El cambio del engranaje del mundo

Al principio constelaciones estelares y textuales, en medio Simone Weil y su concepto de atención, al final un poco de Adorno y el relajo. Un vídeo raro pues.

Donativos con tarjeta de crédito: https://ko-fi.com/lafondafilosofica
Donativos depósito bancario: Banorte; CLABE 072840008940049751; Darin Michael McNabb

Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.

Música de la outro: ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S. https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw

Guión

Como mucha gente, me gusta en la noche contemplar las estrellas en la bóveda celeste. Y también como mucha gente vivo en una zona urbana que aun en la madrugada arroja suficiente iluminación como para opacar la mayoría de la estrellas. Tendría que viajar lejos de aquí para que viera sólo la luz de las estrellas, de las infinitas estrellas. En su defecto hago una cosa curiosa. Busco una imagen de alta resolución de una constelación. Lo pongo en una pantalla grande, me siento cerca de la pantalla para que la imagen abarque mi campo visual, apago las luces y pongo tapones en los oídos. Lo que trato de lograr en esta experiencia es que todo rastro de lo humano pase a un segundo plano, que se desvanezca en la medida posible. Es difícil que la conciencia se suelte. Es como en la noche en la cama y no logras conciliar el sueño y estás consciente de ello y tratas conscientemente de dormir. Pues no, la conciencia misma es el problema; tiene que apagarse, cosa que no puede hacerse conscientemente. En fin, tarde o temprano, te duermes, y a veces sentado frente a la pantalla con la luz apagada, mi conciencia también se apaga, y lo que queda es puro objeto, las luces estelares articulando la forma de la constelación, su inmensidad, su silencio, su bruta y pura existencia, ajena y muy lejana de las guerras y las idioteces humanas. Wittgenstein evoca esta experiencia cuando, al final del Tractatus, dice: “No cómo sea el mundo es lo místico sino que sea”.
Les comento todo esto porque me doy cuenta que busco algo similar en la lectura de textos filosóficos, especialmente textos como Proceso y realidad de Alfred North Whitehead. Como saben, estoy haciendo ahora una serie sobre el libro, y la verdad es bastante difícil. Han dejado comentarios diciendo que no entienden mucho e incluso un amigo que ve mi canal me escribió un correo que en la línea de asunto escribió “Whitehead . . . dolor de cabeza”.
Normalmente, cuando veo comentarios así pienso “Uh oh, no estoy haciendo bien mi trabajo”, y en el siguiente vídeo me esmero para explicar con mayor claridad. Esta vez me puse a pensar no sobre las necesidades de ustedes sino en mí, en mi necesidad, o mejor dicho, en la atracción que siento hacia obras muy difíciles como la de Whitehead. No sé si lo he comentado en algún vídeo o quizá en una entrevista pero a estas alturas de la Fonda (que ya lleva 14 años de existencia) los vídeos los hago no tanto por ustedes como por mí. En los primeros años hacía vídeos sobre estética y filosofía política que eran las asignaturas que daba en la licenciatura. Esos vídeos los hice netamente por mis alumnos. Después, seguí haciendo vídeos sobre temas y autores de mi competencia, cosa que hice por el bien de los comensales y también porque me gustaba todo el proceso de hacerlos. Pero en algún momento llegué al límite de mi conocimiento, es decir, había agotado los temas que podría tratar con cierta soltura. En los últimos años, los vídeos que he hecho tratan temas o autores que conozco por encima pero que realmente tengo que volver a leer y estudiar para tratarlos en la Fonda. Es por eso que tardo mínimo dos semanas y muchas veces 3 ó 4 semanas para hacer un vídeo. A lo largo de los años la gente me ha escrito para agradecer mi trabajo, pero siempre he pensado que el mayor beneficiado de la Fonda soy yo – pues me da el pretexto perfecto para disfrutar esa vida que Aristóteles consideraba la mejor – la vida contemplativa.
Volviendo a los textos difíciles como el de Whitehead, quiero entender mejor por qué me atrae. ¿Qué es lo que me da? Puede haber varios motivos. Por un lado, dominar algo muy difícil te pone en una posición superior socialmente y los demás te ven con respeto y envidia. Siendo yo humano demasiado humano, no puedo negar que hay algo de eso, pero la verdad no es ni remotamente el motivo principal, especialmente desde que salí del entorno académico de la universidad. Otro motivo sería netamente filosófico, comprender una visión muy profunda e importante. Ese motivo figura mucho más en mi decisión de leer cierto texto sobre otro. Pero hay un último motivo que, como el primero, es de corte psicológica, sólo que lo que busco en un texto difícil no es agrandar mi ego, sino el contrario, desinflarlo.
Un texto como Proceso y realidad es una constelación, no de estrellas, sino de conceptos. Desde luego, los conceptos que emplea comunica algo sobre la realidad; hacen referencia simbólica a ella y me interesa mucho que comprendamos eso juntos. Al mismo tiempo, el tejido de conceptos es algo en sí mismo. Es casi como si su estructura fuera no sólo un símbolo de la realidad sino un ícono de ella también. A lo que voy es que al leer el texto de Whitehead lo contemplo también como simple objeto, como la constelación en el espacio, o como una ecuación matemática independientemente de su aplicación en el mundo, aplicación que resuelve algún problema o necesidad de los seres humanos. Efectivamente, es una experiencia medio místico como dice Wittgenstein.
Me da algo de pena compartir esto con ustedes porque se parece a un rollo new age, como si me sentara en un cojín buscando mi iluminación interior, buscando convertirme en un ser espiritual y puro o algo así. Obviamente, no estoy en contra de la introspección; Sócrates pues decía “conócete a ti mismo”. Sólo que no es fácil, y por muy buenas que sean las intenciones de la gente, el camino espiritual que se les ofrece tiende a terminar en algo medio vano y superficial. Lo que me cae especialmente mal es que esa gente tiende a preocuparse por el medio ambiente, por la pobreza y la violencia y cosas así, pero su práctica espiritual o filosófica sólo tiene la consecuencia, al parecer, de hacerse sentir bien consigo mismo.
En el siglo XVIII Jean-Jacques Rousseau describió algo muy parecido. Dice: “La razón engendra el amor propio y la reflexión la fortifica; es ella la que lo aleja de todo lo que le molesta y aflige. La filosofía lo aísla impulsándolo a decir en secreto, ante el aspecto de un hombre que sufre: «Muere si quieres; que yo estoy seguro.» Sólo los peligros de la sociedad entera turban el sueño tranquilo del filósofo y le arrancan del lecho”. Sea la razón filosófica o la meditación espiritual, corre el peligro de que sea egoísta e individualista, mientras el mundo alrededor arde.
Lo que he comentado sobre la experiencia de contemplar las constelaciones, tantos estelares como textuales, corre también el mismo peligro. En la medida en que evito simplemente mirarme el ombligo, creo acercarme a algo importante, a saber, prestar atención, estar realmente atento. Para comunicar mejor lo que quiero decir, me apoyo en el concepto de ‘atención’ en el pensamiento de Simone Weil, lo cual es muy relevante en la actualidad.
Vivimos hoy en lo que se llama la economía de la atención, para la cual la atención humana es un recurso escaso. Compañías y organizaciones de todo tipo compiten por nuestra atención, tratando de jalar nuestros ojos para que absorban su publicidad o propaganda. Antes del internet y los celulares, uno podía refugiarse más o menos en la privacidad de su casa, pero ahora con la ubicuidad de las pantallas nuestros ojos parece descansar sólo en el sueño.
Quizá por ello los psicólogos hablan en los últimos años del trastorno de déficit de atención. Los jóvenes son demasiado distraídos por todo lo que está pasando en su entorno, y los medicamos para que puedan centrarse en sus estudios, para que puedan fijar la atención en el texto que tiene que leer o el problema matemático que tiene que resolver. Tiktok distrae la atención y los maestros en la escuela quieren que el alumno ponga atención. Atención, atención! Simone Weil piensa que los dos están mal.
En su libro A la espera de Dios dice: “Muy a menudo se confunde la atención con una especie de esfuerzo muscular. Si se dice a los alumnos: «Ahora van a prestar atención», se les ve fruncir las cejas, retener la respiración, contraer los músculos. Si pasado un par de minutos se Ies pregunta a qué están prestando atención, no serán capaces de responder. No han prestado atención a nada”. En los años 30, Weil dio clases a alumnos de bachillerato pero no las daba de ninguna manera como sus colegas. Alumnos suyos recordaban años después que Weil se negaba a dar calificaciones y tampoco exponía temas. Una alumna suya recordó que en la clase de geometría saldrían muchas veces al jardín de la escuela y ahí “buscarían problemas de geometría” – no soluciones, sino problemas. No le interesaba resolver problemas sino reflexionar sobre ellos. En esto estaba cultivando en sus alumnos su capacidad de atención. Dice: “Aunque hoy en día parezca ignorarse este hecho, la formación de la facultad de atención es el objetivo verdadero y casi el único interés de los estudios. La mayor parte de los ejercicios escolares tienen también un cierto interés intrínseco, pero se trata de un interés secundario. Todos los ejercicios que apelan realmente a la capacidad de atención tienen un interés muy similar e igualmente legítimo”. Muy interesante esta forma de ver el propósito de la educación. Cada estudio particular tiene su razón de ser, pero en el fondo el estudio que sea debe suscitar la cultivación de la atención.
¿En qué consiste la atención? Weil nos dice: “La atención consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible, vacío y penetrable al objeto, manteniendo próximos al pensamiento, pero en un nivel inferior y sin contacto con él, los diversos conocimientos adquiridos que deban ser utilizados. Para con los pensamientos particulares y ya formados, la mente debe ser como el hombre que, en la cima de una montaña, dirige su mirada hacia adelante y percibe a un mismo tiempo bajo sus pies, pero sin mirarlos, numerosos bosques y llanuras. Y sobre todo la mente debe estar vacía, a la espera, sin buscar nada, pero dispuesta a recibir en su verdad desnuda el objeto que va a penetrar en ella”. Me gusta la metáfora del hombre en la cima de la montaña. Su mirada hacia adelante no está fijada en ninguna cosa en particular sino en la amplia e indefinida vista que se extiende delante suyo la cual contiene muchas posibilidades, y al mismo tiempo ve de reojo los detalles de bosques y llanuras. Estos últimos son como todo el bagaje de conocimiento que hemos adquirido y que está presente cuando pensamos, sólo que debería quedarse en un segundo plano.
Weil continua diciendo: “Todos los contrasentidos en las traducciones, todos los absurdos en la solución de los problemas de geometría, todas las torpezas de estilo y los defectos en el encadenamiento de las ideas en los trabajos de francés, tienen su origen en el hecho de que el pensamiento, precipitándose apresuradamente sobre algo y quedando así lleno de form a prematura, no se encuentra ya disponible para acoger la verdad. La causa es siempre la pretensión de ser activo, de querer buscar”. El problema en pocas palabras es el ego, el cual agarra su conocimiento como si fuera pistolas y entra disparando. Continua diciendo: “Los bienes más preciados no deben ser buscados, sino esperados. Pues el hombre no puede encontrarlos por sus propias fuerzas y, si se pone en su búsqueda, sólo encontrará en su lugar falsos bienes, cuya falsedad no sabrá discernir”.
El faro de la conciencia con todos los deseos y prejuicios que la iluminan son como las luces de la ciudad que opacan las estrellas en el cielo. En otra parte de su obra, Weil habla de lo que llama la decreación del yo. Para ella, Dios es pura plenitud. Para que pudiera crear algo tenía que decrearse, es decir, desinflarse o retirarse para que algo más cupiera. Lo mismo pasa con el ego; el ego se cree Dios, llena todo el espacio, de modo que lo que encuentra ahí no es más que un reflejo de él, un falso bien, como dice Weil, cuya falsedad no sabrá discernir por su codicia narcisista. La atención entonces es posible cuando el ego se retira.
Esto nos vuelve a mis comentarios sobre la meditación y la búsqueda por la iluminación. La pregunta es ¿sobre qué medita uno? En muchos casos es uno mismo, su interioridad, la conciencia y sus contenidos. Uno pasa mucho tiempo tratando de calmar la mente, de pulirla para que sea como un espejo que simplemente refleja el mundo. El problema es que muchas veces el intento de hacerlo deja huellas sobre la superficie de modo que no refleja más que uno mismo. En fin, lo que Weil aconseja es que en vez de reflejar el mundo con los contenidos de la conciencia, hay que simplemente mirar al mundo. Mirar no hacia dentro sino hacia fuera. El problema es que esto también se hace con un esfuerzo de la voluntad. Es muy difícil esquivar la influencia del ego, incluso cuando contemplo la imagen de la constelación de la pantalla. De forma intencional prendo la pantalla, subo la imagen, me siento cerca y pongo los tapones para que no oiga ningún ruido de la calle, nada de perros ladrando, ninguna cosa que me recuerde de mi vida cotidiana. El silencio me sumerge en la profundidad del espacio lejos de cosas mundanas y con el paso del tiempo, mientras contemplo las estrellas y la estructura de la constelación, me pierdo en ella.
Lo mismo pasa cuando leo un texto como Proceso y realidad o La ética de Spinoza, textos con términos técnicos y con una estructura complicada. Volviendo a la cita de Weil sobre el hombre en la cima de la montaña, todo el bagaje de conocimiento que tengo queda en un segundo plano, no tanto por un esfuerzo de la voluntad sino simplemente porque no sirve de mucho ya que la constelación conceptual en que me encuentro es tan novedosa y ajena que si entrara al texto disparando, por así decirlo, no haría más que distorsionar el sentido de lo que leo. En otras palabras, no haría más que hacer una mala interpretación en imagen y semejanza mía.
Desde hace tiempo he pensado que la única diferencia entre un doctor en filosofía y una persona normal de la calle es que el doctor en filosofía es simplemente más hábil para justificar su prejuicios. Esa justificación es lo que percibo en mucho de lo que leo en filosofía, incluso en las propias cosas que pienso y escribo yo, y me desconsuela. Es por eso que busco textos que me permiten cultivar esa atención de la que habla Weil, una condición del espíritu en el que el ego está lo más ausente posible. Es difícil, sin duda, pero cuando se logra es una experiencia única y maravillosa.
Hay un cita del filósofo Frederic Jameson que expresa un poco esta experiencia. Hablando de leer textos de forma dialéctica dice: “Un estilo dialéctico es uno que te permite oír el cambio del engranaje del mundo mientras lees”. ¡Qué maravilla esa oración! Me hace pensar en un ladrón que quiere entrar en una caja fuerte para robar sus contenidos. Podría perforarla con un taladro, o podría ponerle unos explosivos. La violencia sí puede abrirla pero quizá al costo de destruir sus contenidos. Un ladrón inteligente saca su estetoscopio, lo pone al lado de la perilla con los números y empieza a dar vuelta a la perilla atento a oír el momento en que que los engranajes interiores se enganchan. Luego gira en la dirección opuesta y así sucesivamente hasta tener la combinación. El estetoscopio es el equivalente de la lectura dialéctica que menciona Jameson, o la decreación del ego y la espera que describe Simone Weil. Sea cual sea, el chiste es dejar que el texto hable en vez de imponer tu ideología predilecta sobre el.
Toda esta reflexión embona con mis reflexiones sobre la filosofía artesanal. Para entender la naturaleza de lo artesanal, debo entender la naturaleza de un proceso industrial y la medida en que puede aplicarse a la filosofía académica. En mis lecturas y reflexiones me topé con un concepto más o menos nuevo que agrega una cualidad importante a la academia moderna, ilustrando bien el deseo del ego intelectual de sujetar y vincular todo con su mirada. Es un concepto que viene del estudio del urbanismo, a saber, ‘smooth city’, que encontré en este libro de René Boer. No estoy muy seguro cómo traducir smooth, algo así como liso o suave. En todo caso voy a conservar el nombre en inglés ya que con mi descripción creo que van a entender muy bien a qué se refiere.
¿Alguna vez has ido de vacaciones, a Cancún, por ejemplo, y te has hospedado en un resort? Bueno, ‘hospedado’ no es el término correcto. Uno se hospeda en un hotel, al salir del cual uno se encuentra en las calles de una ciudad. Uno no se hospeda en un resort sino que lo habita, o más bien el resort le envuelve. “Un resort es un lugar autónomo que proporciona varios servicios y comodidades para los turistas, como alojamiento, comida, entretenimiento y actividades recreativas. Esencialmente, es un destino diseñado para satisfacer la mayoría de las necesidades de un vacacionista en el sitio. Los resorts a menudo ofrecen una gama de instalaciones como piscinas, canchas deportivas, spas y opciones gastronómicas, creando una experiencia de vacaciones integral”. Eso que acabo de leer no es realmente una cita. Es que le pregunté a Google – ¿Qué es un resort? – y su inteligencia artificial generó esa respuesta que acabo de leer poniéndola primero en la lista de resultados. ¿Cómo se supone que debo citarlo? No tiene un URL propio, y ningún individuo real lo dijo, aunque fue generado con base en lo que una cantidad indefinida de personas reales han dicho y plasmado en internet. En el siglo XIX, había criminólogos que hacían una cosa interesante con fotos de criminales – las ponían una foto sobre otra para hacer una fotografía compuesta, con la cual esperaban evidenciar el look general de un criminal. Las respuestas de la inteligencia artificial son, a mi juicio, como esas fotografías compuestas, casi como si fueran ideas platónicas. La respuesta de la IA es la respuesta ideal, y la fotografía compuesta es la representación ideal de un criminal. ¿Y qué es el resort? La ciudad ideal, por supuesto. Tomas las mejores cosas de muchas ciudades que conoces, las mezclas, y sale un resort de Cancún. Sólo que hoy en día no tienes que ir hasta Cancún. Los centros urbanos y históricos de grandes ciudades a lo largo del mundo están convirtiéndose en resorts o en lo que se ha llamado “smooth cities”.
Este término se refiere a la transformación de zonas urbanas, especialmente centros históricos, en espacios visualmente homogéneos e integrados donde departamentos en renta en AirBnB, cafés y tiendas de marcas globales como Starbucks o 7-Eleven proporcionan un entorno en el que turistas, nómadas digitales y gente de clase media alta pueden comprar y crear de forma eficiente y conveniente. La sensación que da es de una totalidad “sin costuras” (seamless) donde todo está optimizado para que uno sienta una felicidad sin fricción. La integración es arquitectónica y estética, pero también jurídica y tecnológica – un marco jurídico legaliza la gentrificación que expulsa económicamente a los nativos, y una infraestructura tecnológica de apps en el iPhone último modelo facilita el flujo invisible y sin fricción de dinero que pone un uber a tu disposición, que entrega cualquier producto a tu puerta, y hace opcional la interacción con otros.
Seguramente te has encontrado en un entorno así, limpio y armonioso, pero a la vez como que estéril y artificial ¿no? Nadie quiere calles sucias y peligrosas; sin embargo, el fabricado smoothness representa sí mismo un peligro para la salud de la ciudad. Al expulsar, demoler o revocar todo aquello que sea diferente, complejo, inacabado, queer, y un tanto áspero y volátil, la ciudad pierde su vitalidad, pierde las condiciones orgánicas de su respiración y crecimiento.
Se me hace que la filosofía académica, además de industrial, es algo smooth también, un resort intelectual donde los ‘turistas’ son todos de cierto nivel académico (y también socioeconómico). Al pasear en las calles, no tienen que preocuparse por toparse con la chusma – el gremio filosófico vigila pues la entrada y salida. Todo es limpio, agradable y predecible, es decir, las publicaciones y conferencias obedecen una estética de rigor y claridad. Pero sobre todo, nadie en esta república ideal se espanta por algo realmente diferente y otro ya que el sombrío molino académico reduce las ideas a una fina harina que se cierne sobre la ciudad recubriendo todo en una hermosa pero monótona blancura.
En su libro Smooth City, René Boer opone al concepto de smoothness el de porosidad. Una ciudad porosa conserva espacios heterogéneos en los que pueden darse expresiones socioculturales que no se conforman necesariamente a una planeación oficial. Semejante ciudad se mantiene interesante y viva. En su libro Minima moralia, Teodoro Adorno comenta algo parecido que tiene aplicación al entorno académico. En el aforismo 50 que se llama, precisamente, Lagunas (lo cual hace eco del concepto de porosidad), Adorno critica un pensamiento que pide total claridad y transparencia en cuanto a los pasos que tomó para llegar a su conclusión. Semejante pensamiento supone que cada uno de esos pasos es regido por una lógica que legitima el paso, cuando realmente, para Adorno, “El conocimiento se da antes bien en un entramado de prejuicios, intuiciones, inervaciones, autocorrecciones, anticipaciones y exageraciones; en suma, en la experiencia intensa y fundada, mas en modo alguno uniformemente transparente”. La experiencia smooth es justamente la experiencia sin opacidad, sin fricción, o sea, de una transparencia uniforme. Más adelante, dice que el pensamiento es “mediado por el flujo de la vida entera del que conoce” [la vida siendo] como “una línea que corre torcida, desviada, decepcionante en comparación con sus premisas, y que sin embargo sólo siguiendo ese curso, siendo siempre menos de lo que podría ser, es capaz de representar, bajo condiciones dadas de la existencia, una vida no reglamentada. Si la vida realizase de modo recto su destino, lo malograría. Quien pudiera morir viejo y con la conciencia de haber llegado a una plenitud exenta de culpa, sería como un muchacho modelo que, con una cartera invisible a la espalda, podría recitar todas las etapas de la vida sin lagunas”.
Ese muchacho que describe es precisamente modelo, o sea, ideal, porque la vida y el aprendizaje no transcurren así de smooth sino de forma torcida y desviada. La ciudad académica crea un entorno que considera optimo para llegar “de modo recto”, o sea smooth, al destino, un entorno controlado que opera de forma eficiente ya que los poros se han tapado, pero gracias a ello lo malogra. A lo largo de su obra, Adorno advierte la atrofia de la experiencia bajo las condiciones sociales de lo que llama un mundo administrado, lo cual incluye la propia experiencia del pensar. Si Adorno hubiera sido mexicano, guardo la esperanza de que, para resistir esta atrofia, habría aconsejado una dosis de relajo a la mexicana, una práctica de romper la seriedad y el formalismo, no porque estos sean malos sino porque requieren de levadura. Para que su harina llegue a ser un pan que se puede comer requieren de la porosidad que la broma y el desorden le inyectan.
Mi contemplación de las constelaciones, mi lectura de textos, la ciudad porosa, la filosofía artesanal, el relajo . . . ¿oyes eso?

Descargar guión en PDF

Audio
Descargar audio aquí

Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.

Música de la outro:  ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S.  https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw

15 Comments

  1. Patricia · 03/08/2025 Responder

    Lo escuché querido Darin, el cambio de engranaje del mundo al final del video. Es tan sutil ese cambio de engranaje que hay que estar muy silencioso para poderlo escuchar. Además en estos tiempos nuestros hay tanto ruido que no me extraña que tengas que ponerte tapones y perderte en la inmensidad galáctica para poderlo escuchar.
    Un abrazo Darin 🤗

  2. Jazz · 03/08/2025 Responder

    Hola Darin, soy Jazz. Me gustaría enviarte un mensaje sobre el video vía correo. Te escucho hace un tiempo, siempre me sorprenden tus palabras pero hoy fue especial. Si te hes posible déjame saber tu dirección mail.
    Gracias infinitas.
    Abrazos

    • Darin · 06/08/2025 Responder

      Hola Jazz. En la página principal de mi sitio hay un boton de contacto, ahí me puedes escribir. Un abrazo

  3. María Judith Monares Salazar · 04/08/2025 Responder

    extraordinario el video, cada vez mas agradecida. por sus sucesivas etapas en lo de los videos, los primeros para sus alumnos o sea yo misma quien he aprendido mucho de tan excelente y generoso aporte.

    Y luego enganchando con el último material, gracias gracias a Ud.

  4. Pablo Núñez · 05/08/2025 Responder

    Excelente reflexión. ¡Qué gran argumento para justificar la práctica de la meditación!

    El concept the smooth city me hizo pensar en Byung-Chul Han y sus reflexiones en torno a la estética de la suavidad, en su libro Salvando la Belleza. Uno de sus argumentos más notorios es que la sociedad actual carece de asperezas, producto de un capitalismo que nutre (y se nutre) de la narrativa de que “todo es posible” y que lo único que nos limita es nosotros mismos, nuestra falta de voluntad, de esfuerzo, de lo que sea.

    Han lo describe como un exceso de positividad, en donde todo está permitido (por ejemplo, las clásicas “vacaciones ilimitadas” en tu contrato cuando trabajas en una startup en Silicon Valley). Esa falta de asperezas, esa suavidad, termina por echar sobre nuestros hombros toda la responsabilidad de las injusticias del mundo y nuestra incapacidad de adaptarnos y vivir la vida soñada, lo que lleva, como consecuencia, a una sociedad de burnout.

    Para terminar, Han menciona un ejemplo que tú también mencionas. Él dice que en esta sociedad de constante actividad frente a pantallas y de ansiedad a causa de su extrema positividad, el acto de dormir ya no es activo, sino pasivo. Uno ya no decide apagar las luces e irse a dormir, sino que uno “se duerme”, como se duerme una pierna. Sin consciencia del hecho.

    Muchos saludos.

    • Darin · 06/08/2025 Responder

      Hola Pablo. Gracias por mencionar a Han, ahora recuerdo que trata ese fenómeno en su obra. Un abrazo!

  5. Atahualpa Carvajales · 11/08/2025 Responder

    Excelente Darin como siempre. Muchas gracias.

  6. Alma Rosa Martin · 15/08/2025 Responder

    Muchas gracias querido maestro, me desconecte por un tiempo, pero aquí estoy reflexionando sobre esta realidad, sobre todo con lo que respecta a la academia, muy interesante, gracias

  7. Elena Mendizabal · 17/08/2025 Responder

    Querido Darin. Te he visto en bastantes videos y me ha gustado tu manera de sintetizar ofreciendo tu punto de vista de distintas filosofías. Sin embargo observo que últimamente tienes un tono pesimista y moralista, quiero decir muestras, desde lo personal, lo que está bien o mal, y eso no me gusta.
    Por cierto, ver en una pantalla una constelación de estrellas introduce lo humano , es una imagen. Si paseas por la ciudad, cualquier zona que haya distintas hiervas que crecen espontáneamente, ofrece la posibilidad de apreciar algo no elaborado por personas.
    Un abrazo de una seguidora. Elena

    • Darin · 17/08/2025 Responder

      Hola Elena. Gracias por tu comdentario. Claro, la imagen es humana. Lo mejor es estar bajo el cielo mismo, pero en su defecto, pues la imagen, ni modo. A veces al contemplarla logra que se pierda la conciencia de su artificialidad. Por otro lado, si procediera en la Fonda a tratar de dar gusto a todo el mundo, sería obviamente una empresa imposible. De hecho, la filosofía no debe consentir ni complacer. Si te dusgustan esos vídeos a lo mejor ande haciendo bien mi trabajo (aunque lo más seguro es que no).

      • Sara · 24/09/2025 Responder

        Eres tú y eso es suficiente. Me encantaron tus alusiones a Simone Weil. Un abrazo y gracias Darin

Dejar comentario