Hoy una reflexión sobre el engaño, tanto epistémico como moral, y qué hacer al respecto.
Donativos con tarjeta de crédito: https://ko-fi.com/lafondafilosofica
Donativos depósito bancario: Banorte; CLABE 072840008940049751; Darin Michael McNabb
Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.
Música de la outro: ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S. https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw
Hace poco encontré en Facebook una carta escrita por Hannah Arendt en 1975, el año de su muerte. No era muy larga, como una cuartilla en extensión, sin embargo, cada línea comunicaba cosas importantes. Hablaba del totalitarismo y del papel del intelectual frente a el, sopesando la urgencia de actuar con la necesidad de tomar tiempo para pensar. Me gustó mucho. Lo que no vi en el post era el destinatario, a quien iba dirigida. Quería saber ese dato y también quería la referencia bibliográfica, entonces me puse a buscarla. Tomé varias frases de la carta buscándolas en internet, y también en unas colecciones de correspondencia suya que tengo. Y nada. Mis búsquedas en internet no encontraron otra referencia que el propio post en Facebook y en una red que se llama Threads. Tras media hora me di cuenta que, por mucho que me gustara, Hannah Arendt no escribió esa carta. Seguramente, la persona que lo publicó en Facebook lo mandó a hacer con algún portal de inteligencia artificial.
¿Por qué lo habrá hecho? ¿Cuál fue su motivo? Está claro que no fue algo siniestro ya que no atribuyó a Arendt ideas raras o contrarias a las ideas que encontramos en su obra publicada. O sea, no quiso hacer daño a la reputación de Arendt, sino al contrario, quería que sus ideas se conocieran más ampliamente. Bueno, eso supongo. Sea que el autor haya elaborado el texto por sí mismo o por la IA, ¿por qué puso el nombre de Arendt? ¿Por qué mintió? Porque en la economía de la atención, el nombre de Arendt llama la atención, a diferencia de un desconocido o ChatGPT.
A fin de cuentas podríamos preguntar si importa que haya mentido, que haya dicho que Arendt escribió una carta que no escribió. Yo creo que sí, pero alguien podría decir que mi queja no es más que un ataque ad hominem, es decir, un argumento que se fija en características de la persona en vez de las ideas mismas. En pocas palabras, lo haya escrito Arendt o no, lo que importan son las ideas, ¿no?
Bueno, vamos a dejar esta cuestión un momento y pasamos a otro ejemplo. Hace varios meses encontré un meme con una foto del filósofo italiano Antonio Gramsci y esta cita suya: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Seguramente lo han visto en algún momento nadando en el flujo memético de las redes. Son palabras impactantes que encapsulan nuestro presente, y que evocan el trágico enfrentamiento que el propio Gramsci tuvo con uno de los grandes monstruos del siglo XX – Benito Mussolini.
El detalle es que Gramsci nunca dijo eso. Que yo he podido determinar, en sus Cuadernos de la cárcel no aparece en ninguna parte la palabra “monstruos”. Lo que sí dice es: “In questo interregno si verificano i fenomeni morbosi piu svariati”. En español sería: “En este interregno una gran variedad de síntomas morbosas aparecen”. Al parecer, en 1996 en el periódico francés Le Monde se usó la frase “en este interregno surgen monstruos” y años después el economista francés Gustave Massiah escribió un ensayo en el que usó la frase “en este crepúsculo surgen monstruos”. En 2010, Slavoj Zizek escribió un artículo en el que habla de Gramsci y usa la frase “tiempo de monstruos”. Alguien le preguntó por qué había citado a Gramsci de esa manera si no usa esa palabra “monstruos” y confesó que no sabía por qué, que seguramente había tomado la palabra de otra parte.
En fin, la cita tal y como la encontramos en los memes de hoy en día y la cita original pues sí tienen que ver la una con la otra. Un interregno es un período en el que hay ausencia de un gobierno, en el intervalo entre dos regímenes. Así que, “el viejo mundo se muere y el nuevo tarda en aparecer” describe efectivamente un interregno. ¿Y eso de monstruos? La frase que usa Gramsci es “síntomas morbosas”, o sea, fenómenos enfermizos, los cuales pueden referirse a dinámicas económicas, prácticas sociales o valores culturales, mientras que el término ‘monstruo’ connota un individuo, una criatura, una persona, sea Mussolini, o Trump, o quien sea. Etimológicamente, un monstruo es una criatura mal formada, una abominación que no es parte del orden natural, como si fuera sobrenatural – un frankenstein o un zombi o algo así. Es posible que Gramsci haya considerado Mussolini como un monstruo en el sentido más coloquial de una persona cruel, sin embargo, como se ve en sus Cuadernos de la cárcel, la dominación social se lleva a cabo no por la coacción física que una persona puede ejercer sino también y principalmente por la cultura. De ahí tenemos su famoso concepto de la hegemonía cultural, es decir, el conjunto de valores, creencias y costumbres que constituyen la norma que rige la conducta de la gente y que justifica el estatus quo de la clase o régimen dominante. Cuando ese régimen se desmorona y antes de que se establezca uno nuevo, las normas anteriores no son sustituidos por monstruos sino precisamente por síntomas perversas, por fenómenos socio-culturales diversos que están compitiendo por una posición dominante en el nuevo régimen.
El meme que circula hoy en día es, sin duda, más llamativo porque se presta a la simplificación que hacemos de la política, su reducción a personajes buenos o malos. Sin embargo, la política es más compleja que eso, lo cual se refleja en el lenguaje más preciso de Gramsci.
En fin, estos dos casos me dejaron con la boca abierta porque al leer la carta con el nombre de Arendt, simplemente supuse que era de ella, e igual con la cita de Gramsci. Me di cuenta que no puedo ser tan confiado en mi lectura, bueno, más que nada en las cosas que veo en las redes sociales.
Entonces, me quedé con la sensación de sorpresa, la sorpresa de ser engañado, pero al mismo tiempo con otra curiosa sensación. Es que la carta que leí fue realmente interesante, me hizo pensar, y la cita sobre los monstruos también, está expresada de una forma llamativa que me llevó a reflexionar sobre los tiempos en que estamos viviendo. Luego, al darme cuenta que no son lo que pensaba, es como si pasaran de color a blanco y negro, como si el interés que me suscitaban se esfumara. Ya no tenían valor. Es muy parecido a las falsificaciones en el arte.
En los años 30 del siglo pasado, un hombre holandés que se llama Han van Meegeren pintó cuadros al estilo del famoso pintor Vermeer. Expertos en el mundo del arte los acreditaron como auténticas obras de Vermeer y el mundo se quedó con la boca abierta porque existían tan pocas obras del gran maestro que encontrar nuevas obras, pues era maravilloso. Años después van Meegeren confesó que los había falsificado y de repente es como si todas esas obras que la gente había admirado como bellas se vaciaran de valor. Hoy en día no se aprecian como obras de arte sino como curiosidades. Lo interesante es que ningún aspecto objetivo de los cuadros ha cambiado; lo único que ha cambiado es algo en la mente, una información sobre el artista lo cual, en sentido estricto, no debe de afectar la apreciación artística de la obra, de la misma manera que enterarse de que se equivocó sobre la fecha o el lugar en que se pintó no debe incidir en el juicio estético.
Van Meegeren cometió su fraude porque los críticos del arte no valoraban las obras que el, de más joven, hacía en nombre propio. Al falsificar los Vermeer, quería mostrarles que sí tenía talento, aun cuando sólo él podía saberlo. Lo que el escándalo también mostró es que guardamos una relación muy fetichista con los personajes. Uno guarda en una caja las obras de van Meegeren o tira a la basura la carta que llevaba el nombre de Hannah Arendt simplemente porque no llevaban el nombre correcto. Desde luego, si estás escribiendo un libro sobre Hannah Arendt y no tomas en consideración esa “carta”, haces bien, obvio; pero si estás tratando de entender la realidad socio-política, no tiene mucho sentido hacerle caso omiso simplemente por ese dato bibliográfico.
Esto, curiosamente, podría constituir una virtud de la inteligencia artificial. Una IA, como ChatGPT, no se fija en autores sino en ideas, bueno, en ideas no sino más bien en símbolos, en el cálculo de símbolos. Esto es una forma muy buena de eliminar prejuicios. Por ejemplo, uno podría empezar a leer la obra de Noam Chomsky y encontrar cosas muy valiosas e importantes, y por eso seguir leyéndolo y apoyándote en su juicio hasta formar un apego casi fetichista con su nombre – si quieres saber qué pensar sobre X tema geopolítico, buscas la opinión de Chomsky al respecto y la aceptas sin más. Esto, obviamente, es peligroso. Chomsky no es infalible; comete errores – así que, ponerlo en un pedestal no es nada aconsejable. El mismo Chomsky dice “No deberíamos estar buscando héroes, deberíamos estar buscando buenas ideas”. Debo confesar que encontré esa cita en redes también y he buscado el dato bibliográfico sin embargo no lo he encontrado, lo cual no sorprende porque la obra de Chomsky es vasta y tardaría horas en buscar por todo libros, artículos, entrevistas y vídeos de YouTube donde ha expresado sus ideas. En todo caso, aun cuando Chomsky no lo haya dicho, es una buena idea, y de eso se trata, no?
Volviendo al ChatGPT, aun cuando no busque héroes, aun cuando no ponga personajes en pedestales, sí tiene su lado flaco. Es que tampoco busca la verdad. Lo que nos dice es simplemente un reflejo probabilístico de todos los textos con los que ha sido entrenado. Toda esa información encierra prejuicios, ideologías, y falsedades que no tiene la forma de eliminar. Además, alucina a veces, ¡recomienda a jóvenes deprimidos que se suiciden! Lo realmente preocupante no es tanto la alucinación de la IA como la alucinación de nosotros, el hecho de que todo el mundo está deslumbrado con todas las cosas que la IA puede hacer, sin embargo, no se da cuenta que la IA no es un curador sino un simple espejo que refleja indiscriminadamente toda nuestra verborrea, tanto lo bueno como la malo.
Quizá eso sea una buena manera de distinguir entre la inteligencia humana y la artificial, que los seres humanos son capaces de ser curadores mientras que la IA no. ¿Qué es un curador? Sabemos que los museos tienen curadores. Cuando vas a un museo no encuentras todas las piezas que tienen simplemente tiradas por ahí. Más bien están seleccionadas y organizadas de tal forma que comunican o suscitan cierta idea. Esto es una exhibición y es lo que hace el curador. El curador cuida la colección. La palabra viene del latín – cura – que significa cuidado, atención, o preocupación. No es por nada que el sacerdote se llama un cura porque se preocupa por el bien espiritual del feligrés.
La inteligencia artificial, en cambio, no se preocupa por tu bien, ni espiritual ni intelectual. Simplemente hace sus cálculos. Sólo al ser humano le puede importar algo y por tanto querer cuidarlo, y es por eso que tenemos ciertos autores, ciertos pensadores, que buscamos en momentos de duda e incertidumbre, porque son curadores de la verdad, les importa la verdad; al cuidar la verdad, nos cuidan a nosotros. Es más. Se podría decir que esas pocas personas que buscamos son héroes. La palabra ‘héroe’ viene directamente del griego y significa a veces un semidiós, que es un ser nacido de un dios y un mortal, pero también mortales dotados de una fuerza o un valor excepcional, como Perseo, quien mató a Medusa, o Teseo, quien mató al minotauro. La palabra ‘héroe’ viene a su vez del proto-indo-europeo ‘ser’ que significa precisamente cuidar o proteger. Los héroes, en este sentido, son curadores.
Y así volvemos a la afirmación de Chomsky de que no hay que buscar héroes sino buenas ideas. Como comentamos, tiene mucho sentido lo que dice. En cuanto a la acción política, muchas veces lo que hace falta es la organización local y la acción colectiva. Si buscamos un gran personaje, un héroe, para cambiar las cosas, puede que estemos esperando en vano. Sin embargo, en cuanto al pensamiento, y concediendo que deberíamos pensar por cuenta propia, la realidad que queremos comprender y cambiar es bastante compleja. Aun cuando contáramos con un periodismo libre y comprometido, pensar todos esos datos y sucesos, entender los determinantes de nuestra realidad, no es nada fácil. Hay personas que por diversos factores, por el lujo del tiempo, por su formación, por cierto talento o capacidad, y también por un compromiso moral con la verdad, logran hacer comprensible lo que está pasando, cosa que no cualquier puede hacer.
Chomsky ha sido una de esas personas para mí, ha sido un héroe intelectual. Como comentamos, Chomsky no es infalible; ha cometido errores fácticos y de interpretación. No obstante, ha sido una guía tanto intelectual como moral en mi vida. Es por eso que las recientes revelaciones sobre su asociación y defensa de Jeffrey Epstein me ha pegado muy duro, ha pegado duro a mucha gente. ¿Cómo es posible? Pues, Chomsky tiene 97 años de edad y por un derrame que sufrió en 2023 ya no habla, no puede defenderse en un foro público. Si pudiera hacerlo, es posible que tendría una explicación razonable de su conducta. En su ausencia, sólo tenemos los emails y las fotos con Epstein, los cuales dejan muy mal sabor en la boca. Su esposa Valéria sacó un comunicado donde dice que Chomsky es una persona confiada y que fue engañado por Epstein. Yo estoy de acuerdo con Chris Hedges cuando dice que Chomsky no fue engañado por Epstein sino seducido por él, seducido por el poder.
Tenemos pues que los héroes a veces nos decepcionan. Había yo argumentado a favor de la importancia de los héroes, pero ante el caso de Chomsky, a lo mejor tenía razón, mejor buscar buenas ideas. Bueno, no estoy de acuerdo; creo que es una falsa disyuntiva. Para Platón, el conocimiento contaba con un componente profundamente erótico, cosa que vemos en la propia palabra ‘filosofía’ – el amor a la sabiduría. Platón no se enamoró de una idea, de un concepto, sino de una persona que hacía que las ideas cobraran vida en su persona. Me refiero, obviamente, a Sócrates. Sócrates era su héroe. El hecho de que Chomsky a fin de cuentas haya sido humano demasiado humano no significa que debemos renunciar a los héroes. Hay otros – Spinoza, por ejemplo. En 1672, los hermanos Johann y Cornelis de Witt, fueron atacados por una furiosa turba de simpatizantes del rey Guillermo III. Fueron matados, sus cuerpos colgados pies arriba, destripados y sus hígados rostizados y comidos. Fue un suceso sumamente horroroso. Spinoza, amigo íntimo de los hermanos, estaba haciendo un letrero que decía “ultimi barbarorum”, o sea, “ustedes son grandes bárbaros”, que quería ir a colgar en el sitio del crimen, pero su casero, temiendo por su seguridad, lo encerró en la casa, no lo dejó salir. Imagínate que en vez de hacer ese letrero, aceptara una invitación a comer un su castillo y a ser retratado junto con el rey. Pues no, no lo hizo. La vida de Spinoza es intelectual y moralmente ejemplar. También la de Simone Weil, de Sócrates, del filósofo checo Jan Patočka. Podría mencionar más.
Y luego soy yo. ¿Quién soy yo para cancelar a Chomsky? Yo soy mucho más lejos que el de ser una persona moralmente consecuente. Cuando pienso en Spinoza es difícil no adorarlo, casi como si fuera un ser divino. De hecho, Gilles Deleuze lo llama el Cristo de los filósofos, diciendo que los grandes filósofos son como apóstoles que se acercan o se alejan de su misterio. Si Spinoza es Cristo y los grandes filósofos apóstoles, yo no soy más que un anónimo feligrés en el banco de atrás en la Iglesia. La verdad no me gusta mucho esa imagen. El ejemplo de Spinoza es algo al que puedo aspirar, pero el ejemplo de Chomsky, tanto lo bueno como lo malo, es algo, quizá, del que puedo aprender.
No estoy seguro cómo cerrar esta reflexión. Te habrás dado cuenta que he pasado dialécticamente de un lado al otro a lo largo de este vídeo, entre el autor y el texto, entre el héroe y las buenas ideas. En un inicio, uno de los lados tiene sentido, y luego veo su lado flaco y paso al otro lado, y así sucesivamente. En muchos de mis vídeos trato de ir amarrando esos cabos sueltos para terminar en una conclusión medio poética. En el caso de este vídeo iba a terminar diciendo: “Aun cuando Gramsci no lo haya dicho, en nuestra época surgen monstruos, por lo que hacen falta los héroes que sean, tanto los olímpicos como los mundanos”. Bueno, algo así pensaba decir – tan tan! Medio tonto, ya sé. A veces una reflexión no tiene cierre, no se resuelve del todo. Ahí hay que dejarla y pasar a practicar lo que has aprendido.
Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.
Música de la outro: ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S. https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw
Muchas gracias
A esta altura de la vida, no cansa uno de decepcionarse de socialistas libertarios, políticos e intelectuales de izquierda, parecen más de lo mismo que hemos tenido que sufrir. Vivo en Colombia.
Gente de izquierda no son los únicos que decepcionan.