Leibniz recargado: el poder del concepto, pt. 3/3

Comparamos la sustancia en Leibniz con la de Descartes y Spinoza, la ilustramos con un holograma, vemos su carácter perspectival, tratamos los principios de la perfección y la continuidad y por último la relación entre las pequeñas percepciones y el cálculo infinitesimal.

Guión

 En su célebre Enciclopedia, Denis Diderot escribió: “Cuando uno compara sus propios talentos pequeños con los de un Leibniz, uno siente la tentación de tirar a la basura los libros de uno y de ir a morir tranquilamente en el fondo de algún rincón oscuro”. A mi también Leibniz me hace sentir insignificante. Pues lo que Leibniz era para Diderot, Spinoza era para Leibniz. Por sus ideas heréticas sobre Dios y por sus peligrosas ideas políticas, Spinoza fue odiado y rechazado por casi toda la sociedad. Aunque en público Leibniz se sumaba al repudió de Spinoza, en privado, en sus propias notas y en cartas discretamente enviadas a Spinoza, Leibniz le llamó el “célebre doctor” y “el profundo filósofo”. En noviembre de 1676 con apenas tres meses de vida que le quedaban a Spinoza, Leibniz le visitó en La Haya para discutir con la única persona capaz de poner a Leibniz en su lugar. La historia de este fascinante encuentro se relata en un maravilloso libro que acabo de leer: “El hereje y el cortesano” de Matthew Stewart. Lo recomiendo ampliamente.
En el fondo, lo que quería discutir con Spinoza era la noción de sustancia. En el último vídeo, vimos que la sustancia para Leibniz es algo sencillo e inmaterial, la mónada, de la que hay una cantidad infinita. El gran antecesor del hereje y el cortesano era Descartes, quien propuso dos tipos de sustancia, uno inmaterial, el res cogitans, y el otro material, el res extensa. Básicamente, mentes y cuerpos. Las mónadas de Leibniz son muy parecidas al res cogitans, pero ya vimos por qué los cuerpos, que son agregados, no pueden ser sustancias. Y luego está Spinoza. Tanto él como Leibniz rechazan el dualismo de Descartes; sostienen que hay un solo tipo de sustancia. La gran diferencia es que para Leibniz hay una infinidad de esas sustancias, las mónadas, mientras que para Spinoza hay una sola, la totalidad de la Naturaleza o, lo que es equivalente, Dios. Deus sive Natura, como dice en su célebre ecuación. ¿Entonces qué somos tú y yo y las plantas y las rocas para Spinoza? No somos más que los modos de expresión que tiene esa infinita sustancia. Sustancia y modos son el correlato ontológico de los sujetos y predicados que vimos en el contexto lógico. Para Spinoza, Julio César cruzando el Rubicón es simplemente un modo o predicado de la una e infinita sustancia. Para Leibniz, Julio César es una sustancia entre muchísimas más y cruzar el Rubicón es uno de sus predicados. Como ya hemos comentado muchas veces, el Principio de la Razón Suficiente tiene como consecuencia que todo sujeto o sustancia encierre la totalidad de los predicados del universo entero, que en el concepto de Julio César estén envueltas las huellas de toda la historia pasada y futuro del cosmos.
Si es así, si todo sujeto contiene todos los mismos predicados como su razón suficiente, pudiera parecer que se trata de un solo sujeto como dice Spinoza, que los individuos no sean más que expresiones o manifestaciones de esa misma sustancia que es Dios o la Naturaleza. Lo que impide que Leibniz llegue a ese extremo es su Principio de la Razón Suficiente, la exigencia de dar cuenta de todo lo que ocurre. Es por eso que lleva al concepto hasta el individuo, tratándolo como un sujeto o sustancia. Para evitar la objeción que comentamos, Leibniz dice que cada mónada refleja la totalidad del mundo, pero desde cierto punto de vista. Ilustra esta idea con una ciudad que puede verse desde múltiples perspectivas. Cada perspectiva muestra detalles distintos pero se tratan todas de la misma ciudad. “De la misma manera”, dice Leibniz, “sucede que, debido a la infinita multitud de sustancias simples, hay por así decirlo la misma cantidad de universos diferentes, los cuales son, sin embargo, sólo perspectivas de uno solo, correspondiendo a los diferentes puntos de vista de cada mónada”. La sustancia de Spinoza es cómo esta representación del mundo, una sola totalidad nítida; la de Leibniz es cómo ésta. Cada uno de estos puntos pixelados es como una mónada con su punto de vista particular sobre el mundo. Para ver el punto de vista de una de estas mónadas tendríamos que dejar este punto de vista global o divino que estamos viendo ahora y bajarnos a la escala de uno de ellas. Imagínate que se tratara de la mónada que soy yo y que estuviera en Bellas Artes en la Ciudad de México. Leibniz dice que cada mónada percibe con claridad una parte muy pequeña del mundo, aquella relacionada con su cuerpo en un momento dado. El resto del mundo lo percibe o lo refleja de forma vaga y confusa. Si uno pone atención en un detalle, un pájaro cantando por ejemplo, lo percibe con claridad, pero la charla de las persona hablando a unos metros de distancia no tanto; el sonido de los coches pasando a una cuadra menos, y así sucesivamente. La actividad del mundo en su totalidad llega a nuestra percepción, pero son percepciones muy pequeñas dice Leibniz, una especie de ruido o zumbido de trasfondo.
Antes de tratar con más detalle eso de las percepciones pequeñas, quiero ilustrar su noción de que cada mónada refleja la totalidad del mundo con un fenómeno óptico muy interesante. Me refiero al holograma. Un holograma es una imagen tridimensional formada por la interferencia de rayos de luz emitidos por un láser. Aquí vemos un holograma impreso en una superficie plana que, al moverse, muestra una imagen tridimensional. Ésta es la cualidad más sorprendente de un holograma. Pero aquella relevante para nuestro análisis es que cada parte del holograma contiene la información de la totalidad. Si recortas un pedazo del holograma, aún ves en él la imagen total, aunque se ve con claridad sólo una perspectiva. Desde esta perspectiva, las demás perspectivas que constituyen la imagen tridimensional quedan un tanto borrosas. Esto es justamente lo que dice Leibniz sobre las mónadas. Sería muy exagerado utilizar las propiedades del holograma para justificar la metafísica de Leibniz, pero de hecho hay físicos que han postulado que el universo es un holograma proyectado a partir de la información que se encuentra sobre la superficie de los agujeros negros. En todo caso, sería un tema muy interesante de investigación. Si aún no encuentras un tema para tu tesis, ¡pues aquí hay una!
Bueno, volviendo a nuestro querido amigo Julio César, el principio que llevó a Leibniz a decir que el concepto completo de César refleja la totalidad del mundo era él de la razón suficiente. Todo predicado que es verdadero de César requiere de una razón de por qué se dio, lo cual lleva inevitablemente a toda la cadena de predicados que constituyen la totalidad del mundo. Lo curioso es que, aun cuando tengamos el concepto completo de César con todos los predicados del mundo encerrados en él, la Razón Suficiente pide más, no está satisfecha. ¿Por qué se dio un mundo en el que César cruzó el Rubicón? Si buscamos la razón en el concepto completo de César, sólo vamos a encontrar hechos contingentes, hechos que pudieron haberse dado de otra forma. A fin de cuentas, la totalidad del mundo tal y como se dio fácticamente es contingente porque es posible que otros mundos se dieran. Para que el Principio de Razón Suficiente se satisfaga, tiene que haber algo más allá de todo lo contingente, incluso más allá de la propia totalidad del mundo, que lo explique. Esta cosa no podría sí misma ser contingente, sino, forzosamente, algo necesario. Como habrás adivinado, esa cosa es Dios.
Dios creó todas las mónadas y tiene la capacidad de ver la totalidad del mundo a través de la suma de todas las perspectivas de las mónadas. Sin embargo, la razón sigue exigiendo una explicación. ¿Por qué Dios creó este mundo particular en que vivimos? Imagínate Dios sentado en su nube virtual (porque las nubes reales todavía no existen) contemplando todos los mundos posibles que puede haber. En su infinito intelecto están los conceptos completos de todas las mónadas y sus predicados posibles. ¿Qué criterio o principio utiliza para escoger entre todas las posibilidades? El Principio de Identidad o de No-contradicción que vimos en el primer vídeo elimina varias cosas de entrada. Un mundo en el que los solteros sean casados es contradictorio y por ende imposible. Semejante cosa no puede existir. Pero hay muchas cosas o mundos que sí pueden existir, un mundo por ejemplo en el que los filósofos sean reyes, donde las vacas sean de color morado, o uno donde César cruza el río y uno en el que no. Ninguna de estas opciones es contradictoria, entonces todas son posibles, pero la mera posibilidad no es suficiente para que pase a existir. Leibniz dice que Dios actúa de acuerdo con el Principio de la Perfección, creando un mundo con un máximo de variedad pero al mismo tiempo ordenado e inteligible, no caótico. Es como si el intelecto de Dios fuera una super mega computadora cuántica que calculara todas las combinaciones posibles de eventos y predicados para producir el mejor de los mundos posibles de acuerdo con este Principio de la Perfección, aun cuando contuviera cosas que desde nuestra perspectiva finita se consideran malas o negativas, dado que semejante combinación produce un máximo de variedad compatible con el orden.
Entonces, ¿por qué en nuestro mundo, el que Dios escogió, César cruzó el Rubicón aun cuando el no cruzarlo era posible. Para responder esta pregunta, Leibniz inventó una nueva categoría lógica, la de la incomposibilidad. Aun cuando era posible que César no cruzara el río, era incomposible con el resto del mundo actualizado. A la necesidad, la posibilidad y la actualidad, Leibniz introduce la incomposiblidad. En términos coloquiales, diríamos que era incompatible con los predicados que constituyen el mundo en el que, efectivamente, César cruzó el Rubicón, un mundo escogido por Dios porque era el mejor de todos los posibles.
Bueno, pues ¡felicidades Dios! Ves con claridad todo el pasado, presente y futuro del mundo porque tienes un conocimiento cabal del concepto completo de todas y cada una de las mónadas. ¿Y nosotros criaturas finitas? Como comentamos tiempo atrás, cada mónada tiene una percepción clara sólo de aquella parte del mundo vinculada con el cuerpo asociado con cada mónada. El resto del mundo que, según nos dice Leibniz, la mónada refleja, lo percibe o refleja de forma vaga y confusa. Su forma de explicar esto es fascinante y varios han comentado que con ello Leibniz es el primero de anticipar o hablar del inconsciente. Leibniz habla de estar en la playa escuchando el ruido que hace el mar. En su Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano dice: “Para oír este ruido, hay que oír las partes que componen esta totalidad, es decir, el ruido de cada ola, aunque cada uno de esos pequeños ruidos se da a conocer sólo al combinarse de manera confusa con todos los demás, cosa que no se notaría si la ola que lo hace estuviera sola. Debe ser que estamos ligeramente afectados por el movimiento de esta ola, y que tenemos alguna percepción de cada uno de estos ruidos, por tenue que sea”. La zona de claridad que uno tiene sobre el mundo, en este caso oír el ruido del mar, es producto de percepciones demasiado pequeñas como para estar conscientes de ellas. Simplificando las cosas, lo que tenemos son dos olas cuya diferencia entre sí, al relacionarse o combinarse, desvanece y produce una percepción consciente, la que oímos. Leibniz también habla de mezclar dos diferentes colores de polvo, uno amarillo y el otro azul. Vamos a cambiar el ejemplo de polvo a pintura que se mezcla en agua. Al agregar el azul, imagínate que pudiéramos verlo a nivel molecular. Veríamos algo así, puntos de azul. E igual con el amarillo. Al mezclar los dos lo que vemos es verde, aunque a nivel molecular lo que vemos es una mezcla de amarillo y azul. El punto es que a pasar del nivel molecular al nivel molar o global las diferencias entre el amarillo y el azul desvanecen. Perceptualmente, entran en una relación diferencial donde la distinción entre los dos se borra infinitesimalmente y así produce el color verde. No estamos consciente de estas pequeñas percepciones pero están ahí constituyendo lo que podría llamarse el ruido de trasfondo del mundo. La totalidad del mundo que cada mónada refleja está presente en estas infinitesimales percepciones.
Y bueno, a muy grandes rasgos, esto es justamente la idea tras el cálculo infinitesimal que inventó Leibniz. El cálculo no es más que el estudio matemático del cambio. Filosóficamente, esto implica que el cambio de un estado a otro es continuo, o como dice Leibniz en latín: “Natura non facit saltus”: la naturaleza no procede por saltos. Éste es el último gran principio de Leibniz: el Principio de la Continuidad. Dice Leibniz: “Dado que todo está conectado debido a la plenitud del mundo, y dado que cada cuerpo actúa sobre todos los demás cuerpos, más o menos, en proporción a la distancia […] se sigue que cada mónada es un espejo vivo que representa al universo desde su propio punto de vista y está ordenada como el propio universo”.
En el primer vídeo, dijimos que alguien que analizara el concepto de Julio César podría demostrar que cruzó el Rubicón, pero eso es algo que sólo Dios podría hacer. Lo que compartimos con Dios es la capacidad de analizar esencias o verdades de la razón, como el concepto de “soltero”. Semejante análisis es finito porque a través de un número determinado de pasos y definiciones se puede demostrar de forma contundente. Sin embargo, cuando analizamos el concepto de algo no ideal sino existente, el análisis se vuelve infinito. Infinito porque las razones que explican los predicados del concepto envuelven la totalidad de los predicados del mundo. Rastrear todas esas razones en un análisis de facto infinito. Sin embargo, Leibniz, junto con Newton, nos dio una herramienta que nos acerca al poder del intelecto divino, la del propio cálculo infinitesimal.
Como puedes imaginar, hay una infinidad de detalles más en el pensamiento de Leibniz que no hemos discutido: su Principio de la Identidad de los Indiscernibles, más sobre la relación entre las mónadas y el mundo físico que sólo toqué por encima, y más sobre el debate entre Spinoza y Leibniz que me resulta fascinante. En fin, espero que lo que hemos revisado aquí te inspire a ir a la fuente y leer las maravillosas palabras de Leibniz. Para que sepas, los dos textos principales que he usado en esta serie han sido “El discurso de metafísica” y su “Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano”.

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34 Comments

  1. Patricia King · 03/03/2016 Responder

    Nueva presentación: está muy curiosa, me hizo reír
    Ahorita veo el video
    Saludos, Darin

  2. Gualalupe Rosas · 03/03/2016 Responder

    Es usted estupendo Doctor, yo tenía 23 años sin estudiar y ahora se me hace muy difícil comprender las lecturas pero gracias a usted entiendo un poco mejor mil gracias.

    • Darin · 03/03/2016 Responder

      Hola Guadalupe. Me alegro mucho que hayas tenido la iniciativa y ganas de volver al estudio. Espero poder ayudar un poco. Un abrazo!

  3. Paulo Gualotuña · 03/03/2016 Responder

    Estoy impresionado que en corto tiempo nos presenta la tercera parte, ya que la primera y segunda parte aún no termino de digerirla a pesar que las escucho una y otra vez.
    Saludos desde Quito y gracias por todos los videos😀

    • Darin · 03/03/2016 Responder

      Hola Paulo. A mi también me impresionó. Normalmente tardo un poco más. Las ideas de Leibniz son fascinantes pero sí requieren de su tiempo para digerirlas. Cosa de poco a poco. Un abrazo!

  4. Paco Izquierdo · 04/03/2016 Responder

    Hola Darin.
    Fantástico Leibniz, fantástica explicación. Es maravilloso comprobar lo fácil que trasmites las intuiciones tan profundas de un genio del pensamiento como Leibniz.
    Comparto totalmente tu opinión sobre lo fascinante de la combinación del pensamiento de Spinoza y Leibniz.
    La verdad es que trasmites muy bien.
    Me encantaría escucharte con Hegel por ejemplo, a fondo.
    Enhorabuena.
    Un saludo desde España.
    Paco

    • Darin · 04/03/2016 Responder

      Hola Paco. Esperaba explicar bien ciertas de sus ideas fundamentales, pero quizá más que eso comunicar un entusiasmo por su intelecto y el poder precisamente del concepto, de las vistas que puede abrir, y por lo que dices parece que lo logré un poco también, qué bien! Llevo un par de meses leyendo nuevamente la Fenomenología del espíritu para ir preparando una serie sobre Hegel. Es el blanco de las críticas de muchos pensadores del siglo XX, sin embargo es un pensador muy complejo que no puede ser reducido a unas fórmulas que luego puede criticarse con facilidad. En fin, estoy tabajndo en una serie sobre él. Ojalá salga pronto. Saludos!

  5. Julio · 04/03/2016 Responder

    Genial, Profesor. Como siempre. Leibniz vs Spinoza, ¿imagina haber podido estar ahí, escuchando? Solo de pensarlo me entra vértigo. Deseando leer el libro que recomienda.

    Un abrazo desde Madrid,

    Julio

    • Darin · 04/03/2016 Responder

      Hola Julio. Espero consigas y leas ese libro. Retrata a estos dos de forma tna íntima y plena que realmente uno se siente ahí. Saludos!

      • Gaspar · 08/03/2016 Responder

        Respecto al comentario de arriba, tal vez sea porque efectivamente una parte de nosotros estuvo ahí y el texto de Matthew Stewart solo está acercándolo a la “experiencia consciente” (jajaja). Estuve atrapado en un abismo interno Nietzscheano luego de leer Así hablo Zaratustra, ahora no estoy tan seguro si soy Nietzscheano (si bien reconozco su altura), pero cada video es un íntimo dialogo con problemáticas existenciales, políticas o incluso cotidianas. Saludos Darin.

        • Darin · 08/03/2016 Responder

          Tengo pensado empezar una serie sobre Así habló Zaratustra, espero que pronto!

          • Paco Izquierdo · 08/03/2016

            Hola Darin.
            Cualquier aportacion que hagas sobre Nietzsche sera fantastica seguro. A mi siempre me ha parecido un filosofo fascinante a la par que dificil por su forma de escribir tan llena de imagenes y percepciones particulares que te dejan a veces noqueado totalmente.
            Animo y que sea pronto.
            Un saludo.
            Paco.

  6. Gaspar · 08/03/2016 Responder

    uh buenisimo! Qué difícil Así habló Zaratustra son muchas problemáticas puntuales! Bueno me gustaría verlo gracias!

  7. Antonio · 09/03/2016 Responder

    Tuve la oportunidad de leer a Leibniz pero de manera muy básica y la verdad el primer contacto con su filosofia me confundió, pero lo extraño es que con la magnifica exposición de estos tres videos, me sentí muy identificado con su pensamiento en ciertos aspectos como los de las monadas, pero difiero mucho con Leibniz en su insistencia en Dios como fundamento y la racionalidad de la creación, creo que el ser humano ve como maravillosas y precisas las condiciones que crearon el cosmos, solo porque favorecieron a la existencia de la especie humana y por ello las consideran algunos como divinas. Gracias por tu tiempo y la devoción que tienes a tu profesión, ahora Leibniz me hace sentir como un peón de ajedrez, saludos!

    • Darin · 09/03/2016 Responder

      Hola Antonio. Me alegro que estos vídeos te hayan orientado un poco. Pues sí, Leibniz es fascinante, incluso para un ateo!

  8. Andrés · 10/03/2016 Responder

    Saludos.
    Sería maravilloso continuar con Leibniz más videos; su relacion con nuevos ensayos sobre el entendimiento humano y Locke.
    Como propuesta hacer un espacio en la página en el cual se de la opción de algunos temas y las personas puedan votar, así el de mayor puntaje sea el próximo vídeo.
    Leibniz es mi filosofo favorito.
    ¡Saludos!

    • Darin · 10/03/2016 Responder

      Hola Andrés. Sí, podría hondar en los detalles en unos tres o cuatro vídeos más. A lo mejor algún día regrese al tema. Interesante idea de votar por los temas. La solicitud que más me ha llegado ha sido sobre Heidegger. Ya estoy empezando a elaborar una serie sobre El ser y el tiempo. Pero voy a pensar seriamente tu sugerencia. Gracias!

  9. Andrés · 15/03/2016 Responder

    Saludos Darin.
    Primero agradecerte por estos maravillosos videos.
    Ahora, una duda respecto a este video cuando se dice:César cruzó el rubicon porque era incomposible con el mundo el no cruzarlo, no es acaso más apropiado decir que : porque era incomposible con sí mismo debido a los predicados anteriores.Cuando se dice con el mundo, me parece se contradice pues las monadas no interactuan con el mundo.
    Agradezco tu respuesta a esto, abusando de tu tiempo: ¿Como se desarrolla la justicia en Leibniz?
    Finalmente una observación: es mucho mejor cuando tras tu imagen se ve solo un fondo, y tal como en este video cuando te grabas a más distancia, pues las manos refuerzan tu expresión.
    ¡Gracias! esos pequeños cambios muestran tremendamente tus videos más mejorados,desde mi subjetividad argumentando, claro esta.
    Muchas Gracias.

    • Darin · 15/03/2016 Responder

      Hola Andrés. Gracias por tu pregunta. Es cierto que las mónadas no interactúan, pero eso no es la razón tras César y el Rubicón. La incomposiblidad tiene que ver entre diferentes posibilidades de mundo. Que César no cruzara el Rubicón era posible. De hecho, uno de los mundos que sopesa Dios en su cálculo es uno exactamente igual al nuestro actualizado, con el único cambio de Cësar no cruzó el río. Dios no escogió ese mundo porque no era el mejor de los posible según su principio de perfección. Entonces, el no cruzarlo es compatible, digamos, con todos sus predicados anteriores (no era imposible), pero incomposible con el mundo actual que Dios decidió actualizar. No sé si aclaré tu duda. Saludos!

  10. JUAN · 17/03/2016 Responder

    Hola Darín.
    En el video expones la imagen del holograma para entender la idea de mónada. Mientras iba viendo tu video me venía a la mente otro tipo de analogía, y es la idea de célula en el ser vivo. Cada célula de un organismo vivo contiene la totalidad de información o carga génica de todo el individuo (sería su razón suficiente), por ejemplo, una célula del ojo contiene los gens para producir las manos, el pelo, el corazón, las neuronas, etc., pero aun teniendo toda la información, su material genético está configurado de tal forma que sólo se expresa o actualiza para producir esa célula del ojo.
    Continuando con el símil biológico, la célula sería la mónada y el individuo el universo o la totalidad. Por un lado veo el paralelismo de la célula con la mónada de Leibniz como sujete que contiene todos los predicados del individuo (universo), pero por otro lado se podría asemejar al sujeto único de Spinoza, pues las células no existen de manera individual si no que se relacionan formando tejidos, estos órganos, estos sistemas y el conjunto de sistemas conforma al individuo.
    ¿Sería correcta esta analogía o símil biológico que hago con el modelo de las mónadas? ¿¿Tendría también algún paralelismo con el modelo de Spinoza en cuanto entendida la célula como parte de un todo?

    GRACIAS DARÍN POR TUS VÍDEOS!!!

    • Darin · 17/03/2016 Responder

      Hola Juan. Eso de las células es buena metáfora. Lo había pensado también, pero me quedé con lo del holograma porque ilustra mejor la idea de “punto de vista”. Ver el holograma entero es como verlo desde el punto de vista de Dios, que lo ve todo desde toda perspectiva con toda claridad. Llegando al nivel de una mónada, (un pedazo recortado muy pequeño del holograma), se ve la imagen original pero sólo desde un solo punto de vista. Leibniz es fascinante! Gracias por tu comentario.

  11. Teresa · 12/12/2016 Responder

    Estimado profesor, fascinante Leibniz, gracias por acercarnos su pensamiento. Para cuando Spinoza? 😊un abrazo

    • Darin · 13/12/2016 Responder

      Hola Teresa. Sí, Leibniz es super interesante. Estoy releyendo La ética de Spinoza poco a poco preparando una serie para el futuro. Espero sea pronto!

  12. ramon zaragozano · 07/04/2017 Responder

    ya estoy leyendo el hereje y el cortesano
    gracias por su labor

    atento a sus tres tercios de Leibniz
    los reveo y los reescucho con atención

    gracias

  13. Ramon · 14/10/2017 Responder

    Según tú. ..cuál es el origen de la idea de sustancia en el Descartes?

  14. Ramon · 14/10/2017 Responder

    Es decir, qué o a quién tiene Descartes en su cabeza (influenciando o sugiriendo) para que dé la definición de sustancia que dio?

  15. Ramon · 16/10/2017 Responder

    Podria Descartes ser más “suareciano” que “aristotélico”… Por qué?

  16. José Camacho Correa · 05/11/2017 Responder

    Profundo y sencillo. Gracias Darin.

  17. Andres Felipe · 10/11/2017 Responder

    Hola Darin!, soy un seguidor de youtube que por azares de la vida en mi trabajo me bloquearon el youtube pero afortunadamente tienes esta pagina, igual aprovecho para señalar algo (como consejo), cuando uno le da a next o prew (botoncitos en la parte superior derecha de esta pagina) no llevan en orden al siguiente video, antes al contrario!!!.

    Igual gracias por compartir

    • Darin · 10/11/2017 Responder

      Hola Andrés. Vaya, nunca me di cuenta de eso del “Prev” y “Next”. Es que pasa al siguiente vídeo que cronológicamente subí, que a veces no es el siguiente de la serie. Desafortunadamente no veo la forma de corregirlo, perdón!

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