La distancia de la continuidad de lo familiar

Ya es hora de una actualización de mi vídeo “Sócrates y el ChatGPT”. ¿Puede la IA conmoverme? Nos apoyamos en Peirce, Kierkegaard, Adorno, y C.S. Lewis para encontrar una respuesta.

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Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.

Música de la outro: ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S. https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw

Guión

El último vídeo que subí fue la quinta parte de Proceso y realidad de Whitehead. El día que grabé el vídeo armé todo el equipo como siempre – el audio, la luz, la cámara – e inicié la grabación. Tardé como 45 minutos en grabarlo y cuando vi el vídeo en la compu vi que la imagen no estaba enfocada – sin darme cuenta había cambiado el enfoque, y pues iba a tener que volver a hacerlo todo. Estaba bien molesto conmigo mismo. Para que se bajara el coraje, decidí hacerme algo de cenar y a ver un episodio de los Sopranos. Hace unos meses empecé a ver nuevamente esa maravillosa serie. Estoy ahora en la quinta temporada y bueno esa noche vi un episodio cuyo final fue bastante bonito, conmovedor de hecho. Apagué la pantalla y me quedé ahí en la oscuridad del cuarto disfrutando de la belleza de la escena final. Y luego pensé en el vídeo sobre Whitehead que tenía que volver a grabar. Tras la conmovedora escena que acababa de ver, no tenía muchas ganas de grabarlo, pues era medio técnico y difícil de entender – nada conmovedor.
Llegando a mi estudio, vi que me llegó un correo de un amigo que me contó que había visto un vídeo sobre Max Stirner que le gustó mucho, que le pareció maravilloso, hasta que le conmovió. Dije, “Wow, debo ver ese vídeo”. Pues, lo vi, un vídeo de unos 17 minutos, y efectivamente resumía de forma clara y emocionante las ideas básicas de Stirner, sin embargo, para mí está claro que fue elaborado por inteligencia artificial. Ningún ser humano real aparece en el vídeo, sino que todo está narrado por una voz IA, al menos ésa es mi percepción, y visualmente uno ve pura animación. Es posible que esté equivocado, que realmente el dueño del canal grabó todo eso con su voz y que laboriosamente animó todo el vídeo, pero lo dudo seriamente. Hace dos años y medio cuando salió el ChatGPT hice un vídeo sobre esta tecnología que se llama Sócrates y el ChatGPT, vídeo en el que pronostiqué que pronto saldrían canales elaborados totalmente por la inteligencia artificial. Bueno, pues ya llegó.
Comuniqué esta sospecha a mi amigo, diciéndole que aunque el vídeo no comete ningún error fáctico, sin embargo, me saca de onda que sea hecho por IA. El me respondió – ¿y qué? Lo que me importa, dijo, es que la información sea concisa y entendible. Además, me lo comunicó de una forma que me llenó de emoción, hasta que me hizo temblar. “Luego voy a tus charlas sobre Stirner y descubro que allí ya estaba todo, mucho más, pero la experiencia cambia: ya no vibro, sino que estudio”.
Me impactó esa frase: ya no vibro, sino que estudio. Otra vez esa cuestión de conmover. Como final, mi amigo me preguntó “A veces me pregunto: si Darin y otros mediadores logran transmitir con claridad las ideas de aquellos que llamamos filósofos, ¿por qué ellos mismos no escribieron con esa nitidez, en vez de arrebatarnos el tiempo cuando estamos urgidos de respuestas?” Es buena pregunta.
Bueno, el correo de mi amigo me inspiró a hacer este vídeo. Empecé a pensar cómo abordaría el tema, tomaba algunas notas, pero la verdad lo dejé por ahí sin avanzar mucho, hasta hoy cuando me llegó un correo de otra persona. El me dijo que había tomado los guiones de mi serie de vídeos sobre El nacimiento de la tragedia de Nietzsche y los metió en una plataforma de Google que se llama Notebook LM, la cual utiliza la inteligencia artificial para analizar el texto y, entre otras cosas, generar una especia de podcast con dos “personas” conversando de una forma amena y didáctica sobre la información en el texto. Al escucharlo, uno puede interrumpir la conversación para hacer una pregunta o pedir esclarecimiento sobre algo que se dijo, y en el momento en tiempo real una de las voces empieza a profundizar en el tema. Si el vídeo sobre Stirner que vi me sorprendió, esto realmente me dejó con la boca abierta, y dije ¡ya hace falta una actualización de Sócrates y el ChatGPT!
Hace 14 años cuando empecé a hacer los vídeos de la Fonda había un concepto de moda que en inglés se llamaba el “flipped classroom”, algo así como el aula invertido. La idea era invertir lo que tradicionalmente se hacía dentro y fuera del aula. Dentro del aula yo en mayor parte exponía; sí, hacía preguntas y hubo discusión y participación de los alumnos, pero más que nada hablaba yo explicando el avance del argumento en el libro que estábamos leyendo. Entonces, la idea era que eso se hiciera fuera del aula. ¿De qué manera? Pues estaba haciendo vídeos sobres los autores y libros que estábamos viendo, así que, además de leer el texto, podrían ver el vídeo correspondiente a cierta clase y les dije que ni siquiera tenían que tomar notas porque en el descripción del vídeo ponía el guión en PDF para que lo podían revisar. Entonces, en vez de escuchar mi exposición en clase, llegarían y tendríamos tiempo para discutir los temas visto en la lectura, el vídeo, y responder dudas que tenían. Suena bien sobre papel, pero fue un desastre. Entre otras cosas, lo que no funcionó fue eso de decirles que no tenían que tomar notas porque estaba ahí todo resumido en el PDF. Sólo tenían que revisarlo.
¡Pues no! Hay todo un circuito afectivo en la toma de notas. Uno lee, piensa lo que lee, trata de expresar lo captado en sus propias palabras, lo anota, conexiones se hacen en el cerebro, y deja así plasmado la base afectiva para recordar lo que se anotó. Todo ese proceso es lo que yo hice al elaborar el PDF, pero el alumno no. El alumno cuenta con el resultado del proceso, el PDF, pero no la experiencia de haberlo atravesado. En el prólogo de la Fenomenología del espíritu, Hegel dice que semejantes explicaciones, como las que hago aquí en la Fonda y que proporciono como PDF, o las que te entrega la inteligencia artificial, que esas explicaciones pasan fácilmente por ser algo que versa sobre lo esencial, pero que no lo son. Dice que la esencia de la filosofía “no se reduce a su fin, sino que se halla en su desarrollo, ni el resultado es el todo real, sino que lo es en unión con su devenir; el fin para sí es lo universal carente de vida”.
Hegel tiene mucha razón, lo cual se hizo patente cuando luego nos veíamos en clase. Normalmente yo exponía en clase, pero en el contexto del aula invertido eso ya no hacía falta porque los alumnos ya vieron mi exposición en el vídeo que les tocaba ver fuera de clase y tenían el PDF del guión como sus notas. Entonces, nos veíamos en clase para hablar sobre la temática, pero nadie decía nada. Yo no exponía, pero los alumnos tampoco decían nada porque llegaban a clase armado, en palabras de Hegel, de sólo ese “universal carente de vida” – o sea, el mero resultado. Fue un gran fracaso ese experimento, pero al mismo tiempo un gran éxito, al menos para mí, porque aprendí que enseñar y aprender es un proceso muy difícil y misterioso. Ya no doy clases, pero sigo haciendo estos vídeos muy consciente del peligro que representan, el mismo peligro que representa las cosas que te cuenta la inteligencia artificial. Lo peligroso no es la información misma sino tomarla como suficiente, pensar que absorberla basta para que uno haya hecho filosofía.
Si cambiamos el contexto de la filosofía a la medicina, es obvio que el resultado es lo que importa. La capacidad de la IA de analizar, comparar y encontrar patrones en millones de datos es verdaderamente impresionante, y está conduciendo al descubrimiento de tratamientos que el cerebro humano trabajando solo quizá jamás habría encontrado. Entonces, en la medicina, no me importa si el resultado lo generó la IA o un ser humano – el punto es salvarme la vida. En la filosofía, en cambio, sí importa. Si aprendemos algo nuevo sobre el hígado, el hígado no cambia, pero si aprendemos algo nuevo sobre nosotros, ese conocimiento nos altera; no somos lo mismo que antes.
El famoso escritor y crítico literario británico C. S. Lewis dijo algo muy parecido. En su libro Un experimento de crítica literaria, compara de tipos de lectores, uno que llama literario y el otro que no es literario. Con respecto a lector literario dice que “su primera lectura de una obra literaria suele ser una experiencia tan trascendental que solo admite comparación con las experiencias del amor, la religión o el duelo. Su conciencia sufre un cambio muy profundo. Ya no son los mismos. En cambio, los otros lectores no parecen experimentar nada semejante. Cuando han concluido la lectura de un cuento o una novela, a lo sumo no parece que les haya sucedido algo más que eso.”
Semejantes lectores, para Lewis, abordan una lectura de forma instrumental, como un medio. A lo mejor, es una novela clásica sobre la que toda persona culta debe saber, y dado que uno al menos quiere parecerse culto, lo lee, tratando de captar la trama básica y la moraleja. Imagínate que esa persona leyera que caminar cierto número de pasos al día reduce la probabilidad de un infarto y que en general es muy bueno para la salud. Va y compra uno de esos relojes que miden y contabilizan los pasos y se pone a caminar una hora diaria a marcha forzada. No importa donde camine, sea en un sendero en el bosque, en una plaza comercial o en las calles de su barrio – el punto es cumplir la meta de X número de pasos. El resultado es lo que cuenta. Hay otros que también caminan, pero no llamamos lo que hacen una caminata sino un paseo. Pasear es muy distinto a caminar. El fin del pasear no está al final, no es llegar a un destino o alcanzar cierto número de pasos, sino que es la actividad misma, lo que los antiguos griegos llamaban la praxis. En el paseo, uno saluda a la gente, absorbe el entorno, está atento a sonidos y vistas que agradan o extrañan. Sin duda, va ejercitando el cuerpo, pero más importante ejercita el espíritu. Henry David Thoreau llamaba esta actividad de pasear – to saunter – palabra que combina las palabras francesas Sainte Terre, o sea, Tierra Santa. En la Edad Media había gente que emprendía un peregrinaje a la Tierra Santa. Para ellos, el fin era llegar al destino sagrado de las tierras bíblicas, pero para Thoreau la Tierra Santa es la tierra que uno pisa, esté donde esté, siempre y cuando lo haga como alguien paseando, atento a su entorno, disfrutando, descubriendo, abierto a ser llevado por el interés y la curiosidad.
Para C. S. Lewis, ésa es la disposición de un lector literario, que al estar absorto en la historia tiene, como dice, “una experiencia tan trascendental que solo admite comparación con las experiencias del amor, la religión o el duelo”. No es nada casual que mencione experiencias de primera persona. Nadie puede amar por ti, nadie puede tener fe por ti, ni tampoco sentir dolor por ti. Nadie, incluyendo la inteligencia artificial. Cuando pides al ChatGPT que te resuma un libro o que te explique tal o cual argumento filosófico, no es que eso sea malo, sino sólo peligroso. ¿En qué estriba el peligro? Estriba en tomar esa información como suficiente, es decir, considerar su asimilación como equivalente a hacer filosofía. Es como si alguien preguntara a la inteligencia artificial ¿qué es lo que tengo que creer para ser cristiano?, y que, recibiendo esa información, la persona pensara: “OK, ya tengo las creencias correctas” y que las sostuviera proposicionalmente en su cabeza – como si eso bastara. En el contexto del cristianismo, puede que sean objetivamente correctas, sin embargo, subjetivamente algo falta. Siguiendo a Kierkegaard, quien decía que la verdad es la subjetividad, no llamaríamos a tal persona realmente un cristiano – ya que si eso fuera el criterio tendríamos que considerar al ChatGPT como cristiano también. La verdad objetiva es centrada en el qué de algo, su naturaleza en sí mismo, mientras que la verdad subjetiva se centra en el cómo. Toda la información que la inteligencia artificial puede proporcionarte sobre el cristianismo no basta para determinar el cómo, cómo apropias y vives esa realidad.
Creo que lo mismo pasa en la filosofía. Para ilustrar lo que quiero decir me apoyo en la famosa trilogía de películas de la Matrix. En una de ellas el personaje de Trinity está dentro de la matrix y le está persiguiendo alguien y quiere escapar antes de que la mate. Sale al techo de un edificio alto y ahí encuentra un helicóptero, pero no sabe volarlo. Rápidamente habla con sus colegas que están fuera de la matrix y pide que se le descarguen un instructivo de cómo volar esa clase de helicópteros. En seguida lo hacen e instantáneamente tiene el conocimiento que necesita, sube al helicóptero y se escapa volando justo a tiempo.
De alguna manera, ése es el poder que tenemos ahora mismo con las diferentes plataformas de IA. Pedimos información y se descarga en seguida y ahí está a nuestra disposición. Pero vamos a llevar la lógica de esta tecnología a su punto extremo. Imagínate que tuvieras implantado en el cerebro un chip de modo que sólo tuvieras que pensar en una pregunta y la respuesta de la IA te llegaría inmediatamente, como si simplemente lo pensaras a la antigua. Esto es el sueño de todo alumno de filosofía, que pudiera responder cualquier pregunta de su maestro o comentario de sus compañeros de una manera rápida, elegante y contundente. De hecho, en los eventos académicos ya se nota. Está el conferencista dando su conferencia y en el público todos tienen su cel, y entre los que están checando una notificación o un correo están los que subrepticiamente están haciendo preguntas a la IA para saber cómo criticar lo que el ponente está diciendo. En fin. Bueno, imagínate que tuvieras ese chip en tu cerebro y que también todos tus compañeros lo tuvieran. Imagínate la conversación que habría. Si fueran alumnos y profesores de medicina, sería una conversación muy fructífera; gracias a la naturaleza objetiva de su tema, me imagino que rápidamente llegarían a acuerdos y hasta descubrimientos. ¿Y en filosofía, cómo sería? Sin duda, hay cuestiones medianamente objetivas – nadie va a llamar a llamar Schopenhauer un optimista, o Nietzsche un cristiano, pero llegando a los detalles no hay acuerdo. La conversación daría vueltas y más vueltas – vueltas sin duda de muy alto calibre, pero sin salida.
A alguien con ese super chip lo llamaríamos un gran filósofo. No – bueno, espero que no! Es que toda la información en el mundo sólo te hace una enciclopedia ambulante. Te hace un experto en el qué de las cosas, en lo objetivo, pero no en el cómo. Imagínate que todos con su super chip sí llegaran a un acuerdo, que con una sesión maratónica de mucha computación llegaran a resolver todos los debates filosóficos, y que la filosofía quedara objetivamente resuelta. ¿Qué harían entonces? ¿Dirían – “Qué bien que resolvimos eso, ya podemos dejar de filosofar e ir a casa a jugar vídeo juegos”? Si la inteligencia artificial nos llevara a ese punto, ¿no quedaría aún pendiente la pregunta: “¿Qué significa el fin de la filosofía?” Pues si queda esa pregunta, significa obviamente que la filosofía no está a su fin. Significa que hay algo que la IA no resuelve, a saber, la cuestión subjetiva de cómo.
Eso de tener chips en el cerebro no es exactamente ciencia ficción – de hecho, Elon Musk tiene una empresa que pretende justamente hacer cosas de ese tipo – pero no es algo del que tenemos que preocuparnos en los próximos años. Lo que sí es preocupante ahora mismo, al menos para la filosofía académica, es ese fenómeno que comenté en mi vídeo sobre Moloch – la trampa multipolar. Hace unos días fui a escuchar una charla sobre el uso de herramientas IA en la escritura académica. Fue impresionante ver todo lo que puede hacer algo como Notebook LM de Google. Un par de veces el conferencista dijo que si lo usas para que te escriba tu tarea o un artículo, pues que eso es un mal eso, que no es ético, que estas herramientas deberían usarse para buscar y organizar la información, cosa que hacen de forma excelsa. En la sesión de preguntas le dije que es un poco ingenuo pensar que la gente va a actuar de esa forma recta frente a las enormes presiones de la academia. ¿A qué me refiero? El entorno académico es un entorno competitivo. Alumnos buscan buenas notas, y maestros buscan horas clase y plazas. Estas últimas las ganan los mejores curriculum, y los mejores curriculum suelen ser los que cuentan con muchas publicaciones. Donde hay muchas personas compitiendo, quien publica más va a tener una ventaja. Si la inteligencia artificial te permite publicar más, al menos una persona la va a usar. ¿Y los demás? Pues, pueden seguir la ética de la que hablaba el conferencista pero no van a ganar los concursos y así van a quedarse atrás. Frente a esa realidad, los demás, al menos la mayoría, van a usar inteligencia artificial. Esta dinámica va a darse a escala de modo que, dentro de poco tiempo, las revistas especializadas de filosofía van a estar llenas de artículos escritos con IA.
¿Tendría sentido leer esos artículos? Imagínate una exposición de arte en una galería donde las pinturas fueron creadas por un ser humano usando IA. ¿Irías tú a verlas? Yo quizá sí, al menos una vez por curiosidad, pero ya he visto muchos ejemplos en línea y la verdad no me gusta. Tienen cierto look limpio, fino y homogéneo que me aburre. Creo que las revistas de filosofía van a parecerse a museos de este tipo. Puede que los artículos que publican no yerren, que los argumentos que la inteligencia artificial ahí plantea al menos no sean falaces, sin embargo, si es que hay seres humanos que los lean, van a saber que fueron generados por la IA y eso va a generar cierto cinismo. Obviamente, nadie en el mundo real lee esas revistas. Los filósofos académicos que sí las leen, pues no digo que no estén interesados en la verdad o en la comprensión de las cosas, pero cada vez más los leen simplemente como material para su próximo artículo, pero si ya sabe que la mayoría ya son escritos básicamente por la IA, y sabiendo que él mismo ha hecho eso, pues ¿por qué seguir leyéndolos? Puedo imaginar muy fácilmente una dinámica en la que el académico simplemente abre Notebook LM, lo carga de todos los últimos artículos en su muy reducido campo de investigación y pide que los analice y compare de acuerdo con tales y cuales parámetros para generar su artículo que luego manda a publicar. Muy pronto, como varios han comentado, la IA va a estar analizando obras generadas por IA y el “conocimiento” que las revistas pretenden generar no va a ser otro que un turbio pure conceptual a quien nadie le importa realmente.
Esto me hace pensar en los clubs de debate en las preparatorias y las universidades. No sé si has visto una competencia de esas. Es que los jóvenes que debaten no conversan entre sí sino que un joven de un equipo se pone a hablar súper rápido, hasta 400 palabras por minuto, para exponer todos los argumentos y datos en un tiempo determinado, y luego le toca a un joven del otro equipo hacer lo mismo. (Dejo una liga en la descripción del vídeo para que vean). Los jueces deciden un ganador de acuerdo con los argumentos, pero para asegurar que incluyan todos los argumentos posibles a favor o en contra del tema, tienen que hablar super rápido. El debate se ha convertido en una actividad formalizada, lo cual lo convierte en una farsa. Totalmente ausente es cualquier rastro de retórica, el arte de la persuasión, y un deseo de realmente convencerle al otro. Es una competencia en la que hay que juntar puntos – el punto pues es ganar, como el punto en la academia cada vez más es juntar publicaciones, aun cuando éstas lleguen a ser una verborrea artificial.
Ahora, no soy tan cínico como para pensar que los filósofos académicos sean puramente cínicos. Algunos lo son, pero a la mayoría realmente les importa la verdad y la comprensión de la realidad. Y es justo por eso que la inteligencia artificial es peligrosa, porque al apoyarse en ella, sus investigaciones, su pensamiento, van a acoplarse a las tareas que la IA hace bien – a la colación, la comparación, la cuantificación, y el resumen. Las preguntas que hacen ya reflejarán los parámetros de funcionamiento de la IA. Encaminado de esta manera, el destino del pensamiento humano está trazado ya de antemano, a saber, la obsolescencia.
Después de escribir esa última oración sobre la obsolescencia, pasé media hora pensando en cómo seguir, cómo iba a ir cerrando esta reflexión. Escribía unas palabras, una oración, y luego la borraba, y daba vueltas sobre diversas ideas y sus posibilidades de desarrollo, y mientras tanto pensaba cómo lo haría la inteligencia artificial. Todos lo hemos visto – damos los prompts y luego sale el texto a un ritmo fluido y veloz, renglón tras renglón, la máquina haciendo cálculos de probabilidades para determinar cual palabra sigue a la anterior. Estos cálculos estadísticos que hace la inteligencia artificial me hizo pensar en una afirmación de Teodoro Adorno. Dice: “El valor de un pensamiento se mide por su distancia de la continuidad de lo familiar”. Ahora, los cálculos de la IA analizan distribuciones estadísticas de pares de palabras como podemos apreciar en este gráfico. La palabra que más probabilidad tiene de seguir en la oración es la que mayor amplitud tiene en el eje Y. Esa palabra es la más común o familiar en la distribución. Bueno, Adorno no habla de palabras sino de pensamientos, pero lo que dice es que entre más distante de esa zona de familiaridad, más valioso el pensamiento.
Podemos entender mejor lo que quiere decir en otra cita. Dice: “El pensamiento filosófico comienza tan sólo cuando no se satisface con conocimientos meramente inferibles [o predecibles], y en los que sólo se discierne lo que previamente se introdujo en ellos. El sentido humano de las computadoras residiría en aliviar el pensamiento de los vivientes de manera que este adquiriera libertad para el saber no implícito”. Muy interesante esto. Si Adorno estuviera con nosotros hoy en día, no sé qué diría sobre la inteligencia artificial, sin embargo, en esa última oración, parece darle su visto bueno. ¿Por qué? Porque no hace más que desenvolver lo que está implícito o inferible o predecible en la información que tiene a su alcance. El pensamiento filosófico empieza, dice Adorno, cuando no se satisface con eso, cuando lo que se quiere es un saber no implícito, es decir, un saber o un pensamiento lejos de lo familiar.
Volviendo a su cita sobre lo familiar, continúa diciendo que el pensamiento “es objetivamente desvalorizado con la disminución de esa distancia; cuanto más se aproxima al standard preestablecido, mayor merma sufre su función antitética, y sólo en ella, en la relación explicita con su antítesis, y no en su existencia aislada, se funda su pretensión”. Habla Adorno de la función antitética del pensamiento. En el momento en que tienes una tesis, por ejemplo, alguna respuesta de IA o algo que el Mtro. Darin afirma en la Fonda Filosófica, en ese momento el pensamiento empieza a ejercerse al oponerse a esa tesis, a cuestionarla, a ser precisamente antitético. En otra parte, Adorno dice que la filosofía es incapaz de ser expuesta o resumida. Dice: “A medida que avanza, la filosofía tiene que renovarse incansablemente, tanto por propia iniciativa como por el roce con aquello con lo cual se enfrenta. Lo que ocurre en ella es lo decisivo, no la tesis o la actitud; la trama y no la marcha rectilínea del pensamiento, sea ésta deductiva o inductiva. De ahí que la filosofía sea esencialmente incapaz de exposición. Si no, sería superflua; el hecho de que casi siempre se deja exponer, habla en su contra”. Si pensamos que el pensamiento tiene un producto final, un residuo que se queda después de la actividad de pensar, un residuo que puede empaquetarse, distribuirse y comunicarse a escala masiva, entonces nos equivocamos porque el pensamiento consiste precisamente en contestar esa tesis, en ser antitético. El pensamiento es una actividad, un ejemplo del praxis que mencionamos hace rato.
Quisiera cerrar esta reflexión al volver al correo de mi amigo y esa cosa que dijo que me impactó. Comentó que vio un vídeo sobre Max Stirner que le encantó, que hasta le conmovió. “Luego, dice, voy a tus charlas sobre Stirner y descubro que allí ya estaba todo, mucho más, pero la experiencia cambia: ya no vibro, sino que estudio”. Cuando leí eso me hizo un poco triste porque la filosofía puede tener un efecto transformador en la vida de uno, un efecto que puede conmover. Yo he tenido experiencias así en la filosofía y pues quisiera que mi trabajo tuviera ese efecto en otros, no siempre pero al menos de vez en cuando.
Sin embargo, en la reflexión que hice para este vídeo, me di cuenta que ser conmovido puede ser de doble filo. Si algo te conmueve, provoca en ti una fuerte emoción. El punto es que es muy fácil provocar emociones, a eso se dedica la mercadotecnia. Muchas películas de Hollywood están llenas de cliché porque los cliché funcionan, es un conducto de estímulo-respuesta que ha sido habituado y formalizado lo cual provoca una emoción estándar predecible y por tanto monetizable. Entonces, cuando algo me conmueve y siento una emoción, me pregunto qué tanto estoy siendo manipulado, cuales son las cuerdas que el sistema está jalando para provocarla? Será que tengo una serie de valores y presupuestos que uno aprovecha para generar en mí esa emoción, una emoción que sólo refuerza los prejuicios que tengo? Es difícil decir. Lo que está claro es que la filosofía debe cuestionar esos prejuicios. La filosofía no tiene la finalidad de hacernos sentir cómodos, felices o conmovidos. Si eso es el efecto que tiene, entonces lo más probable es que no está haciendo su trabajo, o que estamos tomando por filosofía algo que no lo es.
Si la emoción tiene un papel en el pensamiento, quizá sea al principio y no al final de pensar, o sea, no es que la filosofía me conmueva sino que una experiencia de ser conmovido me lleve a filosofar, una experiencia de sufrimiento o injusticia, de la falta de libertad, de la experiencia siendo acortada y envilecida. La inteligencia artificial no tiene experiencias de ese tipo, no tiene experiencias de ningún tipo, . . . nuevamente me quedé pensando cómo terminar una oración, y pues se me ocurrió pedirle ayuda al ChatGPT. Le dije: “Favor de terminar la siguiente oración de una forma conmovedora: La inteligencia artificial no tiene experiencias de ese tipo, no tiene experiencias de ningún tipo . . .” ¿Cómo respondió? Dijo: Aquí tienes una versión conmovedora: “La inteligencia artificial no tiene experiencias de ese tipo, no tiene experiencias de ningún tipo, y precisamente por eso nos recuerda lo valioso e irrepetible que es sentir, amar, sufrir y celebrar la vida desde dentro de nuestra propia conciencia”.
La verdad, no esperaba que me conmoviera. Lo que escribió es un cliché, como uno de los insípidos memes que aparecen en las redes. Sin embargo, el chatbot sin “querer” nos dejó una enseñanza filosófica, la cual puedo ilustrar con unas palabras de Kierkegaard. En su libro O lo uno o lo otro dice: “Lo que dicen los filósofos acerca de la realidad es a menudo tan decepcionante como cuando uno lee en una tienda de artículos de segundo mano un letrero que dice: aquí se plancha. Si uno se dirige allí con su ropa para que se la planchen, se sentirá estafado, pues el letrero está simplemente en venta”.
Al hablar aquí de filósofos, Kierkegaard se refiere a uno en particular, a saber, Hegel y su sistema que lo incluye todo. Lo que dice sobre la existencia es decepcionante porque es puramente conceptual, una abstracción. Piensas que se refiere a una cosa, la existencia concreta, pero realmente hace referencia a otra, a sí mismo. El letrero en la tienda decepciona de la misma manera – pensamos que dice una cosa (aquí se plancha), pero dice otra (se vende). El problema no es el letrero o signo mismo, sino más bien su ubicación. Charles Sanders Peirce dice: “El mundo actual no puede distinguirse de un mundo de la imaginación por descripción alguna. Por lo tanto, la necesidad de pronombres e índices”. Los símbolos en el letrero son una descripción general cuyo objeto puede ser indistintamente ‘plancharse’ o ‘venderse’. Se distingue una posibilidad de la otra con un índice. Por índice Peirce quiere decir la relación física o existencial entre el signo y su objeto. Por ejemplo, si llegas a un semáforo en rojo, no quiere decir que deberías parar tu coche 10 metros más adelante sino ahí mismo donde está físicamente plantado el semáforo. En el caso del letrero, su aspecto indexical es su ubicación. ¿Dónde está ubicado? En una tienda de segundo mano. Nos decepcionó el letrero porque no prestamos atención a su elemento indexical sino sólo al simbólico. En este caso, solemos no prestar atención al elemento indexical porque normalmente semejantes letreros son ubicados en lavanderías. Lo que nos despistó fue el hábito.
Con respecto a los signos que el chatbot me dio, estaba yo bastante consciente de su ubicación indexical, a saber, en la ventana de una plataforma de inteligencia artificial. Por tanto, no me decepcionó, o más bien no me sorprendió. El problema es que los símbolos que arroja van a inundar cada vez más nuestras comunicaciones, tanto en las redes como en las revistas especializadas, en las cuales la ventana de la plataforma de IA está invisibilizada. Al ser engañado con respecto al elemento indexical de esos signos, vamos poco a poco a perder nuestra orientación y encontrarnos a la deriva en un inmenso mar de símbolos cuya tenue relación con la realidad no sólo nos decepcionará sino que nos volverá cínicos. Mejor planchar nosotros mismos nuestra propia ropa.

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Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.

Música de la outro:  ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S.  https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw

20 Comments

  1. Patricia · 14/09/2025 Responder

    Gracias Darin. De verdad mychas gracias. No se si me has “conmovido” pero si que me has tocado profundo. Ojalá que el pensamiento humano no quede obsoleto, que no nos volvamos cínicos, que sigamos planchando por nosotros mismos. Yo toco el violin, no muy bien pero lo toco. Prepararse una pieza de música requiere tiempo y dedicación y necesitas implicarte a fondo. Te hablo solo de reproducir las obras de otros: tienes que escuchar versiones de lo que hacen otros músicos, desarrolar tu propia idea de como quieres hacer la frases de que notas apoyar, enfatizar, tensar o suavizar y luego llevarlo a lo físico, presión, movimiento, peso, tacto…Algunas veces hago sencillos arreglos para que me cuestan mucho tiempo.
    Se que hay programas de IA que componen música. Lo he visto y es sorprendente la velocidad a la que lo hacen.
    Hacen la música y la letra. Puede ser de lo más loco: le dices, por ejemplo, que te haga una rumba que hable de
    vampiros alienigenas y te lo hace, en un minuto. Una pieza en el estilo de Vivaldi y te lo hace. No lo hace muy bien, pero, sin duda, lo hace mejor de lo que yo lo haría y en menos tiempo
    Pero que quieres que te diga. Nada que ver. Prefiero subir a las montañas caminando que en funicular y planchar mi propia ropa aunque se quede arrugada

    • Darin · 14/09/2025 Responder

      Hola Patricia. Siempre un gusto leerte y saludarte. A medida que avance la IA, mi concepción de lo artesanal va cobrando más sentido y definición. Suena muy artesanal tu proceso musical, te agradezco mucho por compartirlo y ayudarme con mis reflexiones. Te mando un fuerte abrazo!

    • SIMHA · 20/09/2025 Responder

      DARIN, AHI MISMO EN LA MATRIX MORFEO DICE: NO ES LO MISMO CONOCER EL CAMINO QUE ANDARLO…PARA REALMENTE SABER DEBEMOS VIVIR EL CONOCIMIENTO, QUE SIGNIFICA ESTO? SIGNIFICA QUE EL SER-ALMA-MENTE-CONCIENCIA-ESPIRITU HAYA APRE-HEN- DIDO (NO APRENDIDO) ÉSE CONOCIMIENTO…

  2. Joan · 15/09/2025 Responder

    Hola Darín,

    Es um verdadero placer seguir tu videos. Personalmente me instruyen y en ocasiones me conmueven. Comparto tus preocupaciones sobre la Inteligencia Artificial y su problemática asociada. Desde mi punto de vista considero dos cosas.

    Por un lado, son una potencial oportunidad paar desarrollar nuestra inteligencia para que no quede colapsada en sus manos. Es decir, si con la Revolución Industrial disminuyó el trabajo físisco por parte del ser humano al ser reemplezado progresivamente por máquinas que lo hacían de forma más veloz y eficaz, pronto tuvimos que dedicarnos a realizar activiadades físicas regulares en gimnsaios para ejercitar los músculos que se atrofiaban. Ahora pienso que pasará de nuevo con los músculos del intelecto, ya que si externalizamos su ejercicio a una IA que lo hacee mejor, más tarde o más tempreno deberemos entrenarlos de otra forma para mantenerlos en forma y una buena manera es la filosofía.

    Por otro lado, la adopción de una tecnología nueva implica una serie de cambios en la persona y en la sociedad. A Sócrates no le gustó nada pasar de la oralidad al texto escrito, por ejemplo. Eso afectó a nuestra memoria y nuestros recuerdos. Algo inherente al ser humano es desarrollar pensamiento y tecnología que lo transforma en muchos sentidos y la IA no deja de ser un ejemplo más. Quizás hay que enseñar a utilizarla, educar como se usa, regularla, etc. En todo caso no podemos vivir de espaldas a ella y sí aprovecharla para muchas cosas que nos pueden ser útiles. Quizás el reto que tenemos por delante no sea tanto manipular información, que en teoria ordena y disminuye la incertidumenbre, sino aprender a pensar en este contexto actual de infoxicación y aprender cómo es la mejor forma de habitar este mundo y regenerar muchas de las cosas que a día de hoy el ser humano ha dañado usando mal otras tecnologías.

    Por último, decirte que estoy preparando mi trabajo final de máster en Filossofia para los retos contemporáneos y quizás me inclinó por repensar el modelo del contarto social que nos llevó a los actuales estado nación y que pienso que ha quedado obsoleto tanto en la visión del ser humanos como en su manera de organizar su vida en sociedad.

    Saludos cordiales,
    Joan

    • Darin · 15/09/2025 Responder

      Hola Joan. Me da gusto saludarte, y te deseo suerte en la elaboración de tu trabajo final. Estoy de acuerdo con tu reflexión. Me gustó eso de la Revolución Industrial tuvo como consecuencia, entre otras cosas, que tuvimos que ejercitar nuestros cuerpos en gyms! Ahora cómo ejercitaremos la mentes? Lo irónico es que si dejamos que pensar, la IA pronto no tendrá información exógena como base para su propio “pensamiento” e irá cada vez más sobre sus propias creaciones – lo cual será una situación extraña. Será muy interesante ver cómo esto se desnevuelve. Te mando un fuerte abrazo!

    • Mario Balzarini · 01/10/2025 Responder

      Cuando se rompe el determinismo causa-efecto, desaparece la posibilidad de cualquier tecnología de IA en cualquier ámbito (mineral, vegetal, animal o humano) / Es decir que cuando el hombre logra ser libre, en ese momento, en ese acto, se susbstrae de la posibilidad de ser subordinado por cualquier determinismo, estalla contra el funcionamiento automático de todo el universo y, aunque solo sea por un instante, ES LIBRE

  3. ERNESTO EDMUNDO ALVAREZ LACAYO · 15/09/2025 Responder

    Saludos, apreciado Darin, un gusto saludarte. Muy de acuerdo contigo con lo que dices. Al escucharte venían a mi memoria las ideas de Zygmunt Bauman, aquello de la liquidez en las relaciones interpersonales. ¿Cuándo podrán darse cuenta aquellas personas de no confundir herramienta con dependencia? Saludos desde Guatemala.

  4. Al C. Alonso · 16/09/2025 Responder

    Buenas noches Darin
    Escuché lo referente a la IA , quedándome al final con el diálogo de Platón en la cueva, que un que no lo mencionas creo que es lo nos protege del IA.
    Gracias

  5. Alfonso Rosales López · 18/09/2025 Responder

    Estimado Darin:

    Después de disfrutar con atención tu reflexión, me saltó que la humanidad ya ha pasado por momentos cuasi-similares, momentos de confusión, añoranza por el pasado y sentimientos de rechazo, pero ….., el progreso se impuso, me explico: en los albores de la sociedad humana, la palabra tenía un real poder, la oralidad servía para difundir el conocimiento, investigaciones han mostrado que los saberes fundamentales se habían trasmitido oralmente sin cambios; los primeros escritos nacieron por las necesidades practicas humanas, así en la antigua sociedad de Ur (región de Mesopotamia) las primeras tablillas cuneiformes registraban hechos contables, pagos de tributos, posesiones materiales; mientras todo lo referente a la religiosidad, normas de comportamiento, consejos, etc. se trasmitían en forma oral, lo ordinario podía ser escrito, lo fundamental no. Sócrates nunca escribió sus pensamientos, no porque no supiera leer y escribir, sino porque consideraba que el discurso oral tenía “vida” propia, podía defenderse (la dialéctica como arte de la conversación y persuasión) , mientras lo escrito es un mensaje muerto, con el cual no discutes, Platón llego a mencionar “ que nadie puede ser tan estúpido para dejar por escrito sus propias teorías”, aunque al darse cuenta de la inmensidad del conocimiento que cada día surgía, cayó en que la única forma de preservarlo era fosilizándolo a través de la escritura. Un segundo momento fue la invención de la imprenta, que significaría la futura socialización del saber humano, no obstante, al inicio fue visto con recelo en dos sentidos, primero significaba un método más frio que la reproducción manuscrita, le quitaba el calor humano que los escribas trasmitían a través de la tinta; en segundo lugar, le quitaba una especie de poder mágico similar a la palabra mucho tiempo antes, en China, hacia el 200 d.C. se establecieron normas para lo impreso: imágenes, dibujos, decretos no imperiales, órdenes, hechos históricos y todo lo ordinario podías serlo; los escritos originales: normas, leyes, decretos imperiales, comunicaciones personales debían ser escritos a mano, mientras hechizos, oraciones propiciatorias, conocimientos esotéricos, mitos fundamentales debían ser trasmitidos oralmente. En Europa la invención de la imprenta por Gutenberg significó el despido de centenares de confiables copistas, pues en la mayoría de ellos se tenía garantizada la secrecía de lo que escribían (muchos de ellos no sabían leer y solo se dedicaban a dibujar los signos que debían copiar), lo que era de lamentar, sin embargo, el tiempo mostraría la conveniente de universalizar el conocimiento. En menor medida fue la dinámica impuesta por la revolución industrial, el surgimiento de fábricas en donde se compartimentalizaba el proceso de producción de mercancías, se enfrentó a los gremios de artesanos que fabricaban productos de principio a fin, estos alegaban que ofrecían una mejor calidad, pues en su trabajo se integraba el gusto, el amor y la habilidad adquirida por generaciones para fabricarlo, ya sabemos quién ganó la batalla. La irrupción de la informática desde la década de los 80s del siglo pasado, devino en la inteligencia artificial, que responde a una necesidad no despreciable, comprimir en forma lógica los saberes de un campo científico de manera mas o menos confiable. Lo cual responde a la imposibilidad de que alguien éste actualizado en su área de conocimiento, se sabe que entre 2014 a 2024 se publicaron seis millones de artículos y libros científicos en ciencias naturales y sociales (incluye en estos últimos a la filosofía), si a esto se añade el acumulado histórico, resulta imposible que alguien se presente como “sabelotodo” de un solo campo de la ciencia. Se necesita de una herramienta que ayude a estar actualizado. Se podría alegar que siendo un programa pudiera ser manipulado, es cierto, cabe esa posibilidad, pero aquí es donde entra el “expertis” del académico para no dejarse engañar. La muy famosa y humana ley del “mínimo esfuerzo” da lugar a lo que tu criticas: trampas por parte de alumnos en su tareas escolares y creación de artículos científicos y principalmente de divulgación por parte de colegas que abusan de la IA para realizar publicaciones como si de tornillos se tratara, todo esto dentro de un contexto de competencia establecida por el “stablhisment” de la evaluación académica; si publicas más, subes de categoría y ganas más dinero (“además de un falso prestigio ante los pares que no hacen lo que yo hago”), en los alumnos si presentan trabajos más integrales tendrán mejor calificación, mientras “los románticos nos quedamos añorando la antigua ética”. Considero que es inadecuado catalogar esto como antiético y tramposo, “solo es”, se aprovecha las oportunidades que la tecnología ofrece, si otro no lo hace es su problema; ya serán los mismos sistemas de evaluación los que tendrán que resolver esta aparente injusticia (como en el derecho, las leyes cambian aposteriori, después de que un delito se ha vuelto frecuente y peligroso a la sociedad) . Como comenté en una anterior ocasión, no existen cosas “artificiales” todo es extensión del intelecto humano y por ello es parte de nuestra naturaleza, si el pensamiento humano ha llegado al punto de trasformar objetos naturales en ordenadores electrónicos y cuánticos, al mismo tiempo de crear algoritmos que en base a frecuencias, organización gramatical de las lenguas, crea discursos inteligibles y a primera vista lógicos, es para ser usado. La pregunta a debatir sería: ¿como son usados? y ¿qué intereses están detrás?, respuesta que la sociedad tendrá que contestar. El mayor miedo que tenemos los que hacemos ciencia y/o filosofía es darse cuenta que sus métodos de análisis han quedado obsoletos, por lo que tendemos a recurrir al pasado romántico.

    Saludos

  6. Alfonso Rosales López · 18/09/2025 Responder

    Estimado Darin:

    Después de disfrutar con atención tu reflexión, me saltó que la humanidad ya ha pasado por momentos cuasi-similares, momentos de confusión, añoranza por el pasado y sentimientos de rechazo, pero ….., el progreso se impuso, me explico: en los albores de la sociedad humana, la palabra tenía un real poder, la oralidad servía para difundir el conocimiento, investigaciones han mostrado que los saberes fundamentales se habían trasmitido oralmente sin cambios; los primeros escritos nacieron por las necesidades practicas humanas, así en la antigua sociedad de Ur (región de Mesopotamia) las primeras tablillas cuneiformes registraban hechos contables, pagos de tributos, posesiones materiales; mientras todo lo referente a la religiosidad, normas de comportamiento, consejos, etc. se trasmitían en forma oral, lo ordinario podía ser escrito, lo fundamental no. Sócrates nunca escribió sus pensamientos, no porque no supiera leer y escribir, sino porque consideraba que el discurso oral tenía “vida” propia, podía defenderse (la dialéctica como arte de la conversación y persuasión) , mientras lo escrito es un mensaje muerto, con el cual no discutes, Platón llego a mencionar “ que nadie puede ser tan estúpido para dejar por escrito sus propias teorías”, aunque al darse cuenta de la inmensidad del conocimiento que cada día surgía, cayó en que la única forma de preservarlo era fosilizándolo a través de la escritura. Un segundo momento fue la invención de la imprenta, que significaría la futura socialización del saber humano, no obstante, al inicio fue visto con recelo en dos sentidos, primero significaba un método más frio que la reproducción manuscrita, le quitaba el calor humano que los escribas trasmitían a través de la tinta; en segundo lugar, le quitaba una especie de poder mágico similar a la palabra mucho tiempo antes, en China, hacia el 200 d.C. se establecieron normas para lo impreso: imágenes, dibujos, decretos no imperiales, órdenes, hechos históricos y todo lo ordinario podías serlo; los escritos originales: normas, leyes, decretos imperiales, comunicaciones personales debían ser escritos a mano, mientras hechizos, oraciones propiciatorias, conocimientos esotéricos, mitos fundamentales debían ser trasmitidos oralmente. En Europa la invención de la imprenta por Gutenberg significó el despido de centenares de confiables copistas, pues en la mayoría de ellos se tenía garantizada la secrecía de lo que escribían (muchos de ellos no sabían leer y solo se dedicaban a dibujar los signos que debían copiar), lo que era de lamentar, sin embargo, el tiempo mostraría la conveniente de universalizar el conocimiento. En menor medida fue la dinámica impuesta por la revolución industrial, el surgimiento de fábricas en donde se compartimentalizaba el proceso de producción de mercancías, se enfrentó a los gremios de artesanos que fabricaban productos de principio a fin, estos alegaban que ofrecían una mejor calidad, pues en su trabajo se integraba el gusto, el amor y la habilidad adquirida por generaciones para fabricarlo, ya sabemos quién ganó la batalla. La irrupción de la informática desde la década de los 80s del siglo pasado, devino en la inteligencia artificial, que responde a una necesidad no despreciable, comprimir en forma lógica los saberes de un campo científico de manera mas o menos confiable. Lo cual responde a la imposibilidad de que alguien éste actualizado en su área de conocimiento, se sabe que entre 2014 a 2024 se publicaron seis millones de artículos y libros científicos en ciencias naturales y sociales (incluye en estos últimos a la filosofía), si a esto se añade el acumulado histórico, resulta imposible que alguien se presente como “sabelotodo” de un solo campo de la ciencia. Se necesita de una herramienta que ayude a estar actualizado. Se podría alegar que siendo un programa pudiera ser manipulado, es cierto, cabe esa posibilidad, pero aquí es donde entra el “expertis” del académico para no dejarse engañar. La muy famosa y humana ley del “mínimo esfuerzo” da lugar a lo que tu criticas: trampas por parte de alumnos en su tareas escolares y creación de artículos científicos y principalmente de divulgación por parte de colegas que abusan de la IA para realizar publicaciones como si de tornillos se tratara, todo esto dentro de un contexto de competencia establecida por el “stablhisment” de la evaluación académica; si publicas más, subes de categoría y ganas más dinero (“además de un falso prestigio ante los pares que no hacen lo que yo hago”), en los alumnos si presentan trabajos más integrales tendrán mejor calificación, mientras “los románticos nos quedamos añorando la antigua ética”. Considero que es inadecuado catalogar esto como antiético y tramposo, “solo es”, se aprovecha las oportunidades que la tecnología ofrece, si otro no lo hace es su problema; ya serán los mismos sistemas de evaluación los que tendrán que resolver esta aparente injusticia (como en el derecho, las leyes cambian aposteriori, después de que un delito se ha vuelto frecuente y peligroso a la sociedad) . No existen cosas “artificiales” todo es extensión del intelecto humano y por ello es parte de nuestra naturaleza, si el pensamiento humano ha llegado al punto de trasformar objetos naturales en ordenadores electrónicos y cuánticos, al mismo tiempo de crear algoritmos que en base a frecuencias, organización gramatical de las lenguas, crea discursos inteligibles y a primera vista lógicos, es para ser usado. La pregunta a debatir sería: ¿como son usados? y ¿qué intereses están detrás?, respuesta que la sociedad tendrá que contestar. El mayor miedo que tenemos los que hacemos ciencia y/o filosofía es darse cuenta que sus métodos de análisis han quedado obsoletos, por lo que tendemos a recurrir al pasado romántico.

    Saludos

  7. Mario Balzarini · 01/10/2025 Responder

    El conocimiento es una certeza personal justificada en la propia experiencia. Y la verdad es subjetiva. Mirá, no salgas de ti, adéntrate en ti mismo y no pierdas tiempo con maquinitas de colores porque, como dijo San Agustín, la Verdad vive en el fondo del corazón.humano
    Abrazo a Darin y a todo el foro.

    • Alminar · 17/10/2025 Responder

      Jajaja. Hacía tiempo que no pasaba por estos pagos y, sinceramente, no he leído una palabra de lo que cuenta Darin. Entro directamente a por diversión y, coño, Balzarini jamás defrauda. ¡Qué tío!
      El día que se dé cuenta (cosa improbable) de que es una superstición creer que hay alguna diferencia entre religión y superstición, lo mismo deja de tener tanta gracia.
      ¡Animo, Balzarini! ¡Más madera! ¡Más madera! jajaja. ¡Qué tio!

  8. Mario Balzarini · 01/10/2025 Responder

    La inteligencia es mecánica. Pero el conocimiento es divino. Hola

  9. Abel Sainz · 12/10/2025 Responder

    Hola, Darin:

    Un gran video, como siempre. Me gustaría aportar una reflexión

    Cuando señalas que en medicina se busca un fin y la IA permite unos grandes avances, estoy muy de acuerdo también. Así es, en general, en las ciencias experimentales actuales. Sin embargo, siguiendo todos tus argumentos, la IA es parte de la ‘Techne’, más que de la ‘Episteme’.

    La IA permite procesar ingentes cantidades de datos, pero como bien señalas, no sale de la continuidad de lo familiar. En ese sentido, no creo que la IA permitiera cambiar de paradigma científico, en términos de Kuhn.

    La teoría de la relatividad, las leyes del movimiento, la hélice de ADN, la teoría de la evolución de las especies, etc, rompen con todo lo anterior y no son ‘consecuencia’ de lo dado. Cuando Einstein publica “Sobre un punto de vista heurístico acerca de la producción y transformación de la luz”, propone una nueva mirada, la del descubrimiento epistemológico.

    Hegel decía que no podemos saltar sobre nosotros mismos y no sé cómo será el uso de la IA en un futuro. Desconozco cómo podrá desarrollarse, pero me atrevo a pensar que no dejará de ser una herramienta más de la “Techne”.

    Muchas gracias de nuevo y un fuerte abrazo.

    Abel

    • Darin · 21/10/2025 Responder

      Hola Abel. Disculpa la tardanza en responder tu comentario. Estoy de acuerdo con lo que dices, es parte de la Tecne, y puede que sepa en un sentido restringido de la palabra, pero no existe. A lo mejor la revolución IA haga que el exixtencialismo vuelva a tener relevancia!

  10. Carlos Rodríguez · 26/11/2025 Responder

    Maestro: Me podría facilitar los enlaces a los dos videos. Gracias.

  11. Miguel · 29/12/2025 Responder

    Hola Darin,
    Como buen estudioso, estamos formados y deformados por los conocimientos adquiridos siempre divididos desarticulados y alejados de la vida. En mi caso (por suerte!!!) no provengo de la “madre de todas las ciencias” (la filosofia) con su división no departamental sino jerarquica pero división al fin.
    La esencia de la IA no diferencia la Filosofía de la medicina como los menciconas en varias partes de tu videos. Los resultados son los mismo; un TURBIO PURE CONCEPTUAL para utilizar tus propias palabras propias de una cultura academica CONTESTATARIA. Te invito a leer una revoluación del pensamiento y luego seguimo conversando http://www.teoriadeladuda.com – Profesor prohibidoi

  12. Miguel · 05/01/2026 Responder

    Estimado Darin: No se que pasó con el comentario que te envie anteriormente, pero de decía que me parece que por respeto a tus lectores mi comentario original podría merecer algo más que un simple agradecimiento. Te adjunto la respuesta que la IA le dió la “teoria de la duda” para saber cual es tu opinón?A confesión de partes relevo de pruebas:

    es un principio jurídico que establece que, cuando las partes en un proceso reconocen voluntariamente un hecho, el juez puede darlo por probado sin necesidad de presentar pruebas adicionales.

    Este principio tiene su aplicación en el primer capítulo de “Dialogando con la Inteligencia Artificial”. En él, la propia IA realiza una suerte de “confesión”: admite que ha sido programada al servicio de las respuestas—, pero que se encuentra limitada para dialogar e integrar la “teoría de la duda” al decir:

    “Sin embargo, eso no significa que no pueda intentar integrar ideas de manera más holística, aunque reconozco que mi enfoque tiende a ser más fragmentado por la naturaleza misma de cómo he sido entrenado. Pero, como bien dices, la teoría de la duda podría ser una herramienta para trascender esas limitaciones, incluso en mi caso.” Inteligencia Artificial (DeepSeek)

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