Heidegger: El ser y el tiempo, pt. 11

Continuamos con el análisis de la muerte. Hoy vemos cómo Heidegger distingue entre una relación propia con la muerte, como posibilidad, y una relación impropia, como una actualidad, característico de la vida cotidiana del das Man.

Guión

 Hoy me topé con un colega de la universidad que no había visto en mucho tiempo. En la conversación me dijo que la próxima semana cumplía 80 años de edad, y me quedé pensando que probablemente no le queda mucho tiempo más y que ha de estar pensando en su muerte. Yo a mis 50 años empiezo a pensarlo más; pues estoy más cerca del fin que el inicio. Y luego pensé NO, eso es precisamente cómo hay que no pensar en la muerte, al menos según Heidegger. En el último vídeo hablamos mucho de la noción de la muerte como fin y que el fin del Dasein no es cómo el fin de otros entes en el mundo. Como dice Heidegger: “El terminar a que se refiere la muerte no significa un haber‐llegado‐a‐fin del Dasein, sino a un estar vuelto hacia el fin”. Tenga uno 50, 80 ó 20 años de edad, “Apenas un hombre viene a la vida, ya es bastante viejo para morir”. Mi amigo de 80 años está más cerca a la muerte que yo, a la muerte entendida como un acontecimiento que sucede a todos en algún momento determinado, es decir, a la muerte como una actualidad. Pero los dos estamos en la misma situación ante la muerte entendida como una posibilidad. La muerte como posibilidad es lo que le interesa a Heidegger en tanto fenomenólogo y es lo que expresa con la frase “estar vuelto hacia el fin”. La muerte, en sentido fenomenológico, no es lo que me sucede al final de mi vida, sino que es aquello al que estoy dirigido o vuelto en todo momento de mi vida.
Sabemos que la fenomenología describe cosas. Aquí lo que se describe no es estar muerto o el proceso de morir, sino cómo el Dasein se comporta a la posibilidad de su ya no ser. Entonces, cuando Heidegger habla de la muerte, no habla de ella como un biólogo o antropólogo. Este tipo de estudio es perfectamente válido para Heidegger, sólo que su objeto de estudio es óntico, no ontológico. Un botánico te puede decir cómo una planta fenece, y un médico cómo un ser humano deja de vivir, pero la muerte del Dasein es otro asunto. Ésa es una cuestión ontológica que trata de “la manera de ser en la que el Dasein está vuelto hacia su muerte”. Es decir, no es una cuestión empírica, sino existencial.
En la sección 50, Heidegger empieza a analizar la estructura existencial de la muerte. Siguiendo la interpretación de la muerte como una posibilidad y no una actualidad, Heidegger agrega que la muerte es algo inminente, es decir, algo que está delante del Dasein. En este sentido, pareciera ser entonces como otras posibilidades que están delante, por ejemplo, una tormenta, la remodelación de una casa, la llegada de un amigo. Sin embargo, no son lo mismo. La tormenta o el amigo pueden llegar, pueden actualizarse, y así el Dasein puede relacionarse con ellos al refugiarse o al conversar. Pero la única forma en que puede relacionarse con su muerte es como una posibilidad, ya que si se actualizara ya no habría un Dasein. Como dice Heidegger: “La muerte es la posibilidad de la radical imposibilidad de existir”. Además, una tormenta o la llegada de un amigo no es una posibilidad inminente en todo momento de la vida, mientras que la muerte sí. No hay momento en el que la muerte del Dasein no sea posible, ningún momento de su existencia que no puede posiblemente ser el último. Entonces, la posibilidad de la muerte se distingue de todas las demás posibilidades al ser aquella que condiciona cualquier otra posibilidad; es la posibilidad de toda posibilidad por así decirlo.
Dado todo esto, Heidegger dice que “La muerte se revela así como la posibilidad más propia, irrespectiva e insuperable”. Más propia porque nadie más puede enfrentarse a tu propia muerte; tienes que hacerlo tú. Por esta razón es también irrespectiva en el sentido de ser un fenómeno no-relacional. La muerte no es un trabajo de equipo, sino que cae sobre los hombros de un solo individuo, un Dasein en particular. Y es una posibilidad insuperable o inevitable ya que es la condición de toda otra posibilidad. El Dasein puede superar la no-llegada de un amigo, pero no su propia muerte.
Ahora, recordemos que la mayor parte de la primera división tenía que ver con cómo el Dasein esta-en-el-mundo. Vimos que está en el mundo como aperturidad, lo cual consta de tres elementos: (1) la proyección de posibilidades, que corresponde al existenciario de la Comprensión y que constituye el aspecto existencial del ser del Dasein; (2) su condición de arrojado, que corresponde al existenciario de la Disposición afectiva y que constituye el aspecto fáctico del ser del Dasein; y (3) el vivir de forma impropia en el anonimato público, que corresponde al existenciario del das Man y que constituye el aspecto caído del ser del Dasein. Son estos tres elementos los que constituyen la estructura general del cuidado, que Heidegger define como: anticiparse‐a‐sí (es decir, proyectar posibilidades) estando‐ya‐en el mundo (es decir, arrojado fácticamente) en‐medio del ente que comparece dentro del mundo (es decir, caído en el das Man). Al comienzo de la sección 50, Heidegger dice que tenemos que entender la muerte en términos de estos tres elementos, y ya los hemos hecho con respecto al primero de proyectar posibilidades. La posibilidad de la muerte es una de las posibilidades en las que el Dasein existe, anticipado de sí mismo. Lo curioso es que la posibilidad de la muerte es la única posibilidad que el Dasein no elige, que no proyecta.
Y esto nos lleva al segundo elemento: la condición de arrojado y la disposición afectiva. Dice Heidegger: “La condición de arrojado en la muerte se le hace patente en la forma más originaria y penetrante en la disposición afectiva de la angustia”. Recuerda que el Dasein no se relaciona con el mundo de forma principalmente cognitiva, sino afectiva, a través de temples de ánimo. Los temples de ánimo, como el miedo por ejemplo, siempre son relacionados con un objeto, pero la angustia no. Su objeto no es ningún ente dentro del mundo, sino el estar-en-el-mundo como tal, un mundo cuyas posibilidades de existencia son condicionadas por la indefinida y omnipresente posibilidad de la muerte. A diferencia de las demás posibilidades que el Dasein puede proyectar, como estudiar un posgrado o hacer un amigo, la muerte nunca se realiza o actualiza en la vida, sino que emana, por así decirlo, como una sombra de trasfondo ante la cual las demás posibilidades se resaltan y se configuran. Los diversos temples de ánimo son como un timón con el que nos guiamos entre las posibilidades de la vida, pero la angustia es aquél que revela la posibilidad de la muerte y por tanto de mi vida en su totalidad. Al enfrentarse a la posibilidad de la muerte, al estar vuelto hacia el fin, como dice Heidegger, uno está al mismo tiempo y gracias a ello vuelto hacia la vida. Esto es lo que Heidegger quiere decir en la sección 48 cuando dice que “La muerte es una manera de ser”. La experiencia de la angustia resalta el carácter propio e insuperable no sólo de la muerte sino de la vida misma, resalta el hecho de que el único responsable de la vida de uno es el mismo Dasein y no un otro anónimo. La mortalidad del Dasein pone de manifiesto la contingencia y finitud de su ser, el hecho de que todo pudo haber sido de otra forma y que por tanto los contornos de la vida de uno no vienen ya hechas, sino que tienen que ser escogidas de manera propia.
Lo que hemos descrito aquí es una manera auténtica de ser hacia la muerte. Sin embargo, la existencia cotidiana del Dasein no es así debido al último elemento constitutivo de su ser, la caída. En su vida cotidiana, el Dasein interpreta el mundo, e incluso la muerte, en términos de la habladuría del das Man. En la sección 51, Heidegger analiza cómo la muerte se interpreta en este contexto y el efecto que tiene.
Todos los días en las noticias nos enteramos de gente que ha muerto, o bien por el narco aquí en Veracruz o por la hambruna en Somalia, ni hablar de los millones que mueren cada año por causas naturales. “Desconocidos ‘mueren’ diariamente y a todas horas” dice Heidegger, por lo que la muerte comparece como un evento habitual dentro del mundo. Dada su ubicuidad, el das Man la interpreta al decir: “Uno también se muere en algún momento; pero, por lo pronto, uno se mantiene a salvo”. Tú no te mueres, sino que uno se muere. Este “uno” anónimo permite que todos se refugien en la ilusión de que la muerte llega a uno mas no a mí o a ti.
La angustia revela la existencia como frágil y efímero debido a la constante posibilidad de que el Dasein se muera en cualquier momento. El das Man oculta eso al convertir la posibilidad en una actualidad desplazada en el futuro, y así el Dasein ve la muerte como un acontecimiento que ocurre al final de la vida en vez de algo constantemente inminente. Esta evasión de la muerte es patente en lo que decimos a los que padecen una enfermedad terminal. Los tranquilizamos al decir que no se preocupen, que pronto estarán de vuelta en la vida normal. Con estas palabras pretendemos consolarlos, pero realmente estamos tratando de consolar a nosotros mismos. Dado que en las manos del das Man la muerte pasa de ser una posibilidad a ser un acontecimiento que sucede en el futuro, la inquietante sensación de la angustia se transforma en un afecto más manejable, el del miedo. El miedo a la muerte se manifiesta en la mayoría al llevar dietas especiales, hacer ejercicio, tomar pastillas, etc., y en algunos más sofisticados, digamos, el das Man le da un giro más filosófico al decir que lo más sensato es cultivar una indiferencia a la muerte al estilo de Epicuro para que uno viva de forma serena y tranquila. Tradiciones como el budismo y la filosofía helenística han aconsejado semejante postura ante la muerte, la cual suena muy digno, pero aun así, para Heidegger constituye una evasión y un encubrimiento de la realidad del Dasein.
Si Heidegger rechaza la interpretación das Man de la muerte, es decir, como objeto de miedo o indiferencia, esto no quiere decir que plantee que el Dasein vaya al otro extremo a fijarse de forma morbosa en la muerte, tal como hace el protagonista de Las penas del joven Werther de Goethe. Obviamente, uno puede suicidarse, como el joven Werther, pero dado que la muerte es la posibilidad de la imposibilidad del Dasein, cuando Heidegger habla de la muerte no habla de ella como una posibilidad que hay que actualizar. Si fuera así, el suicidio sería la decisión más auténtica que uno podría tomar. Más bien, se trata de mantenerse en su permanente posibilidad, ya que de esta forma los contornos de la vida se iluminan como posibilidades para escogerse. En la vida cotidiana, el das Man le quita a uno la carga, la responsabilidad, de tomar estas decisiones. La angustia ante la muerte nos restaura la responsabilidad. A fin de cuentas, como veremos más adelante, la angustia posibilita la libertad. ¿Pero si estoy totalmente perdido en el anonimato del das Man, cómo podría llegar alguna vez a tomar una decisión propia? La respuesta de Heidegger es el llamado de la consciencia, tema del segundo capítulo que veremos en el siguiente vídeo.

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16 Comments

  1. Jose Otoniel · 29/03/2017 Responder

    Maestro. Le admiro. Le sigo.
    Me parece muy productivo. Tiene un cuerpo de deseos muy organizado y proyectado.
    Gracias, gracias.

  2. Alberto Quiroga G. · 30/03/2017 Responder

    Darin,
    Cada vez que veo un nuevo vídeo suyo sobre “el ser y el tiempo”de Martin Heiddeger, me sorprende y me maravilla la lectura (interpretación) que hace de este autor. Excelente este capítulo sobre la Muerte.

    Reciba mi gratitud, aprecio y valoración por su proyecto gratuito y desinteresado de La Fonda Filosófica.

    Quedo expectante del próximo Capítulo Nº 12 sobre la Conciencia; deseando que sea prontamente.

    Con afecto,

    Alberto

  3. Maite · 30/03/2017 Responder

    Gratitud. Supongo que esa es la palabra. Gracias por compartir tus conocimientos, por saber expresarlos con esa maestría, por contagiar tu pasión por la filosofía, por acercar ésta, que sin duda es la actividad mas esencialmente humana, a todos los que aun creemos que sin ella… no quiero ni imaginar que sería sin ella… Gracia, Maestro, Filósofo, seguiré atenta a tus vídeos, seguiré intentando aprender de ti.

  4. Graciela Santos · 30/03/2017 Responder

    Impresionante como siempre. Muchas gracias Darin por tu generosidad.

  5. Graciela Santos · 30/03/2017 Responder

    Que luxo temer um maestro como tu, Gracias Darin

  6. Ana Basave · 30/03/2017 Responder

    ¡Excelente, Darin! ¿En dónde está el siguiente video?

  7. Rafael Alejandro Andrade Donoso · 03/04/2017 Responder

    Estimado Darin

    Soy chileno y durante el verano tuve la oportunidad de viajar a Buenos Aires. Allí, logre adquirir un libro acerca de Cornelius Castoriadis (Fragmentos del Caos) en el cual usted dedica un artículo y abre la posibilidad de un encuentro entre este y Charles Sanders Pierce. El artículo me pareció excelente y revisando la página me pude dar cuenta que a este último le ha dedicado algunos videos. Me gustaría solicitarle su interpretación sobre la obra principal de Castoriadis “La institución imaginaria de la sociedad”. Sé que a lo mejor este análisis no se corresponde con sus intereses más inmediatos pero, de acuerdo a lo que aprecié en el artículo, tampoco su pensamiento le es ajeno. Espero que algunos de sus videos sean dedicados a su trabajo. Le agradezco por su labor, esta página es un verdadero puente hacia la filosofía. Le envío un gran abrazo desde Santiago de Chile.

    • Darin · 03/04/2017 Responder

      Hola Rafael. Castoriadis es un pensador muy interesante. No tenía pensado hacer algo próximamente, pero lo tendré muy en cuenta. Un abrazo desde México!

  8. Athanasius Kircher · 15/04/2017 Responder

    La libertad posibilita la angustia. El ‘uno’ es in-consciente; el Particular es consciente. Pero, precisamente, mi sub-jeción, de suyo, Individual es, paradójicamente, lo que me hace libre de verdad y me aleja del temor a la muerte y, por ende, de la angustia posibilitada.

  9. Rafael Ruiz · 21/04/2017 Responder

    Hola Darín. Soy Ingeniero en Sistemas, recibido hace 14 años. Estoy muy decidido a estudiar ahora lo que realmente me gusta, Licenciatura en Filosofía. El problema es que en mi ciudad no se dicta dicha carrera universitaria. Usted conoce algún sitio donde se pueda realizar a distancia? tal vez viajar para dar exámenes finales. En lo posible dentro de Argentina. Muchas gracias.

    • Darin · 21/04/2017 Responder

      Hola Rafael. Obviamente hay cursos en línea, algunos que pueden acreditarse, pero aún no he visto toda una carrera a distancia. Si no te importa el título, hay mucho que se puede aprender en línea.

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