Proceso y realidad, pt. 6/7

Hoy examinamos las tres fases del proceso de concrescencia con especial énfasis en la fascinante concepción de la proposición.

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Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.

Música de la outro: ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S. https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw

Guión

A mí me gusta mucho Whitehead – su concepción de la realidad en términos del devenir y el proceso es fascinante, el universo como un organismo que se desarrolla mediante las prehensiones y el sentir, y muchas cosas más – es todo muy interesante, menos el papel de Dios en su sistema. En mi opinión sobra, y quisiera explicar por qué.
Una buena parte de Proceso y realidad se ocupa del complicado proceso de concrescencia, es decir, el devenir de la entidad actual desde las primeras prehensiones hasta constituirse como un hecho completamente determinado, un proceso que se cierra con una sensación de satisfacción. El elemento clave en esa determinación son los objetos eternos que la entidad prehende. Recuerda que los objetos eternos son las cualidades como ‘rojo’ o ‘triangular’ que al incorporarse en la entidad actual la determinan, la hacen más concerto y menos vago. El problema para Whitehead es que hay un enorme abanico de cualidades que puede sentir e incorporar. Como veremos, la mayoría las hereda de las entidades actuales que prehende en su entorno, pero para que la nueva entidad no sea una mera reproducción de las anteriores, es decir, para que haya cambio y novedad, debe incorporar otros objetos eternos, ¿pero según qué criterio? ¿cómo escoge aquellos que servirán para constituirse de forma más provechosa y satisfactoria? Es como si te pusieras a hacer un rompecabezas de infinidad de piezas pero sin foto de la imagen final y sin dibujo en las piezas. Con una pieza en la mano, ¿cómo encuentras las dos o tres que se conectan con ella?
La respuesta de Whitehead es su concepto de Dios. En el último vídeo vimos que la naturaleza consecuente de Dios prehende todos las entidades actuales que han existido hasta un momento determinado. Con base en eso, proporciona a cada entidad emergente una meta, o lo que Whitehead llama una aspiración subjetiva, lo cual sería equivalente a la imagen en la tapa de la caja de rompecabezas. De esta manera, la entidad actual sabe hacia donde su desarrollo debe apuntar, pero aún se encuentra con la dificultad de cómo proceder. En alguna parte del libro, Whitehead habla del “elemento divino del mundo mediante el que la estéril e ineficiente disyunción de las potencialidades abstractas obtiene primordialmente la eficiente conjunción de realizaciones ideales”. Las potencialidades abstractas son los objetos eternos que la entidad concresciente debe ir prehendiendo e ingresando para que tome forma y se determine. Whitehead describe esas potencialidades como una ‘disyunción estéril e ineficiente’, o sea, como la mezcolanza desordenada de la infinidad piezas sin dibujo en el caso del rompecabezas. La segunda función de Dios es ordenar en términos de relevancia toda la infinidad de objetos eternos. Es como si pusiera los dibujos en las piezas del rompecabezas. Hace poco estuve de visita con mi madre y un día hicimos un rompecabezas. Era una escena de la naturaleza y yo decidí juntar las piezas del cielo, así que buscaba piezas azules y las juntaba para irlas trabajando. Ese ordenamiento es lo que hace Dios, presentando objetos eternos relevantes para el entorno en el que la entidad está en proceso de constituirse.
¿Qué problema tengo con todo esto? Pues, que suena al clásico argumento teleológico a favor de la existencia de Dios. Hace tiempo, había los que decía que fenómenos tan complicados como el ojo humano no podría ser el resultado del azar, que tenían que haber sido diseñados por algo o alguien – lo que llamamos Dios. Luego llegó Darwin y mostró cómo la combinación de la selección natural y mucho tiempo podría dar paso a semejantes fenómenos. Ahora, el Dios de Whitehead no es creador del mundo, no es el Dios de la Biblia, sin embargo, me parece que se introduce para explicar algo para el cual existe una explicación más sencilla. Sí, al principio, los elementos del universo se relacionarían de forma estéril e ineficiente, pero con el tiempo, MUCHO tiempo, esa esterilidad e ineficiencia se tornarían cada vez más fecundas y eficientes.
Bueno, ésa es la sensación que me da. Dado que no he leído todo lo que Whitehead escribió ni tampoco conozco toda la literatura sobre este tema, seguro estoy dejando fuera alguna consideración importante, de modo que a lo mejor esté yo equivocado, o quizá Whitehead esté equivocado, no sé. Lo que está claro es que su concepto de Dios es interesante y eso, como veremos más adelante, es algo que pueda abogar a su favor.
De momento, sigamos con su explicación del proceso de concrescencia. En el rompecabezas, lo que se juntan son piezas, y eso de forma mecánica. En el devenir de la entidad actual, lo que se juntan o tejen son sensaciones (o feelings), y eso de forma orgánica. Las sensaciones que inician el proceso Whitehead las llama sensaciones físicas simples. Dice: “La «sensación física simple» que tiene un sujeto es una sensación para la que el dato inicial es otra entidad actual individual y el dato objetivo es una sensación que se tiene en la segunda entidad actual”. Aquí, Whitehead se refiere a la entidad en ciernes o, digamos, la entidad concresciente como un sujeto que tiene una sensación. Esa sensación viene de la prehensión de un dato. Ese dato, la cosa que siente, es otra entidad actual, y lo que siente de esa entidad es una de sus sensaciones. Esta dinámica básica ya la habíamos tratado en el vídeo sobre las prehensiones.
Pero antes de ver cómo esas sensaciones crecen y se unen en el devenir de la entidad, hay que preguntar ¿de dónde vienen esas primeras sensaciones? No podemos simplemente presuponer su existencia como materia prima para el desarrollo de la entidad actual. Como dice Whitehead: “De conformidad con el principio ontológico, no hay nada que llegue flotando al mundo desde ningún sitio. Todo lo que hay en el mundo actual hace referencia a alguna entidad actual”. Ya hemos visto que la aspiración subjetiva con la que cuenta la entidad desde un inicio no aparece de la nada sino que es proporcionada por la entidad actual que es Dios. ¿Y las sensaciones físicas simples? Vienen del mundo actual de la entidad concresciente, de las entidades actuales en su pasado. Dice Whitehead: “Una sensación física simple es un acto de causación. La entidad actual que es el dato inicial es la «causa», la sensación física simple es el «efecto»”. Estas primeras sensaciones las llama también sensaciones de conformidad porque se conforman a condiciones anteriores; o, mejor dicho, estas condiciones anteriores se reproducen en el presente de una nueva entidad.
Esta reproducción de entidades actuales en el pasado Whitehead la llama ‘transición’. La llama así porque la entidad anterior sufre una transición en su naturaleza y en su quehacer. Antes, en su momento, era también una entidad concresciente cuyas sensaciones, llevadas por la meta o aspiración subjetiva, crecieron juntas, volviéndose cada vez más determinadas y concretas, hasta constituir una sola sensación cuya intensidad resultó satisfactoria. Todo ese devenir de la entidad que termina con la satisfacción, eso es la concrescencia, pero al llegar a su término la entidad actual perece. Esto no quiere decir que desaparezca, sino sólo que deja de ser actual, deja de devenir. Bueno, hasta el momento de perecer, era un sujeto cuyo devenir se regía por la aspiración subjetiva, un proceso que era por tanto teleológico. Pero al perecer, sufre precisamente una transición – deja de ser sujeto y pasa a ser lo que Whitehead llama un superyecto, o lo que coloquialmente llamaríamos un objeto, un hecho tozudo, lo cual reproduce a sí mismo para que una nueva entidad se arranque. Como dice Whitehead: “Algún tipo de conformidad es necesario como base de la transición vectorial por la que el pasado se sintetiza con el presente”. El resultado de la transición, a saber, las sensaciones físicas simples que la entidad concresciente recibe de sus antecesores, Whitehead lo llama la herencia física. Cada ser humano recibe de sus padres una herencia de este tipo, sin embargo, el posterior desarrollo de la persona no resulta en una simple duplicación de los padres. La nueva persona es única. Para ver por qué, debemos seguir los pasos de la concrescencia.
Dice Whitehead: “La entidad actual nueva, que es el efecto, es la reproducción de las múltiples entidades actuales del pasado. Pero en esta reproducción se hace abstracción de sus diversas totalidades de sentir. Esta abstracción es un requisito de las condiciones categoriales para una síntesis compatible en la nueva unidad”. Si se reprodujeran las “diversas totalidades del sentir” de todas esas entidad actuales, no devendría nada nuevo sino que el pasado simplemente se perpetuaría en el presente. Más bien, cada entidad hace abstracción de la diversidad de sensaciones que lo constituyen, reduciéndose cada una a la perspectiva de una de sus propias sensaciones. La entidad concresciente no siente otras entidades en toda su complejidad sino desde la perspectiva de esta sensación. Esta abstracción es necesaria, dice Whitehead, por condiciones categoriales, la más importante siendo la categoría de la unidad subjetiva. Para que la entidad actual crezca en su devenir, las sensaciones que la constituyen en un momento dado tienen que ser compatibles entre sí, es decir, susceptibles a integrarse. Whitehead da el ejemplo de una entidad A sintiendo otras entidades en su entorno – B, C, y D. A siente D directamente, pero también por medio de B y C. Es decir, tanto B como C han sentido D, de modo que cuando A siente B y C está también sintiendo D tal y como ellos sintieron D. Entonces, A cuenta con tres prehensiones distintas de D – la suya propia y aquellas de B y C. Estas tres sensaciones no pueden quedarse así tal cual sino que tienen que integrarse para formar una sola sensación de D. Dado que el mundo de A no es el mundo de B o C, puede haber inconsistencias o incompatibilidades entre las tres fuentes de información que A tiene sobre D, entonces, a través de la prehensión negativa, A elimina esos aspectos para quedarse con una sola sensación integrada de D.
Este proceso de abstracción y eliminación de incompatibilidades puede ilustrarse de la siguiente manera. Imagínate que lees Proceso y realidad y que lees también varios libros y artículos sobre ese libro e incluso una serie en YouTube al respecto. Simplificando las cosas, toda esa información son las entidades actuales en tu entorno. Tú sientes o prehendes Proceso y realidad por cuenta propia, de manera directa, pero también por medio de todos esos libros y artículos. Si la meta final es una comprehensión de Proceso y realidad, no puedes simplemente reproducir lo que muchos han dicho porque habrá interpretaciones conflictivas y distintas matices y énfasis sino. Más bien, tienes que integrar toda esa información en una perspectiva propia. Cada uno de esos autores prehendieron Proceso y realidad desde cierta perspectiva en un mundo ligeramente distinto al tuyo, con inquietudes y factores moldeados por su propia aspiración subjetiva. Esto no quiere decir que leyeron mal el libro de Whitehead sino sólo que para que llegues a una perspectiva propia tienes que hacer una criba de todas esas prehensiones, o sea, tienes que prehenderlas negativamente para eliminar aquellos aspectos que son inevitablemente incompatibles entre sí. El punto final del proceso de concrescencia es la creación de una sola sensación con la que la entidad actual expresa su mundo actual.
Todo lo que hemos descrito hasta ahora es la primera fase de concrescencia. Sobre la concrescencia Whitehead dice que tiene “tres fases sucesivas de sensaciones, a saber, una fase de sensaciones «de conformidad», otra de sensaciones «conceptuales» y otra de sensaciones «comparativas», incluidas en esta última especie las sensaciones proposicionales”. La primera fase trata de la constitución del polo físico de la entidad actual. Por eso denomina las sensaciones que le conciernen ‘sensaciones físicas simples’. Dice: “Cada actualidad es esencialmente bipolar, física y mental, y la herencia física va esencialmente acompañada de una reacción conceptual”. Recordemos que hay dos clases básicas de prehensión: física y conceptual. El dato de una prehensión física, es decir, aquello que es sentido, es una entidad actual; el dato de una prehensión conceptual es un objeto eterno. Como hemos platicado, los objetos eternos no están en un mundo platónico aparte sino integrado en las entidades actuales. En la segunda fase de concrescencia, partiendo de las entidades actuales que la entidad concresciente ha prehendido físicamente, ahora las prehende conceptualmente, derivando de ellas los objetos eternos que las estructuran.
Recuerda que toda prehensión consta de tres elementos: 1) el sujeto que prehende, 2) el dato prehendido, y 3) la «forma subjetiva», que es cómo dicho sujeto prehende ese dato. En el caso de la prehensión conceptual, esa forma – el cómo de la prehensión – es la valoración; valora el objeto eterno o bien hacia arriba o hacia abajo, como un elemento importante o insignificante en su empresa de constituirse. En la primera fase de concrescencia, el objeto tiene mayor peso, es decir, las entidades actuales del pasado cuyas sensaciones físicas se reproducen en el presente de la entidad concresciente. En la segunda fase, el sujeto tiene mayor importancia, o sea, la entidad concresciente, específicamente su aspiración subjetiva. La incorporación de objetos eternos no está impuesta con causalidad eficiente, sino que son evaluados teleológicamente por la aspiración subjetiva, por la meta del sujeto. Esta valoración modifica en cierto grado el papel que los objetos eternos jugarán en la constitución de la entidad y por tanto introduce un elemento de novedad. Otra fuente de novedad es lo que Whitehead llama la reversión conceptual. En un primero momento de la prehensión conceptual, la entidad reproduce los objetos eternos que están integrados en las entidades actuales que ha prehendido físicamente, y los valora. En un segundo momento, la entidad prehende objetos eternos distintos a estos últimos, objeto eternos que la naturaleza primordial de Dios ha organizado y jerarquizados en términos de relevancia. John Cobb da un buen ejemplo de estos dos momentos. Supongamos que alguien me dice algo que me irrita. En el siguiente momento siento mi pasado inmediato como irritado. En tanto cualidad, esa irritación que siento es un objeto eterno. Al prehenderlo en el siguiente momento puedo simplemente repetirlo sin más. Eso sería mi tendencia. Sin embargo, esto no es un proceso automático. Al prehender la irritación del momento anterior puedo simplemente dejar que se repita, o puedo distinguir de el la irritación como una posibilidad. Puedo valorarla de forma un tanto negativa, o sea, hacia abajo como diría Whitehead. Además de eso, puedo darme cuenta de emociones alternativas que puedan modificar mi sensación de la irritación previa. La forma subjetiva de la prehensión de la irritación previa continuará a incluir la sensación de irritación, sin duda, pero también puede incluir un elemento de vergüenza o pena por la exagerada respuesta al estímulo. La consideración de alternativas emociones relevantes es lo que Whitehead llama la reversión conceptual. En poco tiempo, la actualización de posibilidades recibidas por la reversión puede alterar considerablemente la forma subjetiva de mis sensaciones físicas.
Hace rato comentamos que la concrescencia consta de tres fases. La primera tiene que ver con las sensaciones física simples, con el polo físico de la entidad concresciente; la segunda, la que acabamos de comentar, tiene que ver con las sensaciones conceptuales; y la tercera con lo que Whitehead llama ‘sensaciones comparativas’. Una sensación comparativa es una sensación que compara una sensación física simple de la primera fase con una sensación conceptual de la segunda fase. Sensaciones comparativas son de dos clases. La primera es lo que Whitehead llama ‘propósitos físicos’. “Semejante sensación, dice Whitehead, surge de la integración de una sensación conceptual con la sensación física básica de la que deriva”. Esto tiene lugar en entidades actuales relativamente primitivas y es lo que da cuenta de la continuidad y constancia del mundo físico. La segunda clase son lo que llama sensaciones proposicionales. En el primer tipo, ya no hay mayor integración de las sensaciones, pero en este segundo tipo la sensación sirve de acicate para mayores integraciones.
Para resumir, tenemos sensaciones físicas por un lado y sensaciones conceptuales por el otro. El dato de las primeras, es decir, aquello que es prehendido y que produce la sensación, son las entidades actuales. Y el dato de las segundas son los objetos eternos. Y ahora tenemos sensaciones proposicionales. ¿Cuál es su dato? ¿Qué cosa es prehendida para producirlas? La proposición. La proposición es un ente híbrido, una combinación de entidades actuales y objetos eternos, la cual funge como un acicate para sentir. Como comenté al final del último vídeo, su concepto de la proposición es bastante novedoso y atrevido, mucho más amplio del concepto que manejan los lógicos de la tradición. Para estos últimos, la proposición no tiene que ver con el sentir, sino con el saber. Es un medio que conduce a la verdad lógica, no al placer estético. Para la lógica, la proposición es una expresión lingüística que juzga sobre estados de cosas en el mundo. Es un fenómeno fundamentalmente epistemológico. Para Whitehead, la proposición es fundamentalmente ontológico – es una cosa en el mundo que sirve principalmente para catalizar el proceso de concrescencia hacia formas más complejas y novedosas. El avance creativo del cosmos se debe a la actividad de las proposiciones. Veamos cómo funciona.
Como dijimos, la proposición es un ente híbrido, una combinación de entidades actuales y objetos eternos. En la lógica encontramos la misma concepción, sólo que los lógicos no usan esos términos de Whitehead sino ‘sujeto’ y ‘predicado’, respectivamente. Tomemos como ejemplo la proposición “El libro es rojo”. ‘Libro’ es el sujeto o la entidad actual, y ‘rojo’ es el predicado o el objeto eterno. Si alguien simplemente dijera ‘libro’ o ‘rojo’ de forma aislada, no estaría diciendo nada. Es sólo cuando se combinan que algo se afirma – el libro es rojo. Es por eso que los lógicos llaman la proposición “el portador de verdad” – las proposiciones son las únicas cosas susceptibles de llamarse verdaderas o falsas.
Ahora, Whitehead, siendo uno de los grandes lógicos de la tradición, no rechaza esta forma de entender las proposiciones sino sólo dice que es muy limitada. Su interés está en la más amplia cuestión ontológica de la constitución o concrescencia de las entidad actuales. La concrescencia, como dijimos, tiene tres fases. En la primera, la entidad concresciente prehende entidades actuales en su entorno lo cual produce sensaciones físicas simples o lo que también llama sensaciones de conformidad. Estas sensaciones se conforman o reproducen el estado anterior y dan cuenta de la continuidad o persistencia del mundo. La segunda fase son las sensaciones conceptuales donde la entidad prehende los objetos eternos en las entidades de su entorno. Aísla esos objetos valuándolos hacia arriba o hacia abajo, como comentamos. A estas alturas, entonces, tenemos las sensaciones físicas y las sensaciones conceptuales, el lado físico y el lado mental. Y ahora viene la tercera fase que Whitehead llama comparativa. Lo que se compara o se contrasta es el lado físico con el lado mental, pero ojo, no tal y como aparecen en la proposición tradicional. En este último tenemos algo físicamente concreto y particular – el libro – y otra cosa que es sumamente abstracto y general – la rojez. La combinación de los dos da sólo dos posibilidades – o el libro es rojo, o no lo es. En el primer caso, las cosas siguen tal como eran antes y nada cambia, y el segundo caso es simplemente indefinido, una negación. Pero a veces nos equivocamos. ¿Qué tal si lo que pensábamos era un libro es realmente una caja? En ese caso, la proposición no sirve para juzgar la realidad.
Para dar cuenta tanto del error como de la novedad, Whitehead transforma los dos componentes de la proposición. Por un lado, la entidad concresciente prehende la entidad en su entorno, en este caso el libro, pero en vez de captarlo como algo determinado, como algo que se identifica como un libro, hace abstracción de ello mediante la prehensión negativa, o sea, elimina de su prehensión las cualidades que permiten su identificación como libro para que quede como un mero X, un algo ahí. Entonces, el carácter concreto y particular del sujeto se diluye un poco. En vez de un libro concreto tenemos lo que Whitehead llama un sujeto lógico, un algo ahí. Gracias a esa prehensión negativa, la sensación que resulta ya no es una sensación física sino lo que Whitehead llama una sensación indicativa – una que simplemente indica que hay algo ahí.
Antes de pasar al predicado o el objeto eterno, quiero dejar claro que es un error pensar en la proposición como una representación, como si en el teatro de nuestra mente estuviéramos escenificando la realidad allá fuera. No. Para Whitehead, la prehensión constituye una transferencia o flujo de sensaciones; es elemento ontológico del proceso de concrescencia. ¿Qué clase de cosa es la proposición? Había dicho que es un ente híbrido, una combinación de entidades actuales y objetos eternos. La verdad, está mucho más parecido a este último. En su lista de las ocho categorías de la existencia, los objetos eternos vienen en el lugar número 5. Whitehead los describe como “potenciales puros para la determinación específica de hechos”. Luego vienen las proposiciones, número 6 en la lista. Dice que son también potenciales, sólo que en vez de ser puros, son impuros.
¿Cuál es la diferencia entre puro e impuro? El objeto eterno es un potencial puro en dos sentidos. Primero, aun cuando nunca llegara a caracterizar una entidad actual, no por eso dejaría de ser lo que es. Es decir, aun cuando jamás hubiera algo rojo, la rojez como objeto eterno seguiría siendo una posibilidad real. A diferencia de las entidades actuales, los objetos eternos no perecen, no son temporales sino atemporales, y por eso Whitehead los llama eternos. Segundo, el objeto eterno hace abstracción de toda cuestión fáctica, es decir, es de suma generalidad por lo que puede aplicarse a cualquier entidad. Whitehead expresa esto en la siguiente cita: “No podemos conocer qué es rojo simplemente pensando en la rojez. Sólo podemos encontrar cosas rojas aventurándonos entre las experiencias físicas en este mundo actual”.
Ahora bien, como el objeto eterno, la proposición es también un potencial ya que juega un papel en la determinación de la entidad actual, en su paso de ser vago a ser definido. Sin embargo, es impuro porque no es independiente de las entidades actuales sino que nace con ellas; la entidad concresciente tiene que prehender una entidad actual para que una proposición se forme. Como ya platicamos, esta prehensión no produce un sujeto concreto que puede identificarse – el libro – sino un sujeto ‘lógico’, un mero X indicado por ahí. Eso es un lado. El otro es el objeto eterno. La modificación que se hace a éste es simple y sencillamente su incorporación en la proposición. Donde normalmente el objeto eterno, gracias a su total generalidad, puede referirse a cualquier entidad actual, la proposición restringe esa referencia, delimitando la referencia a sólo la entidad actual en cuestión, digo, a sólo el indeterminado X en cuestión. En el contexto de la proposición, Whitehead llama los objetos eternos un modelo predicativo. El contraste que se establece entre este modelo predicativo y el sujeto lógico es la proposición.
Yo recuerdo que de niño jugaba en lo que se llama un “sandbox” – un arenero? una caja de arena? (No sé cómo se dice). No me refiero a la caja donde el gato va para hacer pipi sino una más grande donde los niños pueden jugar. Pues el concepto de sandbox se ha tomado como metáfora para referirse a un lugar donde uno puede experimentar. En Wikipedia por ejemplo, si nunca has editado o creado una página ahí, tienen una página que llaman un sandbox donde puedes practicar y experimentar con todas las funcionalidades del sitio sin que tengan efecto real. Se podría decir que la proposición es un sandbox donde la entidad actual puede experimentar con diferentes posibilidades de concrescencia.
Volvamos un momento a su definición de proposición. Dice que son: “potenciales impuros para la determinación específica de hechos, o teorías”. La proposición es básicamente una pequeña teoría que la entidad concresciente considera para su posterior desarrollo. Lo que la proposición dice es “Imagínate que las cosas fueran así, ¿cuales serían las consecuencias?” Es en ese sentido que Whitehead dice que la proposición es un acicate para sentir. Como platicamos hace rato, a los lógicos semejante afirmación hace ruido – la proposición es más bien un medio para juzgar. Whitehead responde: “Por desgracia, las teorías, bajo el nombre de «proposiciones», se han puesto en manos de los lógicos, que han dado por buena la doctrina de que la única función de las teorías es ser juzgadas según su verdad o falsedad”. De esta manera, la proposición no es más que una representación en el teatro de la mente que separa el trigo de la paja, lo verdadero de lo falso. Así, para Whitehead, se pierde su papel más profundo en el universo. Dice: “En ese aspecto puramente lógico, las proposiciones no conformes son meramente erróneas y, por ello, peor que inútiles. Pero en su papel primordial allanan el camino por el que el mundo avanza hacia lo nuevo. El error es el precio que pagamos por el progreso”. Más adelante dice: “El modo primario de realización de una proposición en una entidad actual no es el propio del juicio, sino el de la simple enunciación”. La palabra que Whitehead usa es “entertainment”, la cual han traducido como “enunciación”. Eso no me parece correcto – debe ser “entretenimiento”, no en el sentido coloquial actual de ser distraído de forma mediática, sino en el sentido etimológico, o sea, tener o sostener algo para su consideración. Así, llegamos a la afirmación que en el vídeo anterior calificamos de atrevida, a saber: “En el mundo real importa más que una proposición sea interesante que el hecho de que sea verdadera. La importancia de la verdad es que aumenta el interés”. Como hemos visto, la concrescencia de la entidad actual reproduce en su sentir muchos aspectos del mundo anterior, pero si no hiciera más que eso, si sólo se fijara como un buen lógico en lo que puede afirmarse verdaderamente, el mundo no avanzaría de forma creativa y novedosa. Las proposiciones interesantes que son a veces falsas o erróneas son “el precio que pagamos por el progreso”.

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Música de la intro: La canción se llama “Ambience Musettienne” del album Simply Musette de Alexa Sage.

Música de la outro:  ZAPATEADITO OAXAQUEÑO II . Arodi Martinez S.  https://www.youtube.com/watch?v=qIcnUTBSOfw

4 Comments

  1. Eugenia · 27/12/2025 Responder

    Hola Darin! Haces un gran trabajo. Me ha gustado mucho seguir leyendo a Whitehead contigo. No soy filósofa, soy fisioterapeuta, pero siempre pienso mi profesión, mi vida y mis temas con la filosofía. Así que te agradezco que compartas de manera tan exhaustiva tu modo de entender y comprender las obras. Te he encontrado por Whitehead pero seguiré leyendo tu blog. Saludos afectuosos!

    • Darin · 30/12/2025 Responder

      Hola Eugenia, me da gusto que te haya gustado esta serie. Te mando un fuerte abrazo navideño!

  2. Alejandro · 08/01/2026 Responder

    Muchas gracias Darin por tus clases. Las he escuchado reiteradamente para intentar incorporarlas poco a poco. Tengo una duda con respecto a cómo “aplicar”, por así decirlo, ciertos conceptos de Whitehead a la realidad cognoscitiva humana. No sé si será posible hacer esa superposición, pero me resulta un ejercicio natural de hacer desde la costumbre y también a propósito del ejemplo que citabas que daba John Cobb sobre la prehensión, positiva y negativa y la reversión conceptual. En ese ejemplo, me quedé con la imagen de un sujeto que “decide” sobre sus estados emocionales. Dices en un momento que, mediante la actualización de posibilidades recibidas por la reversión, se podrá alterar la forma subjetiva de las sensaciones físicas. Me queda la duda sobre ese proceso, que en ese ejemplo me da la impresión que toma una forma de continuidad lineal que se da en un tramo de tiempo. Me cuesta pensar ese ejemplo como un hecho atómico, estático. Ya el concepto mismo de “reversión” me cuesta pensarlo en términos de la inmanencia. ¿Podrías alumbrarme en algún nivel? Te agradezco mucho!

    • Darin · 08/01/2026 Responder

      Hola Alejandro. Gracias por tu pregunta. Las prehensiones conceptuales que efectua una entidad actual se conforman muchas veces al dato objetivo que presenta la entidad prehendida, y así el carácter fáctico del mundo se perpetúa. Una piedra, por ejemplo, sigue siendo tomado como una piedra. Sin embargo, esos datos no son los únicos que la entidad en ciernes tiene a su alcance. Hay objetos eternos relacionados con la entidad que prehende. Por ejemplo, la piedra puede prehenderse no sólo como dura sino, por eso, como una herramienta, o un arma. Esta reversión conceptual no está en otro mundo, no es trascendente, sino que esos objetos eternos están de forma inmanente en el único mundo que hay. En cuanto al carácter lineal que percibes en este proceso, pues sí, una de las cosas más difíciles de entender en Proceso y realidad. Lo que te puedo decir es que lo que en el análisis lógico vemos que fases discretas y temporales es algo que en el acto es casi espontáneo. Recuerda que la relación no es cognitiva sino afectiva. La entidad actual está sintiendo, prehendiendo, el mundo a su alrededor. Piensa en estar manejando un coche y todas las decisiones que de forma intuitiva y casi espontánea tomas. No las estás pensando sino que sintiendo. El “tiempo” de reacción es muy rápida, casi atómica. Espero esto te haya ayudado a entender un poco mejor lo que dice Whitehead. Pero si no entiendes todo, ntp, yo tampoco!

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