venganza, la sabiduría y nuevamente la voluntad de poder.

Guión

 En la segunda parte del libro, Zaratustra vuelve a sus discípulos tras varios años de ausencia y, como empezamos a ver en el último vídeo, trata de corregir la distorsión de su enseñanza. En los primeros discursos, su blanco son ideales como la compasión y la igualdad y el tipo de hombre y cultura que estos generan. Ya vimos lo de la compasión. Ahora pasemos al séptimo discurso, De las tarántulas, que trata de la igualdad.
Muchos países y organismos como la ONU consagran la noción de la igualdad en sus constituciones y declaraciones. “Todos los hombres son creados iguales” rezan. Sin embargo, Zaratustra dice: “Con estos predicadores de la igualdad no quiero ser yo mezclado ni confundido. Pues a mi la justicia dice así: ‘los hombres no son iguales’. ¡Y tampoco deben llegar a serlo!”. Por mucho que Nietzsche batallaba con Platón, al menos los dos están de acuerdo en esto. Como cuestión fáctica, los hombres son desiguales tanto en lo físico como en lo espiritual. Sin embargo, los predicadores de la igualdad dirían que no les interesa que haya igualdad en cuanto a aptitudes como la valentía o la inteligencia, sino en lo referente a derechos políticos. Verás que en el texto Nietzsche no debate esta cuestión, sino el motivo que lleva a estos predicadores a plantearlo, a saber, la venganza. Los compara con tarántulas que salen de repente de su hoyo para picar y envenenar a los que pasan. Dirigiéndose a la tarántula dice Zaratustra: “¡Con la venganza tu veneno produce vértigos al alma! Así os hablo en parábola a vosotros los que causáis vértigo a las almas, ¡vosotros los predicadores de la igualdad! Tarántulas sois vosotros para mí, y vengativos escondidos!”
En La genealogía de la moral, Nietzsche habla con mucho detalle de cómo los débiles con moralidad de esclavo se vengan de los fuertes al establecer el binomio “el bien y el mal”. De hecho, todo binomio metafísico de la tradición occidental que oponga a algo en este mundo otra cosa en un mundo trascendente, es motivado por la venganza. Lo que pasa es que la voluntad creativa del hombre no es infinita en su alcance, sino que se encuentra limitada, limitada por el pasado inalterable, por la finitud y más que nada por el propio paso del tiempo que uno no controla. Ante el sufrimiento que este flujo heraclíteo causa, el hombre ha levantado la cabeza de Medusa tratando de congelarlo y desde un mundo trascendente controlarlo. Recuerda que el superhombre se planteó desde un inicio como el espíritu de la Tierra, de esta Tierra, por lo que tenemos la necesidad del ocaso de todo binomio o doctrina trasmundano, e incluso más que eso la superación del motivo que lleva a tales planteamientos: la venganza. Dice Zaratustra: “Pues que el hombre sea redimido de la venganza: ése es para mí el puente hacia la suprema esperanza y un arco iris después de prolongadas tempestades”. Como veremos, su doctrina del eterno retorno será su intento de hacer ese puente, de superar lo que llama el espíritu de la gravedad.
Volviendo al texto, Zaratustra termina el discurso diciendo que la tarántula le ha picado el dedo por lo que, con la venganza, producirá vértigo en su alma. ¿Te acuerdas cuando la víbora le picó el cuello y Zaratustra le dijo que no era lo suficientemente fuerte como para regalarle su veneno? Aquí con la tarántula vemos que Zaratustra no es todopoderoso. Dice: “Mas para que yo no sufra vértigo, amigos míos, ¡atadme fuertemente aquí a esta columna! ¡Prefiero ser un santo estilita que remolino de la venganza!” Obviamente, hace referencia a Homero y las sirenas en la Odisea aunque, curiosamente, Homero fue atado a la columna antes de oír el canto de las sirenas mientras que Zaratustra es atado después de que le pique la tarántula.
Cuando Heidegger dice que Nietzsche es el último gran metafísico, el punto de su crítica cae justamente sobre esta cuestión de la venganza. Él estima que a fin de cuentas Nietzsche no lo supera, que sus doctrinas de la voluntad de poder y del eterno retorno brotan de cierto espíritu de venganza. Aquí no vamos a resolver este asunto, sino hasta haber visto su noción del eterno retorno en la tercera parte.
Bueno, el siguiente discurso, De los sabios famosos, inicia una serie de discursos sobre la sabiduría. Zaratustra abandona el tono declamatorio que ha utilizado hasta ahora en el libro, sea con los del pueblo o con sus propios discípulos, y empieza una reflexión interior consigo mismo con respecto a lo que llama su sabiduría salvaje. Primero, en este discurso distingue su sabiduría de la de los sabios famosos, los que se arropan de la piel del león sin realmente serlo, aquellos a los que el fama y el dinero es más llamativo que la verdad. Hoy en día, van desde los gurús de autoayuda hasta los “expertos” que aparecen en las noticias y los talk shows e incluso los académicos cuya ideología recibe financiamiento de corporaciones y gobiernos. Son famosos, pero su “sabiduría” dista mucho de la que hace falta ante la amenaza del último hombre. Para Zaratustra, son servidores del pueblo, asnos bien alimentados que jalan el carro del pueblo. A diferencia de esta sabiduría domesticada, Zaratustra llama la suya salvaje. Está claro, como vemos al termino del discurso, que ellos no pueden marchar junto con él.
Los próximos tres discursos no son propiamente discursos, sino canciones. La primera, La canción de la noche, es realmente una lamentación; expresa la soledad y la carga que siente Zaratustra. Zaratustra es como el sol que regala su luz pero quisiera ser como la noche que la recibe. De hecho, su deseo se va a cumplir porque le quedan cosas por aprender, luz por recibir, por ejemplo, cómo ser un buen amante, tema del siguiente discurso: La canción del baile.
Éste es un discurso bastante complejo, compuesto de tres escenas. En la primera, Zaratustra, acompañado de sus discípulos, anda en un bosque cuando se topa con varias muchachas bailando en un prado verde. Ellas reconocen a Zaratustra y paran el baile, sin embargo les suplica que sigan bailando y que les acompañe su dios favorito Cupido. Si te acuerdas del discurso en la primera parte donde Zaratustra habla de la mujer, pues ahí iba en camino a ella. Aquí en este discurso ya ha llegado y el acto se lleva a cabo. En casi cualquier película de Hollywood, una escena de sexo sirve para excitar al público. Aquí en el texto de Nietzsche el sexo es alegórico, sirve para connotar una relación íntima y hasta dionisiaca con la vida, que es el tema de la segunda parte del discurso. ¿Tú conoces alguna obra filosófica de la tradición que haya tratado la consumación sexual en el orgasmo? Está El banquete de Platón pero el eros ahí es muy elevado y dirigido a las Ideas. No, el orgasmo queda fuera de consideración porque en el sexo lo que rige no es la razón, sino lo corporal y lo sensual. Pero eso es justo lo que Nietzsche quiere evocar aquí. En la consumación sexual esa pequeña razón se pierde y uno se siente íntimamente conectado, de hecho unido, con la vida.
Bueno, la segunda parte de la canción comienza con un diálogo entre Zaratustra y la Vida, que es personificada como una mujer. Dice Zaratustra: “En tus ojos he mirado hace poco, ¡oh vida! Y en lo insondable me pareció hundirme. Pero tú me sacaste fuera con un anzuelo de oro; burlonamente te reíste cuando te llamé insondable”. La vida responde: “Ese es el lenguaje de todos los peces; lo que ellos no pueden sondar, es insondable”. Cuando están en su medio, los peces no se hunden, sino que nadan. Los peces no piensan en el agua, sino que simplemente lo habitan. Al hundirse, es obvio que Zaratustra no está en su medio; hay algún conflicto entre él y la Vida, un conflicto que estriba, como veremos, en que su sabiduría se interpone entre los dos. La Vida le dice que rebasa por completo las categorías y virtudes que los hombres quieren imponerle; ella, dice, es mudable y salvaje, y por tanto indomable por esa pequeña razón que hace que se hundan en las profundidades de su mirada.
Zaratustra luego pasa a hablar a solas con su sabiduría salvaje que, también personificada como una mujer le dice encolerizada: “Tú quieres, tú deseas, tú amas, ¡sólo por eso alabas tú la vida!” Zaratustra ama a dos mujeres y aparentemente una de ellas está celosa. ¿Se trata de escoger entre ellas? Creo que convendría ver el dilema aquí en términos de las dos categorías de El nacimiento de la tragedia: lo dionisiaco y lo apolíneo. La Vida es lo dionisiaco, es la totalidad que en el contexto del pensamiento maduro de Nietzsche es la voluntad de poder. Ella no puede ser reducida o sometida a alguna estructura; ninguna ley la puede captar o regular. La sabiduría de Zaratustra es como lo apolíneo en tanto que sea no la Vida misma en su totalidad sino una comprensión de ella. La sabiduría filosófica de la tradición ha sido un mal amante de la Vida porque ha intentado canalizar el flujo de su devenir en moldes del ser. Como sabemos, en el texto del Nacimiento, Nietzsche une lo dionisiaco y lo apolíneo en el fenómeno de lo trágico. En el texto de nuestro discurso, la Vida le pide que describa su sabiduría, y al describir su carácter salvaje la Vida se ríe y dice: “¿De quién estás hablando? Sin duda de mí”. La Vida en efecto le enseña la identidad de la Vida y la sabiduría. ¿Alguna vez has ido a un evento y ves a gente grabándolo con su cel o tablet, viendo la pantalla en vez de experimentar el evento mismo? Claro, hoy en día es de lo más común. La pantalla es como nuestra consciencia que se interpone entre nosotros y la vida. En vez de experimentarla, hacemos una pequeña representación o teoría de ella que termina falsificándola. Fíjate que huelo aquí una tesis de licenciatura o maestría. La lección de este discurso parece tener mucho en común con las ideas del Budismo Zen que trata de cortar esta separación para procurar que uno viva plenamente en el presente momento. ¡A ver quién se apunta para llevarlo a cabo!
Bueno, llega el atardecer, las muchachas se van y Zaratustra se siente triste que todo se haya acabado. Pero así son los ritmos de la vida; para que el día se renueve tiene que llegar la noche. En la última canción, sobre los sepulcros, lamenta que los sueños que ha tenido no se han hecho realidad. Pero aún no están sepultados. Su voluntad es fuerte y llegará un nuevo día.
En Más allá del bien y del mal, Nietzsche distingue entre dos tipos de filósofos: los que son meramente obreros y los que son legisladores. Si vemos un sistema filosófico como un edificio, los obreros son los que van rematando sus detalles, colocando un ladrillo aquí y allá, pintando, etc. El legislador es quien diseña el edificio en primer lugar, el arquitecto. La gran mayoría de los filósofos académicos hoy en día no son más que obreros, algunos de los cuales se destacan y llegan a ser los sabios famosos. Como vimos, Zaratustra no se identifica con estos, sino con los legisladores, los más sabios. A ellos se dirige en el próximo discurso: De la superación de sí mismo.
Los grandes sabios de la tradición han entendido su quehacer como una búsqueda por la verdad. Esta voluntad de verdad, les dice Zaratustra, es en realidad una voluntad de poder. En el discurso sobre los despreciadores del cuerpo, que vimos en en la primera parte, lo que Zaratustra dice anticipa de forma muy clara la voluntad de poder y por eso lo tratamos un poco ahí, pero no es hasta estas alturas del libro que lo trata de frente. Lo que le permite hacerlo es precisamente su diálogo con la Vida que acabamos de ver. Lo que vimos es que el mundo, la Vida, es mudable y salvaje; su ser es devenir o, en las palabras de Zaratustra, voluntad de poder.
Esta ontología del devenir plantea que no hay nada que es en sí mismo lo que es, sino que todo es producto o resultado de una relación de fuerzas que tratan de dominar la una sobre la otra. El átomo por ejemplo es producto de las relaciones energéticas de electrones, protones y neutrones, una dinámica que se repite a niveles superiores como el molecular, el físico, el biológico, el psicológico, y el sociocultural, etc. Las cosas que hay en la ontología nietzscheana se distinguen no por ser diferentes tipos o clases de cosas, sino por el grado de poder que manifiestan. Tomemos como ejemplo mi perro y mi computadora. Aristóteles diría que son diferentes clases de cosas. Para Nietzsche, los dos son productos de la constelación de fuerzas de poder que los constituyen, por lo que la diferencia entre los dos consiste en el grado de poder que descargan con respecto a otras cosas. Nietzsche dice que todo trata de aumentar su poder relativo. En este caso, la forma en que el perro descarga su poder es lo suficientemente distinto de cómo lo hace la computador que ningún conflicto o lucha de poder surge entre los dos. El uno es inútil para el otro en este sentido. Pero la constelación de poder que soy yo es más compleja y potente que la de ellos. Yo los puedo utilizar para aumentar mi poder (la computador para editar este vídeo y el perro para guardar la casa).
Entonces, dado que lo que algo es es una función de sus relaciones con otras constelaciones de poder y que estas relaciones están constantemente cambiando, no tiene sentido preguntar qué es algo en sí mismo, sino preguntar qué es para mí. Esto, en pocas palabras, es el punto de partida de su perspectivismo y es la razón por la que dice que no hay hechos sino sólo interpretaciones.
Con todo esto podemos leer con más provecho el discurso sobre la superación de sí mismo. Dice Zaratustra: “Queréis hacer pensable todo lo que existe […] ¡debe amoldarse y plegarse a vosotros! Así lo quiere vuestra voluntad. Debe volverse liso, y someterse al espíritu, como su espejo y su imagen reflejada”. El ser es un río de devenir. Dado que no cuenta con alguna esencia o estructura formal es en todo momento una evaluación, una interpretación. Hace poco, describíamos los legisladores como los que erigen un edificio. Cambiando la metáfora al del río, son los que echan una barca a flotar sobre el río. Dice Zaratustra: “Vuestra voluntad y vuestros valores los habéis colocado sobre el río del devenir: lo que es creído por el pueblo como bueno y como malvado me revela a mí una vieja voluntad de poder”. Sin embargo, esta embarcación de valores no es simplemente la verdad, pues ya vimos que la voluntad de verdad no es más que la voluntad de poder. A lo que voy es que esa embarcación no es eterna sino efímera; puede existir, es decir ejercer poder, sólo al resistir otro poder. En la historia de la filosofía esto quiere decir que Kant es posible sólo en relación con Hume, y Hegel en relación con Kant, y Nietzsche con Hegel, etc. Las ideas de cada uno, es decir, las barcas que han echado a flotar sobre el río del devenir, no han permanecido estáticas, sino que se han transformado y a veces desaparecido al relacionarse con otras ideas a veces más poderosas. Como dice Zaratustra: “No es el río vuestro peligro […] sino aquella voluntad misma, la voluntad de poder, – la inexhausta y fecunda voluntad de la vida”. Como nos indica el título de este discurso, la propia dinámica de la voluntad de poder implica una constante superación. La Vida le confió un secreto a Zaratustra: “Mira, me dijo, yo soy lo que tiene que superarse siempre a sí mismo […] sea cual sea lo que yo crea, y el modo como lo ame, – pronto tengo que ser adversario de ello y de mi amor: así lo quiere mi voluntad”.
A veces digo a mis alumnos “Imagínense que algún día todos los filósofos del mundo llegaran a estar de acuerdo con alguna explicación filosófica de la realidad. ¿Diríamos ‘Ah que bien, pues eso ya está resuelto, ahora podemos dejar de hacer filosofía e ir a casa a hacer otra cosa’?” Suena bastante extraño eso ¿no? Quizá Nietzsche aquí nos explica por qué.

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14 Comments

  1. maria · 01/01/2017 Responder

    feliz año, gracias por la capacidad de compartir el conocimiento de manera universal. que la fuerza poderosa de lo increíble le genere mas despertares. nuestra admiración desde mis alumnos.

  2. Alex · 02/01/2017 Responder

    Un saludo desde El Salvador.

    Muy agradecido por su dedicación a la docencia y tenga por seguro que, sus palabras y enseñanzas no caen en sacos rotos.

    Hasta la próxima.

  3. emilio · 02/01/2017 Responder

    Hay sorpresas buenas en el devenir de cada quien y agradezco mucho empezar el año con este pt. Saludos Darien.

  4. Octavio Carranza Bucio · 03/01/2017 Responder

    Darin,saludos.
    No es a Homero a quién encantan las sirenas, sino a Ulises.
    Saludos

  5. David · 05/01/2017 Responder

    Darin, como siempre un placer ver tus vídeos. Es particularmente agradable la profundidad y la dinámica de los mismos. Son claros y concisos, perfectos para aprender. Desearte un feliz comienzo de año, y todo el apoyo posible para que continúes con tu labor docente en la web.

    saludos

  6. Simon Andres Idrobo · 12/01/2017 Responder

    Estimado Darin le deseo a usted y a su familia un prospero año nuevo, admiro su proyecto de socializacion y masificacion del saber filosofico tan importante para comprender como diria metaforicamente zygmunt bauman esta Modernidad Liquida. Un abrazo desde Colombia.

  7. GERSON · 21/01/2017 Responder

    Hola Darin, gracias por compartir tanto conocimientos con nosotros, excelente exposición.

  8. Cristian · 02/02/2017 Responder

    Hola Darin,

    me gusta mucho el proyecto de la fonda filosófica, creo que es de mucha utilidad.
    en cuanto a esta parte, hay algo que me causa un poco de inquietud, que es el
    tema de cupido, según recordaba, cupido era el dios romano que le gustaba
    hacer “travesuras” con amores imposibles como Caligula y su caballo, o cosas como esa,
    y el dios griego en cambio eros era el dios del amor. Por tanto mi pregunta estaría orientada
    a la implicación de zaratustra a mencionar a cupido y no Eros, habrá algo implicito en eleccion, será
    que se puede pensar que es una manera velada de decir que la vida se burlaria de él?

    disculpa si la pregunta no es tan buena, realmente soy una persona con una profesión en las
    áreas tecnológicas al que le gusta la filosofía pero su formación filosófica ha sido mas bien autónoma .

    nuevamente gran proyecto.

    • Darin · 02/02/2017 Responder

      Hola Cristian. Tu pregunta es interesante. Puede haber una razón por la que usó la versión romana y no griega, pero no me la sé!

  9. Ideals · 17/07/2017 Responder

    Me gusta mucho ese libro, aunque lo te tenido que leer varias veces para empezar a llegar al fondo de sus pensamientos.
    . De paso, si quieres aprender más sobre la seguridad de los documentos confidenciales, puedes pasar por mi página

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