Hoy pasamos al segundo capítulo de la primera parte a discutir un poco su sistema de categorías y luego a una discusión extensa del protagonista de Proceso y realidad – las entidades actuales.
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Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.
Música de la outro: ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S. https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw
En el último vídeo les dije que no encontraba la edición más actualizada de Proceso y realidad, la de Atalanta. Una persona me escribió para decirme: “Maestro, yo lo tengo, se lo mando!” Y luego otra me escribió, y otra, y otra, creo que unos 15 en total. Agradezco a todos los que estaban pendientes de mí – gracias.
Se podría decir que la lectura y comprensión de una obra de filosofía, especialmente las grandes obras metafísicas, es como un rompecabezas. El texto está compuesto de diversos conceptos y argumentos que se relacionan entre sí de determinada manera, como las piezas del rompecabezas. Si tomamos una obra como La ética de Spinoza, la presentación de sus conceptos es muy lógico y ordenado. Parte de la infinita substancia que es Dios del que, paso por paso, se deducen todos los demás elementos del sistema. Es como si el rompecabezas se armara empezando con la pieza de la esquina superior a mano izquierda, juntando pieza tras pieza en esa fila, luego bajando a la siguiente fila, mano izquierda y repitiendo el proceso. En el mundo real, los rompecabezas no se arman así, sino de forma más o menos aleatoria – se juntan dos piezas acá y dos piezas allá y poco a poco va emergiendo una imagen. Al menos, la tapa de la caja trae una imagen para que uno se guíe. En el caso del rompecabezas que es Proceso y realidad, su caja ni siquiera trae una imagen en la portada para orientarnos un poco. Eso al menos es la sensación que da.
Bueno, no es tan extremo como eso. Si eres como yo, la primera cosa que se hace con un rompecabezas es armar sus bordes con las piezas que traen un lado recto. Whitehead sí nos indica cuales son esas piezas. La vez pasada, tratamos el primer capítulo de la primera parte (el libro consta de cinco partes). En el segundo capítulo de la primera parte dice: “Este capítulo contiene un esbozo de las nociones primarias que constituyen la filosofía del organismo”. Estas nociones primarias o genéricas son lo que en filosofía se llaman categorías, es decir, conceptos de suma generalidad a los que cualquier aspecto de la experiencia tiene que hacer referencia. De hecho así se llama este segundo capítulo – “El sistema categorial”. Si se tratara de las categorías de Hegel o de Peirce, habría una lista de tres categorías; en el caso de Aristóteles – 10; y para Kant, un total de 12. Whitehead elabora una lista de unos 47 categorías. Eso francamente me parece algo exagerado. Si de conceptos fundamentales se trata, no debería haber tantos – 3, 10, 12, ok, ¿pero 47? Por otro lado, el mundo que Whitehead está tratando de entender no es en mayor parte el que la tradición ha tratado, un mundo del ser con cosas o substancias guardando relaciones externas entre sí. El mundo que él describe no es un mundo del ser sino del devenir, un mundo procesual, un cosmos cuyos elementos no están mecánicamente relacionados sino orgánicamente interrelacionados. A lo mejor, unas cuantas nociones parcas no sean suficientes para captar semejante realidad. En todo caso, Whitehead es humilde al respecto. Dice: “El propósito de estas lecciones es aclarar el significado de estas categorías, su aplicabilidad y su adecuación. A lo largo de la discusión se pondrá de manifiesto lo lejos que están de satisfacer ese ideal”. Recuerda la metáfora del avión que vimos en el último vídeo, que vuela en las nubes teóricas y luego aterriza, aplica sus ideas, ve que no todo encaja, entonces vuelve a subir a rectificar o matizar. Es un proceso pues, lo cual no ha de extrañar.
Bien, Whitehead distribuye las categorías en cuatro clases básicas. La primera la llama la Categoría de lo Último. Este último es la creatividad, la cual describe la dinámica del antiguo tema de lo uno y lo múltiple. Dice Whitehead que el ser de una entidad actual es constituido por su devenir, por el proceso de constituirse. Ese proceso consiste en sentir el mundo circundante, sentir los múltiples entidades actuales que han dejado de devenir y que ya están en el pasado, sentir los datos o información que se encuentra en ellas, tejiendo la información de esa multiplicidad para constituir una entidad actual nueva. Como comenta Whitehead: “Los muchos devienen uno y aumentan en uno”. O sea, lo múltiple pasa a lo uno, pero este nuevo uno a su vez constituye uno más de lo múltiple, que a su vez servirá para constituir una nueva entidad actual y así sucesivamente. Esto, en pocas palabras, constituye la vida del cosmos en su constante avance hacia lo novedoso. Y aquí tenemos muy ligeramente esbozada la imagen que debería ir en la portada de la caja. Esta imagen, esta dinámica, es lo que vamos a explorar y desmenuzar a lo largo del libro, y es lo que las categorías estructuran. Bueno, la creatividad entonces es la categoría de lo último. Luego están las Categorías de la Existencia, que expresan los ocho tipos de entidades que ontológicamente constituyen el universo. Esto es seguido de las Categorías de la Explicación que expresan las 27 maneras en que deben entenderse los procesos en los que interactúan las entidades. Como final está lo que llama las Obligaciones Categoriales, las cuales expresan los 9 requerimientos o condiciones que todo proceso debe cumplir.
Todo esto está enumerado, categoría tras categoría, con breves descripciones de la naturaleza de cada una. Leyendo todo esto de golpe es abrumador. Es como si todas estas categorías constituyeran las piezas del borde del rompecabezas pero con poca indicación de lo que va en medio. El mismo Whitehead lo reconoce. Empieza el segundo capítulo diciendo: “Este capítulo contiene un esbozo de las nociones primarias que constituyen la filosofía del organismo. El conjunto de la argumentación que sigue en estas lecciones tiene como finalidad hacer inteligible este resumen”. Básicamente, está diciendo que todo el contenido del segundo capítulo es ininteligible. Así que, si lo lees y te saca de onda, no te preocupes, es normal. Iremos comprendiéndolo a lo largo del libro. A continuación, en el capítulo tres, se pone a hablar de Dios y su naturaleza, lo cual puede ser muy confuso si uno no entiende el contexto que lo requiere y la función que funge. Es esta forma de iniciar su libro lo que ahuyenta a la mayoría de sus lectores. En total incomprensión, cierran el libro y pasan a otra cosa.
Bueno, espérense. En el segundo capítulo donde comenta la ininteligibilidad de la bruta presentación de las categorías, a continuación dice: “De este resumen podemos destacar cuatro nociones, por el hecho de que implican alguna divergencia respecto del pensamiento filosófico anterior. Dichas nociones son: la de «entidad actual», la de «prehensión», la de «nexo» y la de «principio ontológico»”. Ahora sí, eso es mucho más manejable. Lo que Whitehead nos presenta aquí son los conceptos básicos de su sistema, el protagonista principal siendo la “entidad actual”. En el Prefacio dice: “La doctrina positiva de estas lecciones tiene que ver con el devenir, el ser y el carácter relacional de las «entidades actuales»”. Todo gira en torno a ellas, así que vamos a empezar citando varias partes del texto donde Whitehead habla de ellas para alcanzar una comprensión inicial de su naturaleza. Pero recuerda, dado el carácter orgánico de su sistema, ninguno de sus elementos puede entenderse plenamente en abstracción de los demás. Entonces nuestra lectura va a seguir la dinámica de lo que en la hermenéutica se conoce como el círculo hermenéutico, lo cual parte de elementos o particularidades, pasando luego a cierta concepción de la totalidad, la cual, al volver a los particulares enriquece y amplía nuestra comprensión de ellas, la cual a su vez amplía nuestra comprensión de la totalidad – todo esto muy parecido a la metáfora del avión que menciona Whitehead.
Empecemos con un párrafo del segundo capítulo. Dice Whitehead: “Las «entidades actuales» -llamadas también «ocasiones actuales»- son las cosas reales últimas de las que se compone el mundo. No es posible ir más allá de las entidades actuales para encontrar algo más real. Se diferencian entre sí: Dios es una entidad actual, como también lo es el más trivial soplo de existencia en el último rincón del espacio vacío. Pero, aunque hay gradaciones de importancia y diversidades de función, los principios ejemplificados por la actualidad se hallan todos al mismo nivel. Los hechos finales son, todos por igual, entidades actuales, y esas entidades actuales son gotas de experiencia, complejas e interdependientes”.
Hay mucho aquí que hay que comentar y desmenuzar. Primero, un par de comentarios sobre el término ‘entidad actual’. Dice que las entidades actuales también pueden llamarse ocasiones actuales. Francamente, este segundo término me parece más apto ya que ‘ocasión’ connota o implica el tiempo, es decir, un momento o un lapso de tiempo en el que algo sucede o un proceso tiene lugar. El término ‘entidad’ en cambio puede fácilmente connotar una cosa estática, una substancia. La frase ‘entidad actual’, tanto en el texto de Whitehead como en la literatura secundaria parece ser la más común, así que de aquí en adelante es la que voy a emplear, sólo que debemos tener en cuenta que la entidad actual no es una cosa sino un proceso. El segundo detalle es que las entidades actuales son, como dice, “las cosas reales últimas de las que se compone el mundo”. Sin embargo, no son las únicas cosas reales. En su lista de las Categorías de la Existencia aparecen cosas como prehensiones, proposiciones, objetos eternos, etc. Esas cosas no son ficciones, son en efecto reales o, digamos, son entidades, sólo que no existen como plenas actualidades independientes, no son entidades actuales.
Para Whitehead, es importante no confundir otras entidades con entidades actuales. Cuando lo hacemos cometemos lo que llama La Falacia de la Concreción Desplazada. Por ejemplo, tu hijo te pregunta por qué al soltar la piedra cae al suelo, y respondes que se debe a la gravedad. Si eso no es más que una forma abreviada de hablar de cómo cuerpos de diferentes tipo se atraen mútuamente, no hay problema. Pero si piensas que además de esas entidades que se atraen hay otra cosa que se llama gravedad, pues eso es un error. La gravedad es en efecto un fenómeno real, es una entidad, pero no es actual sino abstracto, es una abstracción. Esta falacia para Whitehead es muy común en la historia de la filosofía, la cual en buena parte es facilitada por la estructura de nuestro lenguaje. O sea, cualquier concepto abstracto puede ser el sujeto gramatical de una oración, por ejemplo: “La gravedad ejerce una fuerza mayor en la Tierra que en la luna”. Expresado así, puede tomarse como una entidad actual y así conducirnos a confusiones tanto científicas como metafísicas.
Relacionado con esta falacia es lo que Whitehead llama el Principio Ontológico, lo cual es una de las cuatro nociones que destacó como vimos líneas arriba. En el capítulo dos, Whitehead lo introduce como “el principio de que las razones de las cosas han de buscarse siempre en la naturaleza compuesta de entidades actuales [de modo que] si no hay entidad actual, no hay razón”. O sea, si algo sucede y las razones que das para explicarlo no hacen referencia a fin de cuentas a una entidad actual, entonces estás haciendo referencia a una abstracción, como en el ejemplo de la gravedad que vimos. El problema con las abstracciones es que, ontológicamente, no pueden actuar, no tienen eficacia causal. Es por eso que Whitehead llama las entidades últimas que componen el mundo entidades actuales, porque están en acto, tienen eficacia causal.
Bueno, volvamos a la larga cita de antes. Resumiendo lo que acabamos de ver, Whitehead dice: “No es posible ir más allá de las entidades actuales para encontrar algo más real”. A continuación dice: “Se diferencian entre sí: Dios es una entidad actual, como también lo es el más trivial soplo de existencia en el último rincón del espacio vacío”. El concepto de Dios es un elemento importante de su sistema, pero no lo vamos a tratar de momento. Lo único que diré es que no se trata del Dios de la religión, un dios creador que escucha tus oraciones. En definitiva, el Dios de Whitehead es el Dios de los filósofos. El punto es que es un elemento importante, pero por importante que sea, Dios y el soplo más trivial de existencia están en el mismo nivel ontológico, siendo la diferencia entre ellos no de tipo sino sólo de grado. A Gilles Deleuze le gusta mucho este aspecto de la filosofía de Whitehead, que el ser de todas las cosas se dice de la misma manera sin jerarquías. En filosofía, semejante ontología se llama unívoca. También puede caracterizarse como inmanente, a diferencia de trascendente. Para Platón, las cosas reales últimas son las ideas inteligibles las cuales trascienden este mundo. En mucha de la filosofía e incluso en la ciencia el mundo está bifurcado en dos partes, una parte siendo real y objetiva y la otra aparente y subjetiva. Los poetas hablan de lo verde de los árboles, el calor del sol, la belleza de un atardecer, los cuales son bonitas descripciones de nuestra experiencia mas no explicaciones de la realidad. El calor que sentimos es sólo aparente; lo real es lo que causa esa sensación de calor, a saber, la vibración de electrones. Por un lado del dualismo están los duros hechos de una realidad fría, y por el otro nuestra interpretación de esa realidad, a saber, los valores y emociones que esa realidad suscita en la experiencia.
Whitehead rechaza ese dualismo, rechaza una ontología donde las cosas reales últimas trascienden nuestra experiencia y no forman parte de ella. Lo que tiene lugar en el nivel del átomo tiene lugar también en nuestra percepción del atardecer; el proceso que tiene lugar en Dios tiene lugar también en ese efímero soplo de existencia.
Esto nos lleva a la última oración de esa larga cita que vimos. Dice Whitehead: “Los hechos finales son, todos por igual, entidades actuales, y esas entidades actuales son gotas de experiencia, complejas e interdependientes”. Lo interesante aquí es su caracterización de las entidades actuales como “gotas de experiencia”. Sin duda, los seres humanos tienen experiencias; tú y yo experimentamos el atardecer. ¿Y las piedras, los árboles, los átomos? ¿Sostiene Whitehead que la experiencia, la cual connota cosas como sentimientos, metas, decisiones, y satisfacciones, que la experiencia en ese sentido se da en el mundo no humano? Sí, efectivamente, y por ello Whitehead ha sido acusado de antropomorfismo, es decir, la atribución de características humanas a la naturaleza. La acusación tendría peso si Whitehead aceptara el dualismo implícito en la bifurcación de la naturaleza, esa concepción de la naturaleza inanimada por un lado y la subjetiva experiencia humana por el otro. Como sabemos, rechaza esa concepción, por lo que rechaza también las posturas filosóficas que la definen. Por un lado, el idealismo, que se centra en la consciencia humana, y que ve su dinámica mental expresada en el mundo mismo. Esto sería antropocéntrico. Por el otro extremo está el materialismo científico que ve el ser humano como un objeto más en el mundo empírico sujeto a las leyes de la naturaleza. Esto sería antropofóbico. En medio de los dos está el esquema “antropomórfico” de Whitehead, lo cual resulta ser no tanto una falacia como un reconocimiento de la profunda continuidad entre la experiencia humana y la naturaleza.
En su libro Modos de pensamiento dice: “La noción clave de la que [la construcción de una nueva cosmología] debe partir es que la actividad energética considerada en la física es la intensidad emocional que se tiene en la vida”. Ahora, no está equiparando la una con la otra – claramente hay diferencias entre las cosas, sin embargo, como vimos, no son diferencias de tipo sino sólo de grado. Lo que tienen en común es que son procesos que comparten una serie de elementos y dinámicas de los que Whitehead se ocupa en su libro. Dado que el lector de su libro son seres humanos, emplea términos relacionados con la experiencia humana para ayudar la comprensión de un entramado bastante complejo y técnico. Si reflexionas un momento sobre la experiencia humana, te darás cuenta que la experiencia que tienes es una experiencia consciente. No tiene sentido para nosotros hablar de experiencias inconscientes. Así que, parece que la experiencia y la consciencia se implican la una a la otra. Para Whitehead, no. En el texto dice que la experiencia no presupone la conciencia, sino que la conciencia presupone la experiencia. En otras palabras, nuestra experiencia consciente es sólo una especie del género más amplio de experiencia.
Volvamos a esa frase donde dice que las entidades actuales son gotas de experiencia. Ahora entendemos de forma muy general qué quiere decir al hablar de la experiencia de entidades actuales, pero ¿qué quiere decir con eso de ‘gota’, que sean gotas de experiencia, o pulsaciones de experiencia como también las llama? Lo que está detrás de esta decisión de usar la palabra ‘gota’ es una cuestión, pues, cósmica, a saber, la naturaleza del espacio y el tiempo. Newton consideraba el espacio y el tiempo como objetivamente allá afuera, como parte de la estructura absoluta del universo en la que las cosas se mueven. Leibniz no estaba de acuerdo. Él afirmaba que el espacio y el tiempo no son absolutos, sino relativos. En vez de verlos como contenedores en los que las cosas se mueven, los concibió en función de las posiciones y relaciones entre cosas físicas, o sea, como un sistema de relaciones entre objetos. Einstein estaba de acuerdo con Leibniz, y logró avanzar el tema de una forma espectacular al concebir el espacio y el tiempo como constituyendo un solo tejido cósmico, lo que llamó el espacio-tiempo, lo cual es un modelo del cosmos que combina las tres dimensiones del espacio con la cuarta dimensión, el tiempo, en un solo fenómeno unitario.
Menciono todo esto porque Whitehead tiene un concepto que llama el continuo extensivo, lo cual es básicamente su versión del espacio-tiempo de Einstein. Ahora que lo pienso, para Whitehead, Newton cometió la falacia de la concreción desplazada que comentamos antes porque confundió algo abstracto (o sea, el espacio y el tiempo) por algo concreto y actual. Al explicar nuestra experiencia de la espacialidad y la temporalidad, nuestra explicación tiene que dar razones que hacen referencia a entidades actuales. Eso, si te acuerdas, es su Principio Ontológico, y eso es justamente lo que hace Leibniz – el espacio y el tiempo van en función de los objetos y sus relaciones.
En fin, el punto de toda esta discusión es para llegar a algo que Whitehead dice en el texto: “La continuidad extensa del universo físico se ha entendido habitualmente en el sentido de que hay una continuidad del devenir” (p. 135). ¿Qué quiere decir con eso de la ‘continuidad del devenir’? En el primer vídeo, comparamos Whitehead con Heráclito, ya que los dos hablan del devenir. El devenir pareciera ser como la famosa imagen del río en el que uno no entra dos veces. El río que fluye constante y continuamente es un gran ejemplo del flujo heracliteano y por tanto del devenir que constituye el ser de la entidad actual, ¿no? Además, Whitehead rechaza esa ontología que en el último vídeo llamé la ontología del billar, es decir, la concepción de las cosas reales últimas como trozos inertes de materia repartidos en el infinito espacio aislados el uno del otro. Más bien, habla de la solidaridad del universo, de la manera en que el proceso de una entidad actual está informado por todas las demás en una íntima red de interconexión. Esa solidaridad e interconexión también parecen abogar a favor de un proceso continuo ¿no?. Pues, no. Whitehead no escogió la metáfora de un río que fluye continuamente, sino de una gota que gotea no continua sino discretamente, una gota, luego otra, y otra. ¿Por qué? A continuación en el texto dice: “Pero si admitimos que «algo deviene», es fácil demostrar, empleando el método de Zenón, que no puede haber continuidad del devenir”.
En sus clásicos argumentos, Zenón pone en tela de juicio la posibilidad de la continuidad del movimiento. Sea la flecha que se lanza de un arco, o la carrera entre Aquiles y la tortuga, para cubrir cierta distancia hay que cubrir primero la mitad de esa distancia, y para cubrir ésa hay que cubrir primero la mitad de ésa, y así sucesivamente hasta el infinito, de modo que el movimiento resulta imposible. En una conferencia que dio, Whitehead aplicó ese método al fenómeno de un proceso continuo. Si tomamos dos porciones contiguas de semejante proceso, digamos A y B, podemos ver que la porción B viene después de la porción A, B desbanca a A. Como dice Whitehead: “Si B desbanca a A, entonces la continuidad de B requiere que alguna porción anterior de B ha desbancado a A antes que la porción posterior de B”. Es decir, mientras devenía la porción B, la primera parte de B desbancó a A antes que la segunda parte. Y sobre esta primera parte, dice Whitehead, el mismo argumento puede aplicarse, ad infinitum, lo cual nos involucra en un regreso al infinito como el que describe Zenón. Si el devenir es un proceso continuo, nunca podemos llegar al comienzo de B, ya que sea cual sea la porción de B que escojamos, esa porción presupone una porción anterior o más temprano la cual devino tras el comienzo de B pero antes que esa porción que hemos escogido. La conclusión es que no puede haber una continuidad del devenir, el devenir como proceso no es continuo, sino discreto, dándose en lo que Whitehead llama gotas o pulsaciones. Si abres tantito la llave del lavabo en tu baño, verás una gota empezar a formarse. Poco a poco crece hasta desprenderse como una gota totalmente formada. Eso es una manera de visualizar el proceso de devenir de la entidad actual, lo cual es lo que vamos a ver con mucho detalle en el resto del libro. De momento podemos decir que lo que la entidad actual logra en ese proceso es la creación de una gota de espacio-tiempo. En el texto Whitehead dice que aun cuando no haya una continuidad del devenir, hay un devenir de la continuidad. Termina diciendo: “Así pues, la verdad metafísica última es el atomismo”. Es decir, las entidades actuales no devienen en un flujo continuo sino que son atómicas, cada una constituyendo una unidad del devenir. La continuidad extensiva del universo, lo que Einstein llama el espacio-tiempo, es constituido por la sucesión de estas actualidades atómicas.
Vamos a tomar un momento – respira profundamente. . . . Mucha información, ¿verdad? – y todo eso sólo para analizar un solo párrafo! Vamos a resumir un poco lo que hemos visto. Para Whitehead, el fondo de la realidad no es algo abstracto como el ser o un espíritu, sino algo sumamente concreto y actual – las entidades actuales. Su Principio Ontológico dice que toda explicación de la cosa que sea tiene que hacer referencia a una entidad actual. Si uno habla de una abstracción como si tuviera eficacia causal, como si fuera concreto, está cometiendo la falacia de la concreción desplazada. Para Whitehead, el mundo no está dividido en dos, un mundo real y un mundo aparente. Las entidades actuales no son como el mago de Oz tras una cortina produciendo efectos en el mundo que experimentamos. Hay un solo mundo, un solo plano ontológico – un plano por tanto inmanente. Gracias a ello, nuestra experiencia, que no es una cosa apartada de las entidades actuales, se explica con referencia a la misma dinámica que constituye la naturaleza del mundo no humano. Como final, las entidades actuales no son cosas estáticas, no son substancias, sino procesos, devienen. Su devenir no es continuo y constante como el río de Heráclito, sino que se da en pulsaciones o gotas definidas. Cuando el proceso termina, cuando la gota alcanza su plenitud y se desprende de la llave, por así decirlo, la entidad actual perece. Se convierte en un hecho del pasado, como si el agua que constituye la gota se endureciera y cayera en el lavabo como una canica. Al mismo tiempo empieza a formarse otra gota, y otra, y otra en todas partes a lo largo y ancho del cosmos. Parte de lo fascinante del esquema metafísico que nos presenta Whitehead es que cada gota, cada entidad actual, contiene como elementos en su constitución, es decir, las partes que la constituyen, todas las gotas anteriores, cada una de las cuales contiene su propias partes de la misma manera. Todo el universo está íntimamente conectado, pero si las gotas son atómicas, cómo puede esa conexión darse. La respuesta estriba en su fascinante concepto de prehensión, tema del siguiente vídeo.
Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.
Música de la outro: ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S. https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw
Magnífica exposición, como siempre. La filosofía analítica constató que muchas de las diferencias filosóficas (y de todo tipo) se producían por usar los términos con significados diferentes, de ahí que, ante cualquier polémica, se apelara en primar término al uso concreto que se hacía de las palabras. Y en algunas ocasiones los problemas no se resolvían, se disolvían con ese análisis previo. Whitehead usa el término “experiencia” de un modo novedoso y, por eso, usted se ve en la obligación de distinguir entre conciencia y experiencia. Ciertamente en este contexto (si le he entendido bien a usted, porque yo el libro, por suerte para mis dolores de cabeza, no lo he leído) los significados “también” serían procesuales, actualizables y actualizados, gotas que no sedimentan nunca. Excepto quizá en los concretos libros de filosofía. Con lo poco que ya nos ha explicado atisbo que este libro es tan poético como filosófico y, desde luego, escéptico respecto a la posibilidad de la comunicación, del conocimiento. Disculpe mi atrevimiento, ya sabe que la ignorancia es osada. Pero mi osadía está llena de admiración maestro.
Eso que menciona sobre la filosofía analítica, sólo diría que ese uso de términos y sus significados Peirce lo trató y formalizó en su máxima pragmática en el siglo XIX, cosa que los analíticos aprovecharon tiempo después. Whitehead también habla de la falacia del diccionario perfecto. Los significados no son fijos y eternos sino que la naturaleza de algo cambia de acuerdo con las relaciones que sostiene entre otras cosas. Es en parte por eso que es tan difícil leer Proceso y realidad porque, como indica, es una obra en proceso. Gracias por su comentario.
Buenas tardes Darín,
Si entiendo bien lo que explica acerca de la filosofía de Whitehead se podría entender que nos porpone una filosofía que encuentra una postura metafísica a medio camino entre la propuesta aristotélica, que modeló el pensamiento de occidente durante siglos y el taoismo que modeló de igual manera la oriental. Es decir, propone una estructura jerárquica en un solo plano inagurando el problema de la diferencia que más tarde seguiria Deleuze, pero al mismo tiempo mantiene la visión atomista al defender que el flujo del devenir no es continuo. Hay, por tanto, materialismo metafíscio y pluralismo inmanente donde cada entidad ontológica deviene en función de su relación con el resto de entidades.
¿Es así? ¿lo he comprendido bien?
Realmente me está asombrando este filósfo y lo bien que usted lo explica.
Saludos,
Joan
Hola Joan. Lo has resumido muy bien! Sobre la marcha se va a volver incluso más fascinante.
Profesor Darin. Buenos días. Me podria facilitar un enlace para conseguir la Edición de Atalanta. No he podido conseguirla en papel. Muchas gracias de antemano
Claro que sí: https://annas-archive.org/md5/9e92c3c6efd9eecd4697d1ec10a75d87