Así habló Zaratustra, pt. 8/12

Hoy una discusión de los discursos 14-17 de la segunda parte del libro.

Guión

 Terminamos el último vídeo hablando del discurso sobre la superación de sí mismo. Desde que Zaratustra inició su enseñanza del superhombre en el prólogo, el tema de la superación se ha tratado desde muchas perspectivas y contextos. Paralelamente, aquello que debe ser superado se ha tratado también ampliamente. Lo que hay que dejar por atrás es aquella cultura representada por el último hombre, los trasmundanos, los despreciadores del cuerpo, el cura, la chusma, etc. En los próximos discursos, del 13 al 17 de la segunda parte del libro, continúa criticando ciertos aspectos del mundo contemporáneo. Sus blancos son educadores y científicos, doctos y poetas, pero la crítica aquí es más sutil; estos no están de ninguna manera en la misma categoría que el último hombre y los trasmundanos. De hecho, son héroes del pensamiento, con los que Zaratustra en alguna medida se identifica.
En “De los sublimes”, dice que vio a un sublime, un cazador en el bosque del conocimiento, solemne y penitente de espíritu. “Guarnecido de feas verdades, su botín de caza, y con muchos vestidos desgarrados; también muchas espinas pendían de él – pero no vi ninguna rosa”. Esto de las espinas y las rosa me recuerda del Nacimiento de la tragedia donde Nietzsche habla de la relación entre lo dionisiaco y lo apolíneo. La belleza de la cultura griega (simbolizada con la rosa) no es gratuita, sino que brota de una experiencia de sufrimiento (simbolizada con las espinas). Hace eco de esta dualidad más adelante cuando dice que estos sublimes son como toros pero que le falta ojos de ángeles, dualidad que a su vez hace eco de la relación entre el águila y la serpiente que vimos en el prólogo.
Bueno, aquí en el discurso, Zaratustra parece comparar los logros del mundo moderno con la magnificencia de los antiguos griegos. No es poco lo que los héroes modernos han logrado, pero lo han logrado con demasiado violencia y esfuerzo. Su alma es tensa y su aspecto sombrío. Lo que más les cuesta, dice Zaratustra, es la gracia y la belleza. “Inconquistable es lo bello para toda voluntad violenta”, dice. Cuando pensamos en la voluntad de poder penamos en cierta fuerza y violencia pero en este discurso Nietzsche nos corrige. “Cuando el poder se vuelve clemente y desciende hasta lo visible: belleza llamo yo a tal descender”.
Toda esta discusión de lo bello dirigida a los que se llaman sublimes debe llevarte a pensar en Kant, ya que esos son los dos grandes temas que trata en la Crítica del juicio. Zaratustra dice: “Si este sublime se fatigase de su sublimidad, entonces comenzaría su belleza, – sólo entonces quiero yo gustarlo y encontrarlo sabroso”. Kant ocupa un lugar “sublime” en la historia de la filosofía, cosa que Nietzsche reconoce, pero se burla un poco de él ya que su logro es meramente académico; no se compara con el logro sublime de los antiguos griegos. En la siguiente oración, encontramos otro blanco sublime: Hegel. Dice Zaratustra: “Y sólo cuando se aparte de sí mismo saltará por encima de su propia sombra–y ¡en verdad! penetrará en su sol”. Esto hace referencia a la idea de Hegel de que uno no puede escapar de su propia época, que semejante cosa sería como saltar su propia sombra. Para Nietzsche, estos autores sublimes se miden y se rigen por sombras cuando de lo que realmente se trata es convertirse en soles, en aquello que arroja sombras. Estos sublimes son héroes de la verdad, pero sus verdades han quedado estériles. Les hace falta arte para forjar de ellas un mundo bello en el que vivir.
Además de los sublimes, hay otros motivos para sentir orgullo en nuestro mundo moderno, la cultura por ejemplo, como vemos en la sección 14 que se llama “Del país de la cultura”. La palabra que se traduce como “cultura” es “Bildung”. “Cultura” capta un aspecto de este importante concepto, pero se queda corto. También están las ideas de formación y educación. En general, Bildung significa la educación de la persona en todos su aspectos, un entrenamiento que moldea el carácter de uno o, en otras palabras, la formación del alma a través de la educación. Es de esta palabra que viene Bildungsroman, un género literario que se refiere a una novela que dramatiza la educación o formación de uno, tal como se encuentra en La república de Platón, Emilio de Rousseau, y el propio libro de Nietzsche que estamos leyendo. Se resalta el sentido de este concepto en la distinción que hacen los alemanes entre Kultur y Zivilisation. Los británicos y los franceses se caracterizan por la Zivilisation; ostentan cierta sofisticación con sus teatros, cafés y museos que da un carácter cosmopolita a su vida social. Al aleman no le importa eso porque donde ellos revolotean en la superficie de la vida, el alemán cuenta con un alma profunda, o sea, cuenta con Bildung o cultura.
El problema es que es una cultura superficial. Dice Zaratustra que estos cultos son pintados de mil colores, representando los mil conocimientos que tienen del pasado, pero que esconden el carácter y voluntad de ellos mismos. En una de sus obras, Oscar Wilde habla de un hombre que “sabe el precio de todo pero el valor de nada”. Esto expresa muy bien el problema con el Bildung moderno. El hombre conoce todas las creencias y puntos de vista del pasado y con ello se cree progresista y liberal y listo para el futuro, pero no es más que un erudito estéril. En vez de la creación de la forma, lo que se tiene es la deformación de la erudición. Dice Zaratustra: “Vosotros habláis así: ‘Nosotros somos enteramente reales, y ajenos a la fe y a la superstición’: así hincháis el pecho – ¡ay, pero su pecho está hundido”. Hombres “cultos” pero sin pecho. Tanto conocimiento hace muy difícil que uno vea su propia época e impide la creación de una cultura realmente vital.
El siguiente discurso se llama “Del inmaculado conocimiento”. En latín, “macula” significa manchita, de modo que algo inmaculado no tiene manchas. Un conocimiento inmaculado es en este sentido puro u objetivo. Sin duda, el orgullo del hombre contemporáneo estriba en parte en la ciencia moderna, la cual, en su búsqueda desinteresada por la verdad, ha eliminado la idiosincrasia y la superstición para lograr un conocimiento objetivo del mundo. El mismo Nietzsche encarnaba este espíritu en libros como Humano, demasiado humano y La gaya ciencia, pero pronto llegó a ver la esterilidad de la mirada meramente objetiva, como la luz fría y reflejada de la luna con la que aquí hace una comparación. La verdad, la mejor clave de interpretación para este discurso es su título. Literalmente traducido es “Del inmaculado conocimiento” pero se puede decir también “inmaculada concepción” lo cual connota la misma idea y además hace referencia a la Virgen María. Ella no tuvo que ensuciarse con cuestiones corporales para concebir a su hijo. Y ese es el punto de la crítica de Nietzsche en este discurso. Dice: “También vosotros amáis la tierra y las cosas terrenas – pero vergüenza hay en vuestro amor, y mala conciencia”. Al rechazar su lado corporal, estos científicos puros interpretan la tierra como apto sólo para el espíritu. En términos que vimos en la primera parte del libro, su pequeña razón hace caso omiso de la gran razón que la sustenta.
En 1869, a la edad de 24 años, Nietzsche ocupó la cátedra de filología clásica en la Universidad de Basel. Durante los próximos 9 años vivió muy de cerca la vida de un académico universitario. El discurso “De los doctos” refleja su mala experiencia como intelectual profesional. La verdad, no es un discurso difícil de entender, pero me gustaría comentar un par de metáforas que me gustan mucho. Dice que los doctos persiguen el conocimiento como si fuera un cascar nueces, fijándose de forma miope en pequeños problemas abstractos, metódicamente juntando los nueces en una pila de conocimiento. Me recuerda del parpadeo del último hombre que reduce el flujo de la vida a instantáneas atómicas. Más adelante, Zaratustra dice: “Si se los toca con las manos, levantan, sin quererlo, polvo a su alrededor, como sacos de harina, ¿pero quién adivinaría que su polvo procede del grano y de la amarilla delicia de los campos de estío?” Los eruditos académicos toman ideas y pensamientos del pasado, o sea, la amarilla delicia de los campos de estío, ideas que eran vivos pero que el académico ha arrancado de su suelo y que ahora en su mesa de trabajo los casca y luego los muela hasta reducirlos a un polvo muy fino – ¡el conocimiento puro! Hay muchas metáforas más en este breve discurso, pero todas apuntan a la pequeñez y esterilidad de los pensadores modernos y su cultura. Como dice muy bien Rousseau en su Discurso sobre las artes y las ciencias: “Volved entonces a la importancia de vuestros productos; y, si los trabajos de los sabios más ilustres y de nuestros mejores ciudadanos nos proporcionan tan escasa utilidad, decidnos lo que debemos pensar de esa multitud de escritores oscuros y de hombres de letras ociosos que devoran la substancia del Estado sin provecho alguno”. Resumiendo, en vez de un análisis del pasado que sólo crea objetos aptos para un museo, hace falta una síntesis del futuro. Los poetas son creadores en ese sentido. En el próximo discurso pasa a hablar de ellos.
“De los poetas” inicia con una pregunta de uno de los discípulos de Zaratustra. En un discurso de la primera parte, Zaratustra había dicho que los poetas mienten demasiado. Aquí, uno de sus discípulos pregunta por qué dijo eso. Responde Zaratustra que hace mucho tiempo que ha vivido las razones de sus opiniones, que no las trae cargando. En todo caso, dice Zaratustra, si los poetas mienten demasiado, ten en cuenta que Zaratustra también es poeta. “¿Crees pues que dijo entonces la verdad? El discípulo respondió ‘Yo creo en Zaratustra’”. Zaratustra responde: “La fe no me hace bienaventurado, y mucho menos la fe en mí”.
En discursos anteriores, Zaratustra ha dicho que no quiere creyentes, no quiere ser el pastor de un rebaño, y ya había abandonado sus discípulos una vez con la esperanza de que se diera esa transformación en ellos, pero hasta el momento parece que no. Con este discípulo, trata de sacudir su fe para que juzgue las cosas por su propia cuenta. En la segunda parte de este discurso, Zaratustra sí da su razón de por qué los poetas mienten. Principalmente porque son ignorantes; para ocultar su ignorancia, inventan fábulas de dioses y superhombres lo cual le gustan a la gente porque son ignorantes también y no quieren tomar la molestia de estudiar y aprender. Mejor que les eduque el poeta que afirma que la naturaleza les cuenta secretos en sus oídos. Es muy fácil engañar a la gente; el poeta sólo tiene que enturbiar sus aguas para que aparenten profundidad. A fin de cuentas, el poeta es vanidoso y busca cualquier público, por ignorante que sea, que le aplauda.
Al escuchar todo esto, el discípulo se enfada, primero porque Zaratustra calumnia la poesía, pero más que eso porque se da cuenta que su maestro está jugando con él de alguna manera. Al mencionar el superhombre y una relación especial con la naturaleza, Zaratustra ha incluido su propia enseñanza en su crítica de los poetas. ¿Es todo lo que ha dicho hasta ahora en el libro sólo la imaginación ignorante de un poeta que pende ante los ojos de un público más ignorante que él para conseguir su admiración y a fin de cuentas su sumisión? Zaratustra es, sin duda, un poeta, pero también un filósofo que afirma que el fondo de la realidad es la dinámica de la voluntad de poder. ¿Cómo distinguir esa enseñanza de las fábulas de los poetas que critica?
Este dilema no se resuelve aquí, pero queda claro que el poeta Zaratustra no es cómo los demás. Aunque este discurso, y el libro entero, no sea un argumento discursivo sino una retórica poética, está informado por una intuición filosófica sobre la naturaleza del hombre y el mundo que le rodea. El Nietzsche que escribe este libro no es un filósofo académico, sino un filósofo poético, ya que, sin el elemento poético, el filósofo se deteriora en un perverso del conocimiento inmaculado y la acumulación de hechos y datos. Pero sin el lado filosófico, el poeta crea castillos en el aire que no cambian nada.
Bueno, nos faltan pocos discursos para terminar la segunda parte. Eso la haremos en el próximo vídeo e iniciaremos la tercer parte, el climax del libro, en la que da a conocer su mayor regalo a la humanidad: su enseñanza del eterno retorno.

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6 Comments

  1. Raime Díaz · 15/03/2017 Responder

    Muchas gracias!!! Lo esperé con ansias. Voy a hacer una re-lectura de esos capítulos. Saludos

  2. Eduardo · 19/03/2017 Responder

    Hola Darin.
    Me pareció una eternidad la espera por este video pero en realidad, fueron algo más de dos meses desde que publicaste el Pt .7..claro que en medio publicaste varios Anti-Edipo por lo tanto, trabajo tuviste bastante!.
    Agradecido una vez más Master por su generosidad al compartir sus conocimientos de forma clara y permitirme entender estos libros que, de otra forma sería imposible a al menos demasiado difícil. Esperaré el próximo de “El Ser y el Tiempo”, si no es mucho pedir
    Saludos desde Chile.

    • Darin · 20/03/2017 Responder

      Hola Eduardo. Ya estoy con la siguiente parte de Heidegger, espero subirlo pronto, saludos!

  3. luis silva peña · 24/03/2017 Responder

    hola de chile un gran trabajo el tuyo estoy agradecido

    atte luis silva

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