La filosofía del taoísmo, pt. 2/3

Complementamos nuestro análisis del Tao con una reflexión de la virtud que necesita el hombre para vivir en armonía con él: el wu-wei.

Guión

 Empezamos nuestro examen del taoísmo con la célebre afirmación: “El Tao que puede ser expresado con palabras no es el Tao eterno”. ¿Puedes cortar el aire o el agua, o los puedes agarrar? Los puedes encerrar, pero luego dejan de fluir y de ser lo que son. Una cubeta no puede contener un río, ni una bolsa el viento. Al igual que las tijeras y las cubetas, nuestras palabras tratan de captar la esencia de la realidad, pero no lo logran. Los conceptos de un Kant o las ecuaciones de un Newton son más sofisticados que la cubeta, más abstractos digamos, como las coordenadas cartesianas o la red de longitud y latitud con las que calculamos y ubicamos las estrellas y los planetas, las montañas y los ríos. Pueden ser muy útiles y eficaces para fines humanos, pero las montañas no son afectadas por nuestras redes conceptuales. Éstas no logran captar el orden sutil de la naturaleza, eso que Lao-Tzu llama el Tao.
El orden que la mentalidad occidental entiende es mecánico y lineal. Sea en la esfera natural o social, se trata de ecuaciones y algoritmos, reglas y leyes que se siguen en una cadena de causa y efecto, cuyo finalidad a fin de cuentas es el control. Este orden mecánico no es el camino del Tao. Lao-Tzu y los antiguos chinos describían el orden del Tao con la palabra “li”, la cual significa patrón, el tipo de patrón que se encuentra en sistemas orgánicos como el flujo de agua, la forma de árboles o nubes, o el patrón que se aprecia en la veta de un trozo de madera. El “li” es asimétrico e irregular, a diferencia del orden simétrico y regular de Occidente, quizá con la excepción de la geometría fractal de Benoit Mandelbrot que vimos en mi vídeo sobre la teoría del caos.
Llevo ya 20 años viviendo en México y ¿tú crees que no he podido aprender a bailar la salsa? He intentado pero no me sale. Digo a mis amigos mexicanos que me falta una articulación en la cadera. Bueno, en el antro me defiendo, pero bailando la salsa, ¡no! Veo vídeos en YouTube y me fijo en los pasos, y luego me doy cuenta de que estoy tratando el tema con la mentalidad occidental de reducir las cosas a sus elementos y ponerlos en orden lineal para dominarlo. Pero eso no es el “li”. El “li”, ese orden orgánico, es lo que caracteriza el orden o el flujo del Tao. El Tao es una unidad o totalidad. Si se reduce a partes, pierde su carácter dinámico. Es como un organismo cuyas partes emergen de la totalidad, a diferencia de una máquina cuyas partes son simplemente conjuntos o agregados. Fíjate que el Tao es muy parecido a cómo Spinoza entiende la realidad, como una sola sustancia infinita que llama Dios o la Naturaleza. Bueno, ése es tema de otra serie de vídeos.
La razón por la que la salsa no me sale no es por la falta de una articulación en la cadera, sino porque tengo la consciencia pretendida al máximo, estoy demasiado centrado en el asunto, esforzándome para hacer el movimiento. En el chino, el verbo que describe lo que estoy haciendo es “wei”. Significa precisamente hacer o actuar, pero con la connotación de que sea forzado, un artificio. Si cortas un trozo de madera, resulta más difícil hacerlo si vas contra las vetas que si vas en la dirección de las vetas. El “wei” describe una actividad que va contra las vetas, o contra el “li”. Por eso los taoístas hablan del “wu-wei”. “Wu” es una partícula que niega lo que viene después, entonces wu-wei significa literalmente “no-hacer”. No en el sentido de simplemente no hacer nada, sino de no forzar las cosas, de no ir contra la veta o la corriente, sino ir con ellas.
Nuestra discusión del Tao hasta ahora, de su orden entendido como el “li” y su dinámica como el yin y el yang, describe la forma de ser de la naturaleza, desde el ritmo de las estaciones del año, la marea del mar, el latido del corazón, la interacción de los animales, etc., todo menos el ser humano. Nosotros somos parte de la naturaleza pero de alguna manera hemos desarrollado la capacidad de oponernos a la misma y de imponer una voluntad independiente. Muchos han comentado que nuestra concepción de Dios en Occidente es un antropomorfismo, o sea, una proyección de las capacidades del hombre a un ser que las lleva a la infinita perfección. Esto es lo que distingue al Dios del cristianismo del Tao y del Dios de Spinoza. El Dios cristiano crea el mundo, o sea, lo hace (wei), mientras que el Tao y el dios espinozista lo produce mediante el no-hacer, el wu-wei. En todo caso, lo que quería decir era que el Tao Te Ching no se llama simplemente el Tao Ching debido a la curiosa capacidad del hombre de salir del orden del Tao. El hombre requiere de una virtud o “te” para vivir de acuerdo con el Tao y sus ritmos. Esta virtud es el wu-wei.
Todos hemos visto escenas de peleas en las películas. Sean con pistolas o puños, el héroe trata de sojuzgar a su oponente con la fuerza. Incluso en las películas de artes marciales, dado con son hechas para públicos occidentales, el héroe anda pegando al oponente con los pies y las manos. Sin embargo, un verdadero maestro del judo o el aikido no hace eso. No se opone a la fuerza de su oponente, sino que la utiliza y la dirige para que el oponente se derrote a sí mismo por la fuerza de su propio ataque. Un pino tiene ramas rígidas. Si se cargan de nieve, pueden romperse bajo el peso. Las ramas del sauce, en cambio, no son rígidas pero tampoco fláccidos, sino elásticos. Las ramas ceden ante el peso y el nieve cae, pero no se rompe la rama.
Uno que sigue el Tao se comporta con wu-wei. La virtud que tiene es un íntimo conocimiento práctico de las estructuras y principios del mundo, tanto natural como humano, lo cual le permite tratarlos ejerciendo un mínimo de energía.
A lo mejor, pienses – muy bien – así me voy a portar, y te pones a tratar de actuar así. Y luego te das cuenta de que tu intento de vivir en el Tao de manera wu-wei es precisamente eso, un intento, un esfuerzo que realizas a través de una disciplina de pasos y reglas. Oye, entonces ¿de qué se trata este libro de Lao-Tzu? ¿Cómo se supone que uno puede aprender de él? Pues, comprender el mensaje del texto no es el resultado de un largo análisis, sino más bien de una especie de intuición, parecido a la experiencia de satori o “insight” directo que un maestro zen logra con el koan. Eso lo vamos a ver más adelante al ver la tradición del budismo zen. El punto, de momento, es que la felicidad o la iluminación no puede ser el producto de un esfuerzo controlado. Pero ésa es la percepción que tenemos en Occidente. Vemos los monjes o sabios sentados en meditación y parece ser un proceso largo y arduo. Pensamos que la enseñanza del Oriente no puede ser tan fácil de captar y asimilar. Pero en cierto sentido, lo es.
Como dice Alan Watts, los que entienden el Tao disfrutan simplemente de sentar y de observar las cosas sin ningún motivo o fin en mente. Justo como los gatos. Si un gato se cansa de estar sentado, entonces se levanta y da un paseo o caza ratones. No se mortifica ni compite con otros gatos para ver cuanto tiempo puede permanecer sentado sin moverse (como suelen hacer los humanos que van a centros de meditación). Aunque a veces hay muy buena razón para permanecer inmóvil, como cuando está cazando un pájaro.
Un taoísta se sentará contigo y meditará, pero cuando percibe que esta actividad ya se está volviendo artificial, se levantará a hacer otra cosa. Si uno sigue así sentado para que se le vean como muy santo o disciplinado, eso no es más que el orgullo espiritual, cosa tonta para el taoísta. Si el taoísta medita, no es con el fin egoísta de mejorarse. Más bien, entiende intuitivamente que el camino del Tao es el único que hay, por lo que medita simplemente por el goce de hacerlo, de sentir el flujo de su respiración, oír los pájaros en los árboles, ver el baile de la luz en el suelo, el sonido del viento, mas no por la artificialidad de ejercicios espirituales.
El wu-wei es la vía de la relajación, no el esfuerzo. Este último es consciente e intelectual. Trata de captar el mundo y controlar su experiencia mediante su red de abstracciones de modo que quepa dentro de categorías rígidas. Si el wu-wei se distingue de la inteligencia consciente, esto no quiere decir que el taoísta sea estúpido, sino que su inteligencia sea espontánea y natural. Si viste mis vídeos sobre Así habló Zaratustra, recordarás la distinción que hace Nietzsche entre la gran razón y la pequeña razón. La pequeña razón es el ego, el cual se cree estar en control de las fuerzas superiores que le rodean. Al intentar controlarlas, inhibe su funcionamiento natural. Todos hemos experimentado esto. Al estar haciendo algo, esa pequeña razón pregunta: lo estoy haciendo bien? otros me ven? qué pensarán de mi? debo centrarme más para que todo salga bien. Y por supuesto las cosas no salen como uno esperaba. Es como ese cuento del ciempiés que conté en otro vídeo. Un sapo, maravillado por su capacidad de coordinar tantas patas en su caminar, le pregunta cómo lo hace. El ciempiés se pone a pensar, se entromete su consciencia, su ego, y trata de replicarlo paso por paso, pero termina tropezándose.
Estaba pensando que el sabio taoísta ha de vivir y experimentar su entorno como Adán y Eva experimentaban la existencia en el Jardín de Edén, de forma inmediata y simple, sin el censor de la auto-consciencia, como los animales que les rodeaban. Aunque he distinguido el Tao del concepto cristiano de Dios, creo que si vemos la historia de Genesis mitológicamente, podemos ilustrar bien la naturaleza del Tao.
En el Jardín de Edén no hay dualidad ni consciencia de ruptura; es simple unidad donde se experimenta la inmediatez del eterno ahora. Como sabemos, hay un árbol cuyo fruto da conocimiento del bien y del mal. Al comer esa fruta, Adán y Eva cobraron consciencia de la dualidad: del bien y el mal, hombre y mujer, luz y oscuridad, y fueron expulsados. Al echarlos del jardín, Dios puso unos querubines para guardar acceso al otro árbol en el jardín, el árbol de la vida. En la teología cristiana, el hombre no podía volver al jardín y a la vida eterna por su cuenta, sino sólo mediante Cristo. La cruz en la que murió es, simbólicamente, el árbol de la vida, y Cristo es su fruto. Cristo es el medio a través del cual uno pasa entre los querubines y deja el mundo de la dualidad para volver a la vida eterna.
Hay algo muy parecido en la tradición budista en Japón. Los templos guardan en su interior una estatua del Buda sentado debajo un árbol, pero el acceso a él no es fácil. Fuera del templo, dos guardianes impiden la entrada, como los querubines en el Jardín de Edén. Si los ves de cerca, uno tiene lo boca abierta y el otro cerrada. Esto simboliza el miedo y el deseo, un par de opuestos, o sea, la dualidad. Como comenta Joseph Campbell, al acercarse al templo, si te son reales estas figuras, si te amenazan y te hacen temer, entonces todavía estás fuera del jardín. Si en cambio ya no estás apegado a tu ego, sino que lo ves como una función de una totalidad más grande y unida, y te alineas con esta más grande sobre la más pequeña, entonces no tendrás miedo de esas dos figuras y entrarás al templo dejando el mundo de la dualidad y te darás cuenta del Buda dentro de ti.
En el taoísmo, a diferencia de la tradición cristiana, la separación entre el hombre y el Tao no se debe a un pecado. La separación no es metafísica, sino algo más mundano, simplemente la forma en que la vida social complica la existencia, haciendo que olvidemos quienes somos realmente al hacer que nos obsesionemos con lo que no somos. La vida social hace que veamos los pares como opuestos en vez de los complementos que realmente son. Como Adán y Eva fuera del jardín, el hombre vive en un mundo de dualidades tratando de ingeniar y controlar su relación a través de reglas y pasos a seguir para construir a la larga su utopia o paraíso. En el taoísmo, fe en Cristo no resuelve el problema, sino el darse cuenta de que estas partes no son opuestas, sino complementarias, que lo divino o el principio de la realidad, o sea el Tao, no está en un mundo más allá trascendente, sino aquí y ahora. Para volver al árbol de la vida, simplemente hay que ver el yin y el yang de las dualidades. Al escuchar este ritmo del Tao, empezarás a bailar, ¡quizá incluso la salsa!

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11 Comments

  1. Simina · 14/09/2017 Responder

    Gracias por estos maravilliosos video, desde poco tiempo encontrè la Fonda Filosofica y me gusta mucho
    saludos desde Italia.

  2. Marta Lucia Nesta · 15/09/2017 Responder

    Excelente! Gracias

  3. Gustavo · 20/09/2017 Responder

    gracias… hace un tiempo releí el “Tao de la física” de Capra… tu enfoque filosófico del taoísmo es igualmente interesante…

  4. Erica · 27/09/2017 Responder

    Excelente explicación.
    Acabo de descubrir esta web y el canal de youtube y no lo puedo soltar!
    Podrías decirme cual es, según tu opinión, la mejor traducción al castellano del Tao Te King? Si es una versión comentada o anotada, mucho mejor.
    Gracias Darin!

    • Darin · 28/09/2017 Responder

      Hola Erica. La verdad no estoy muy seguro. Es que la edición que leí fue en inglés (leo casi todo en inglés). Siempre pido a mis colegas cual es la mejor traducción de tal y cual libro, pero en este caso no encontré quien me dijera, perdón.

  5. Chantal · 29/09/2017 Responder

    Estoy encantsfa de leer y seguir todo ,me enriquece y lo disfruto mucho ! Siempre agradecida!

  6. Erica · 29/09/2017 Responder

    Gracias por tu respuesta Darin.
    Leí varias traducciones y algunos pasajes son bastante distintos, por ende también lo es su interpretación.
    Seguiremos buscando!
    Saludos.

  7. Andres · 09/10/2017 Responder

    Por fin un lugar donde aprender del conocimiento de la vida en su esencia a partir del razonamiento, el sentimiento y los diferentes aprendizajes de otras personas en diferentes tiempos y de una forma agradable y entendible, Darin muchas gracias por compartir Tu saber.

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