Continuamos con el tema de la prehensión, hoy la de la prehensión conceptual y su objeto correspondiente – los objetos eternos. También tratamos una entidad actual única – Dios – la cual Whitehead introduce para resolver un problema metafísico.
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Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.
Música de la outro: ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S. https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw
No está demás recordarnos que la entidad actual no es una cosa sino un proceso; y recordarnos también que ese proceso, el devenir de la entidad actual, no es continuo y constante, sino temporalmente definido, una gota o pulsación. Eso quiere decir que tiene un comienzo y un fin. Pasa de ser algo inicialmente indeterminado a constituirse como algo acabado y definido, un hecho tozudo como le llama Whitehead. Al alcanzar los nítidos contornos de un hecho, la entidad actual perece, es decir, deja de devenir y se coloca en el pasado. Al mismo tiempo, en el presente, una nueva entidad empieza a devenirse, y posteriormente otra, y otra, ya así sucesivamente.
Ahora, imagínate que en esa sucesión, en el paso de un momento a otro nuestra experiencia cambiara radicalmente, que en un momento el cielo era azul y en el siguiente rojo, que un momento te encontrabas en tu cuarto y en el siguiente manejando un coche. La experiencia sería un caos. Afortunadamente, no es así. Cualquier momento guarda mucho parecido con el pasado. Para Whitehead, lo que explica esta continuidad, lo que permite que el pasado influya en el presente, es la prehensión. ¿Cuál es el modo de esta influencia? Es física. La vez pasada hablamos de la prehensión física, el acto de la entidad actual de sentir entidades en el pasado, es decir, los que se han convertido en hechos, así captando o apropiándolos para ser incorporados en su propia constitución. Así que, una buena parte de la determinación de una entidad actual en proceso de devenir la recibe del pasado. Digo ‘una buena parte’ porque si el pasado determinara el presente totalmente, entonces causa y efecto se confundirían y el pasado y el presente serían indistinguibles, parecido a lo que dice Hegel cuando habla de la noche en la que todos los gatos son pardos. En palabras de Whitehead, si no hubiera más que la prehensión física, tendríamos un universo monístico y estático.
Dado que el universo no es así, ¿cómo evita la entidad actual simplemente repetir lo que vino antes, para constituir algo novedoso en el cosmos? Mediante otro tipo de prehensión, la prehensión conceptual. Donde la prehensión física siente o capta datos de otras entidades actuales, la prehensión conceptual siente lo que Whitehead llama objetos eternos. En su lista de las ocho categorías de la existencia, la primera en la lista son las entidades actuales. Número cinco en la lista son los objetos eternos. Al final de la lista dice: “Entre estas ocho categorías de existencia destacan por su extremo carácter final las entidades actuales y los objetos eternos”. O sea, en el fondo, entre todos los elementos que constituyen su esquema metafísico, las entidades actuales y los objetos eternos son básicos.
¿Qué son objetos eternos? Básicamente, son la versión whiteheadiana de las ideas platónicas. ¿Te acuerdas de su famosa cita, que la tradición filosófica europea consiste en una serie de notas a pie de página a la obra de Platón? Se atreve a afirmar algo tan general porque Platón planteó los términos básicos de la discusión sobre la realidad. Por un lado, hay cosas concretas e individuales que percibimos – esta vaca, este árbol – las cuales nunca permanecen iguales sino que cambian y eventualmente perecen. Por el otro lado, está nuestro conocimiento sobre el mundo, las verdades que podemos decir sobre él. Verdades que cambiaran no serían verdades, así que el objeto del conocimiento no puede ser el objeto perecedero de la percepción, sino otro que es permanente o eterno – las ideas. Hay una larga serie de binomios en la tradición que reflejan esa distinción de Platón. Inteligible/sensible, mente/materia, universal/particular, predicado/sujeto, etcétera. El de Whitehead es objeto eterno/entidad actual.
Desde luego, hay diferencias importantes entre su objeto eterno y la idea platónica, la principal siendo que los objetos eternos no yacen en una esfera propia ontológicamente distinta a la de las entidades actuales. Recuerda su principio ontológico que afirma que en el fondo el mundo está constituido sólo de entidades actuales y que todo lo demás que tiene alguna realidad depende de ellas o son abstracciones de ellas. En esto Whitehead sigue a Aristóteles, quien fue el primero en escribir una nota a pie de página de Platón. Aristóteles entendía la importancia de las ideas o formas, sólo que las ubicaba no en un mundo trascendente sino en este mundo, inmanente en las cosas que forman. En esto Whitehead está de acuerdo, sin embargo, Aristóteles no rompe por completo con su maestro. Tanto él como Platón conciben las ideas o formas como el componente activo en la determinación de las cosas, o sea, como aquello que transforma la materia en algo específico. Les doy un ejemplo. Una vez a la semana voy a una tortillería cerca de mi casa y compro medio kilo de masa, que muchas veces en el transcurso de la mañana mientras trabajo en un nuevo vídeo de la Fonda se me antoja un taco. En la concepción aristotélica, la masa es materia, inerte y pasiva, la cual puede tomar muchas formas. Llego yo a la cocina con ganas de un taco, entonces tomo un trozo de esa materia y le impongo una forma – le pego y pego hasta que esté plano y redondo. Esa forma la tengo en mi cabeza y la aplico activamente a la materia pasiva. En esto Whitehead no está de acuerdo. En su concepción, lo que es activo en el mundo, lo que actúa, son precisamente las entidades actuales. Los objetos eternos no actúan ni tampoco sienten; son más bien abstracciones ideales.
Para una filosofía del devenir, el acontecimiento, y la novedad, la frase ‘objeto eterno’ puede parecer un poco extraño. El mismo Whitehead lo reconoce. Dice: “Si el término «objetos eternos» no gusta, podría resultar apropiado el término «potenciales». Los objetos eternos son los potenciales puros del universo, y las entidades actuales se diferencian unas de otras en su realización de los potenciales”. ¿Alguna vez has jugado eso de 20 preguntas? Una persona piensa en un objeto y los demás en el grupo pueden hacerle un máximo de 20 preguntas susceptibles de una respuesta de sí o no. Por ejemplo – ¿Estás pensando en una persona? Sí. ¿Está viva? No. ¿Es un artista? Sí. Y así sucesivamente hasta determinar o averiguar en qué está pensando. Las preguntas que le hacen tienen como temas objetos eternos, o sea, ser persona, estar vivo, ser artista. Estos son potenciales o lo que podríamos llamar también cualidades. Los colores son objetos eternos, también figuras como ser redondo o piramidal, sensaciones como ser suave o tosco, hasta cualidades morales como ser cobarde o atrevido, entre muchas, muchas cosas más. Todo lo que percibimos y que distingue a una cosa de otra, es un objeto eterno.
Llámense cualidades, potenciales, u objetos eternos, sin ello la entidad actual jamás podría devenir en algo concreto y definido. Hablando del devenir, los objetos eternos no devienen; no son temporales como las entidades actuales sino atemporales, y es precisamente por eso que Whitehead les llama eternos. No son temporales sino eternos; no son actuales, sino potenciales; no son físicos, sino mentales o conceptuales. Un último binomio que podría mencionar es los objeto eternos no son adjetivos sino adverbios. ¿Qué quiero decir? Pues empecé el vídeo recordándonos que la entidad actual no es una cosa sino un proceso. Las cosas son substancias, por lo que, lingüísticamente, nos referimos a ellas con sustantivos: perro, por ejemplo. En Whitehead, no hay substancias sino procesos, por lo que es más apropiado dejar por un lado el sustantivo y emplear más bien un verbo para referirnos a ellos. ¿Qué consecuencia tiene todo esto para el objeto eterno? Bueno, en el esquema tradicional tenemos substancias y sus propiedades, como ser blanco, cuadrúpedo, manso, etc. las cuales describen la substancia. En este sentido, las propiedades son adjetivos. Pero si hablamos de procesos que son verbos, entonces los objetos eternos ya no son adjetivos sino adverbios. Los adverbios califican a los verbos, describen cómo algo se hace.
Bueno, he dicho que la función de los objetos eternos es dar definición a la entidad actual en su proceso de constituirse. Ese proceso consiste en primera instancia en prehender en su entorno las entidades actuales que han dejado de devenir y que ya son hechos. Esa prehensión física es acompañada de una prehensión conceptual. Explica Whitehead: “La filosofía orgánica no sostiene que los «existentes particulares» sean prehendidos al margen de los universales, sino que son prehendidos por mediación de los universales. En otras palabras, cada actualidad es prehendida por medio de algún elemento de su propia definitud”. En otras palabras, lo que la entidad actual siente en otra entidad no es algo en blanco, algo indeterminado, sino algo ya determinado, algo ya definido por cierto conjunto de cualidades u objetos eternos. Gracias a la prehensión de estos, la entidad actual puede prehender físicamente a otra entidad.
Gilles Deleuze fue muy influido por Whitehead. Por decirlo así, Deleuze hace una prehensión conceptual del binomio entidad actual-objeto eterno, expresándolo en su planteamiento de lo actual y lo virtual. Para Deleuze, hay estructuras virtuales como por ejemplo el sistema lingüístico del castellano. El castellano como sistema no es actual porque no se oye enunciado en su totalidad. Eso sería imposible. Más bien es virtual. Ciertos de los elementos de esa estructura virtual son actualizados y así enunciados en un acto comunicativo determinado. Lo mismo puede decirse de la entidad actual que prehende conceptualmente los objetos eternos, es decir, actualiza ciertas potencialidades en la entidad que siente para que ingresen a formar parte de su propia constitución.
Ahora bien, todas las prehensiones, tanto físicas como conceptuales, tienen como resultado la incorporación de diversas sensaciones o sentimientos en la entidad actual que prehende. Esta diversidad tiene que ser sintetizada o unificada para que constituya una unidad, una unidad en la que toda potencialidad ha sido determinada o actualizada. Este proceso de síntesis o unificación Whitehead lo llama ‘concrescencia’. La descripción de este proceso es la parte más densa y difícil de Proceso y realidad, tema que vamos a ver con detalle más adelante. De momento, sólo señalaré que tiene que haber algún criterio que dirija ese proceso. Imagínate que quieres tejer un edredón. Vas a una tienda de estambres y seleccionas una variedad de estambres de diferentes grosores y colores. Esa selección es como la prehensión; son el resultado de la prehensión. Ahora que tienes todo ese material, debe ser sintetizado o, más bien, tejido. La pregunta es – ¿según qué criterio? Hay muchas maneras en que esos materiales pueden combinarse para producir un edredón, de la misma forma que hay diversas maneras en que los datos afectivos que han sido apropiados pueden sintetizarse o concrecerse para constituir una entidad actual definida. La manera que se escoge refleja lo que Whitehead llama un ‘subjective aim’, o sea, una finalidad subjetiva o ‘aspiración subjetiva’ como los traductores del texto lo llaman. Me gusta más ‘finalidad subjetiva’ porque constituye precisamente la causa final hacia el cual el proceso de concrescencia se mueve, pero bueno, lo llamamos aspiración subjetiva.
Bueno, dice Whitehead: “Esta doctrina de la inherencia del sujeto al proceso de su producción requiere que en la fase primaria del proceso subjetivo se dé una sensación conceptual de la aspiración subjetiva: las sensaciones físicas y de otros tipos se originan como pasos hacia la realización de esa aspiración conceptual mediante su tratamiento de los datos iniciales”. Es como hacer un rompecabezas – desde el momento en que empiezas a mover las piezas sobre la mesa necesitas una idea global de cómo las piezas se vinculan entre sí, o sea, necesitas ver de antemano la imagen final, y pues eso está en la tapa de la caja. Esa imagen del rompecabezas es el equivalente a la aspiración subjetiva que, desde las primeras prehensiones, empieza a guiar el tejido de las diferentes sensaciones que se prehenden.
La pregunta es: ¿de dónde viene esa aspiración, ese criterio de síntesis? Primero, preguntemos ¿qué es, ontológicamente? No es la entidad actual que deviene sino un elemento que guía ese devenir. Ese elemento no es otro que una idea, como la imagen en la tapa de la caja, y por tanto es de orden conceptual, o sea, es un objeto eterno. Entonces, ¿cómo llega la entidad actual a tener este objeto eterno? Como hemos visto, los objetos eternos ingresan a la entidad actual mediante la prehensión conceptual, al sentirlos en otra entidad distinta a sí misma. Lo que las entidades en el pasado ofrecen a la que deviene es una gran multiplicidad de datos, datos que selectivamente son sentidos, apropiados, y sintetizados. Lo que dan son datos para ser sintetizados, pero no efectúan ellas mismas esta síntesis.
Podemos entender el problema un poco mejor si volvemos al ejemplo del rompecabezas, que ahora me doy cuenta que no es del todo apto. Aun cuando no hubiera una imagen en la tapa de la caja, con suficiente tiempo uno podría “sintetizar” el rompecabezas, o sea, armarla, y eso por dos razones. Primero, las piezas se juntan de una sola determinada manera. En el peor de los casos, uno podría tomar una pieza y luego probar todas las demás hasta encontrar la pieza que encaja, y así sucesivamente. Pero no es tan desesperado el asunto porque cada pieza trae un cachito de la imagen global del rompecabezas, lo cual guía a uno en su proceso de “síntesis”. Este hecho es lo que hace que ejemplo del rompecabezas sea inadecuado para ilustrar el proceso de concrescencia en Whitehead. A diferencia de las piezas del rompecabezas, las sensaciones o sentimientos no traen ningún cachito de imagen, es decir, no contienen en sí ninguna pista del criterio que debe usarse para sintetizarlas.
Volvamos entonces a nuestra pregunta: ¿de dónde saca o consigue la entidad actual el criterio o aspiración subjetiva que necesita para organizar y tejer estos datos? Siendo esa cosa un objeto eterno, sabemos que tiene que conseguirlo de una entidad actual. Sabemos eso por el principio ontológico, lo cual afirma que la razón de todo tiene que hacer referencia a fin de cuentas a alguna entidad actual. Como vimos, es por eso que Whitehead no concibe los objetos eternos como en un cielo platónico apartado del mundo. Entonces, tiene que conseguirlo de alguna entidad actual, sin embargo, por las razones que vimos, las entidades en el pasado no pueden proporcionar lo que requiere.
Se presenta entonces un problema metafísico ante el cual Whitehead se ve obligado a admitir una entidad actual única para resolver. La entidad actual que introduce la llama Dios. Dice Whitehead: “Dios es el principio de concreción, es decir, aquella entidad actual de la que cada concrescencia temporal recibe la aspiración de la que arranca su autocausación”.
A veces, en las películas o en la literatura, el autor arma la trama de tal forma que el protagonista se encuentra de repente en un callejón sin salida. Lo van a matar y no encuentra la forma de salir del apuro cuando de repente cae del cielo un superhéroe y lo salva. Eso se llama un deus ex machina, lo cual significa un dios introducido por una máquina. Es que, en el teatro griego cuando un dios aparecía de esta manera una grúa tras el escenario físicamente bajaba el dios al escenario. Será el dios que Whitehead introduce literalmente un deus ex machina? Whitehead está consciente de la acusación. Dice: “Dios no puede considerarse una excepción a todos los principios metafísicos, invocado para evitar su derrumbe. Es, por el contrario, su principal ejemplificación”. Antes de ver con más detalle qué significa Dios para Whitehead, veamos lo que no significa. Lo que no significa es el Dios de la religion popular. Dice: “Las intuiciones del pensamiento griego, hebreo y cristiano han incorporado por igual las nociones de un Dios estático condescendiente con el mundo”, Dios como “un creador originario, eminentemente real y trascendente, por cuyo fiat empezó a existir el mundo y a cuya voluntad impuesta éste obedece”. Esto, dice, “es la falacia que ha infundido un sentido trágico a la historia del cristianismo y del islamismo”.
En cierto sentido, podemos comparar el Dios de Whitehead con el motor inmóvil de Aristóteles. Para dar cuenta de los fenómenos del cambio y del movimiento, Aristóteles tuvo que suponer la existencia de algo que ponía en movimiento las cosas pero que al hacerlo no se movía sí mismo. El motor inmóvil de Aristóteles no es un deus ex machina, es decir, no es introducido por una maquina, sino que es la máquina, ¡es un motor pues! Así es cómo hay que ver el Dios de Whitehead, como una máquina o principio que lleva a cabo una función metafísica.
Empecemos hablando de esa función – de hecho hay dos funciones. Ya mencionamos una de ellas, a saber, proporcionar la aspiración subjetiva a la entidad actual que deviene. La otra es ordenar la multiplicidad entera de los objetos eternos. De veras, eso básicamente es lo que Dios hace. Suena técnico y de poca trascendencia, pero veremos que si esas funciones no se cumplieran, el universo perdería su vitalidad y todo rastro de novedad.
Bueno, para empezar, Dios no es un ser supremo encerrado en un cielo, sino una entidad actual junto con todas las demás en éste, el único mundo que hay. En un vídeo anterior cité donde dice: “Dios es una entidad actual, como también lo es el más trivial soplo de existencia en el último rincón del espacio vacío”. En el último vídeo y en éste hemos tratado una actividad básica de las entidades – la prehensión. Hay prehensiones físicas y conceptuales, lo cual indica el carácter bipolar de las entidades, es decir, que cuentan con un polo físico y un polo mental sin que sean dos cosas distintas como pensaba Descartes. En la prehensión física, el dato que prehende o siente es el aspecto físico de otra entidad en el pasado ya convertida en hecho. Las sensaciones físicas simples productos de la prehensión son “conformistas”, es decir, se conforman a lo que sienten y lo reproducen en sí misma. Si te acuerdas, en el último vídeo vimos que esta relación prehensiva no es la relación representativa de la tradición moderna. Dice Whitehead que la prehensión física no es una “mera representación de la causa. Es la acumulación [o reproducción] del universo y no una escenificación acerca de éste”. Todo esto para decir que con la prehensión física la continuidad del mundo se procura.
Pasando a la prehensión conceptual, el dato que la entidad prehende o siente son diversos objetos eternos que se encuentran en la entidad sentida, una colección particular de objetos que han determinado la entidad como el hecho que llegó a ser. Donde la prehensión física reproduce el mundo, la prehensión conceptual lo modifica, introduciendo diferencias y novedades mediante la prehensión negativa donde omite ciertas sensaciones, y también mediante la forma subjetiva que tratamos en el último vídeo, es decir, las distintas valuaciones, atracciones, y aversiones que constituyen cómo algo es sentido.
Bien, como cualquier entidad, Dios prehende de estas dos maneras. El objeto de su prehensión conceptual no es un conjunto finito de objetos eternos en cierto número de entidades, sino todos los posibles e infinitos objetos eternos que hay. No sólo los siente sino, como veremos, los ordena para maximizar el valor en el mundo. Esta prehensión y ordenación de todos los objetos eternos Whitehead lo llama la naturaleza primordial de Dios.
Pasando a la prehensión física, el objeto de esa prehensión son todas las entidades que han devenido. Como acabamos de ver, la prehensiones físicas son conformistas; el mundo se trasmite mediante ellas, es recreada en la entidad que deviene. Entonces, Dios en este sentido es afectado por todo lo que ocurre en el mundo; el devenir del mundo le tiene consecuencias, por lo que Whitehead llama este aspecto de Dios su naturaleza consecuente.
Ahora podemos volver al problema que se presentó hace rato cuya solución es Dios. Recordarás que la entidad que prehende, que reproduce las sensaciones que siente en otras entidades, necesita un criterio para combinar esas sensaciones en la unidad de una sola sensación, una que produzca una satisfacción. Como vimos, ese criterio, esa aspiración subjetiva como le llama Whitehead, es un objeto eterno. En su prehensión conceptual de otras entidades encuentra muchos objetos eternos, entre los cuales está la propia aspiración subjetiva de esa entidad que siente. Podría adoptar la aspiración de esa entidad pero si lo hiciera estaría sintetizando sus sensaciones de la misma manera que la entidad anterior y así no lograría más que una simple repetición de la misma – no cambiaría nada. A lo mejor, el criterio que necesita se encuentre entre los demás objets eternos que prehende en la entidad. Es posible, pero el problema es que no tiene ningún criterio para identificarlo y apropiarlo – el criterio mismo es lo que está en cuestión, lo que se busca.
Aquí es donde entra Dios. Como vimos, Whitehead dice: “Dios es el principio de concreción, es decir, aquella entidad actual de la que cada concrescencia temporal recibe la aspiración de la que arranca su autocausación”. Por un lado, Dios en su naturaleza primordial ha prehendido toda la infinita extensión de los objetos eternos. No cabe duda alguna de que la aspiración subjetiva que la entidad actual necesita se encuentra ahí. El problema es saber cual es. La entidad que deviene no sabe, pero Dios sí porque, por el lado de su naturaleza consecuente, ha prehendido todas las entidades actuales en el pasado, incluyendo por tanto las que constituyen el mundo efectivo de la entidad en cuestión. ¿Cómo sabe Dios cual de los infinitos objetos eternos servirá para la entidad que deviene? Pues hay que tener en cuenta algo que menciona en su capítulo sobre las categorías. En la lista de lo que llama las obligaciones categoriales, la octava en la lista se llama “La categoría de intensidad subjetiva” y reza: “La aspiración subjetiva, en virtud de la cual se origina la sensación conceptual, tiene por objeto la intensidad de la sensación a) en el sujeto inmediato y B) en el futuro pertinente”.
Ahora, la intensidad significa una fuerza o un grado extremo. Seguramente puedes imaginar un violinista tocando una nota de forma intensa, muy penetrante y enérgica. Pues las sensaciones que siente la entidad actual pueden ser más o menos intensas. Si la entidad sintiera una sola sensación en otra entidad, sería como oír esa única nota intensa del violin. Sin embargo, la entidad prehende muchas sensaciones, y el problema es que muchas veces distintas sensaciones, como distintas notas, pueden chocar entre sí, produciendo discordancias, una cancelando o inhibiendo a otra. Un compositor de una sinfonía tiene que saber manejar las notas de diferentes instrumentos y la combinación de diferentes intensidades para que las notas realcen las unas a las otras produciendo un efecto global de mayor intensidad que la mera suma arbitraria de ellas alcanzaría. La entidad actual enfrenta el mismo reto. Para lograr un máximo de intensidad requiere de una sola sensación integrativa, es decir, la aspiración subjetiva, en función de la cual las demás sensaciones se vincularían en cierto patrón de relaciones y contrastes, tal como la partitura de una sinfonía de Beethoven.
Eso que acabo de describir es la tarea de cualquier entidad actual, incluyendo a Dios. Dios busca la maximización de intensidades. De hecho, en otra parte del texto Whitehead dice: “Así, el propósito de Dios en el avance creativo es la evocación de intensidades”. Me gusta ese verbo – evocar, evocar intensidades. ¿Cómo lo hace? Bueno, como comentamos, el polo físico de Dios, lo que Whitehead llama su naturaleza consecuente, ha prehendido todas las entidad actuales en el pasado, incluyendo obviamente las que están en el reducido mundo efectivo de la entidad en cuestión. Para cualquier conjunto de condiciones, ve que hay cierta posibilidad que si se actualizara, es decir, si cierta síntesis de sensaciones se llevara a cabo, produciría una satisfacción con máxima intensidad. Gracias a su prehensión de todas esas condiciones, puede proporcionar a la entidad la aspiración subjetiva que requiere.
Visto así, la entidad actual pareciera distinguirse muy poco de los modos en la filosofía de Spinoza, los cuales se mueven de acuerdo con los dictados de Dios, la infinita substancia o, en otras palabras, como títeres cuyo movimiento no es independiente sino guiado por la mano del titiritero. Sin duda, Dios condiciona la experiencia de la entidad actual, mas no la determina de una forma mecánica. La aspiración subjetiva no es una regla que se aplica sino un acicate o señuelo que atrae. Formalmente, la aspiración subjetiva tiene la estructura de una proposición. Si volvemos a la lista de las ocho categorías de la existencia veremos que a estas alturas ya hemos tratado las primeras cinco: entidades actuales, prehensiones, nexos, formas subjetivas, y objetos eternos. La sexta son las proposiciones. ¿A qué se debe su importancia? Pues las proposiciones se componen de un sujeto y un predicado, lo cual en el esquema de Whitehead son entidad actual y objeto eterno. La pregunta es cómo se combinan estos dos. El análisis lógico ha estudiado eso mucho. Si te acuerdas del Tractatus de Wittgenstein, la proposición es un pequeño modelo de la realidad susceptible de ser verdadera o falsa. Whitehead, sin embargo, se discrepa. Dice: “Por desgracia, las teorías, bajo el nombre de «proposiciones», se han puesto en manos de los lógicos, que han dado por buena la doctrina de que su única función es ser juzgadas según su verdad o falsedad. . . . Pero en el mundo real importa más que una proposición sea interesante que el hecho de que sea verdadera”. Eso es bastante atrevido. Desde luego, Whitehead no desecha la noción de verdad, sólo que las proposiciones tienen una función mucho más amplia, a saber, como acicates para el sentir. Todo lo que dice sobre las proposiciones y el papel que juegan en la concrescencia de la entidad actual es fascinante, me llama mucho la atención. Entonces, en el próximo vídeo iniciaremos con una discusión sobre las proposiciones, resolveremos nuestra duda sobre la libertad de la entidad actual frente a Dios, y terminaremos viendo la segunda función de Dios, la de ordenar y valuar la infinita extensión de los objetos eternos.
Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.
Música de la outro: ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S. https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw
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Hola. Acabo de checarlo y sí está disponible allí. ¿Quién sabe qué pasó?
Es como si estuvieras explicando un complicado juego de naipes. ¡Interesantísimo! ¡Qué bien armado! Y qué poco me afecta en mi vida. No añade nada. No me invita a cambiar nada. Otra explicación sobre cómo podría se la cosa.
Hace años leí un libro de Whitehead sobre el pensamiento que me pareció muy interesante, aunque duro de seguir. Ahora veo que está más allá de mis posibilidades, incluso con un maestro tan bueno.
Lamento que las cosas sean así. Lo que digo en los vídeos tendrán mayor sentido si uno está intentando leer el libro al mismo tiempo. Conceptualmente, es el libro de filosofía más difícil que he leído.
Paráfrasis
Dios está presente en cada uno de nosotros ordenando de manera óptima nuestro devenir y es el futuro ordenado de todas las potencialidades. Y está en el pasado como los objetos eternos concretados en nuestro pasado. Y esto que es para nosotros es para cada entidad actual. Y Dios no es más que esta entidad actual. Es claramente indivisible como toda entidad actual, aunque se manifiesta en cada entidad actual. Y es la única entidad que siente a todas las demás.
Paráfrasis
Dios está presente en cada uno de nosotros ordenando de manera óptima nuestro devenir y es el futuro ordenado de todas las potencialidades. Y está en el pasado como los objetos eternos concretados en nuestro pasado. Y esto que es para nosotros es para cada entidad actual. Y Dios no es más que esta entidad actual. Es claramente indivisible como toda entidad actual, aunque se manifiesta en cada entidad actual. Y es la única entidad que siente a todas las demás.