Justicia, amor y el individuo

Hoy quiero hablar del papel del individuo con respecto a la justicia desde la perspectiva antropológica y sociológica de dos prácticas sociales de Jesús: la comensalidad y la curación.

Guión

 Hoy me gustaría hablar de la justicia, aunque no es la primera vez que tratamos ese tema en la Fonda. Dedicamos un par de vídeos a la teoría de la justicia de John Rawls, y varios vídeos a la República de Platón cuyo tema principal es la justicia. Es muy interesante e importante lo que estos y otros autores dicen sobre la justicia, pero al mismo tiempo queda en alguna medida corto, al menos eso es mi parecer. En la mayoría de los casos, nuestra reflexión sobre la justicia se centra en entes abstractos, como la sociedad y su estructura, en derechos y obligaciones, leyes y castigos. Pareciera que si sólo pudiéramos atinar en la combinación correcta de estos elementos e implementarlo de forma efectiva, podríamos resolver las injusticias del mundo, como si la justicia fuera el producto de un mecanismo abstracto funcionando correctamente. Ésta es la idea que imparte la primera oración del libro de Rawls: “La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento”.
Pero ¿cuál es el papel del individuo? ¿Qué responsabilidad tengo yo como individuo frente a la injusticia, no la injusticia como concepto abstracto, sino frente a una persona que sufre violencia o discriminación, una persona que reclama justicia, ¿le voy a decir que se recurra a uno de estos tomos que hemos analizado en la Fonda? Llevo algo de tiempo con esta preocupación, pero recientemente algo que leí puso el asunto en relieve. Cornel West, filósofo y activista social estadounidense, dijo en una entrevista: “La justicia es como el amor se ve en público”. Pensé “Wow”, que interesante manera de ligar la justicia y el amor, como los aspectos privados y públicos del mismo fenómeno. En privado, en la intimidad, tenemos el amor, lo cual, públicamente expresado, pareciera ser la justicia. Esto suena muy sugerente, pero hay un problema. Desde tiempos antiguos, la familia ha servido como metáfora para la esfera política, o sea, la relación entre padre y hijos es como aquella entre el soberano y los ciudadanos. Siempre y cuando la familia no sea disfuncional, lo que rige las relaciones familiares es el amor. Pero a nivel social, el amor no funciona. Imagínate que el amor fuera como mantequilla, una sustancia que puede untarse hasta cierto punto, pero luego se acaba. No da para más. Hace falta otro pegamento, por así decirlo, para unir los elementos de la sociedad en una totalidad. En lo social, ese pegamento puede ser la cultura, la tradición, la historia, pero en lo político suele ser leyes, derechos y cosas de ese tipo. Y es en términos de este último que solemos entender la naturaleza de la justicia.
Dado todo esto, la idea de que la justicia sea la expresión pública del amor, por bonito que suene, me resulta difícil de entender. En este vídeo, quiero tratar de entenderlo usando algunos de los argumentos del libro más interesante que he leído últimamente, a saber: Jesús: una biografía revolucionaria del teólogo irlandés John Dominic Crossan. Si me conoces, sabes que no creo en la existencia de Dios, por lo que pudiera extrañarte que me interesara un libro sobre Jesús. Metafísicamente, soy ateo, pero socialmente no puedo negar ser en cierto sentido cristiano. El autor de este libro interpreta lo que Jesús hace en los evangelios no en términos teológicos, cosa que supondría su divinidad, sino en términos netamente antropológicos y sociológicos. El autor retrata un Jesús no divino, sino un Jesús activista, un humilde carpintero que frente a la ocupación romana y la opresión que significaba practicaba un igualitarismo radical, específicamente a través de dos prácticas: la comensalidad y la curación.
La palabra latina “mensa” significa “mesa” de modo que comensalidad significa “comer con”. Es un fenómeno muy estudiado por los antropólogos. Para darles una idea de su importancia, cito de un libro sobre la antropología del comer. Dicen los autores: “En toda sociedad, tanto simple como compleja, comer es la manera fundamental de iniciar y mantener relaciones humanas . . . Una vez que el antropólogo sepa dónde, cuándo y con quién la comida se come, puede inferir casi todo sobre las relaciones entre los miembros de la sociedad . . . Saber qué, donde, cómo, cuando y con quien la gente come es saber el carácter de su sociedad”.
Dar y recibir comida es algo básico a la interacción humana, algo que ubica a los individuos alrededor de la mesa en redes de reciprocidad, mutualidad y obligación. Lo que sucede en la mesa simboliza sentimientos y relaciones, media el estatus y el poder sociales, y expresa los límites de la identidad de grupo. En pocas palabras, la mesa puede verse como un mapa de la sociedad y la comensalidad como una cartografía de la socialización. Las reglas y modales que rigen la relación de comer juntos sirven como modelos en miniatura de las reglas de asociación y socialización. Microcosmos, macrocosmos.
En la Biblia, en los evangelios de Marcos y Lucas especialmente, encontramos parábolas en las que hay una cena o banquete, es decir, personas comiendo juntos. El más reconocido es la del banquete nupcial. En ella, dice Jesús que el Reino de Dios es como un rey que celebra la boda de su hijo. Todo está preparado y listo, pero los invitados se disculpan por no poder asistir ya que de repente tienen otros compromisos y cosas que hacer. El rey, indignado, manda a sus servidores a ir a los cruces de los caminos a invitar a todos los que encuentren, buenos y malos, los pobres, los cojos y los ciegos.
A lo largo de los evangelios, encontramos a Jesús asociándose con la escoria de la sociedad: prostitutas, delincuentes, pecadores, leprosos, lo cual refleja su rechazo de las jerarquías sociales dominantes, pero la asociación con estas personas cobra peso crítico al estar en medio la mesa, debido a su simbolismo para la cultura mediterránea del primer siglo. El valor básico de esta cultura es el grupo, basado en nociones de parentesco y género. La comensalidad mediterránea de esa época refleja esos valores; los que participan en la comida guardan relaciones de parentesco, si no de familia, entonces de clan, y las mujeres presentes representan un valor casi comercial. Regalar tu hija al hijo del líder de otro clan sedimenta alianzas y da prestigio a un clan. Por lo que los premios y las sanciones más comunes en esa cultura son el honor y la vergüenza.
La comensalidad de Jesús es muy distinta. Lo que promueve con su práctica es una comensalidad abierta, un comer juntos sin usar la mesa como un mapa en miniatura de las discriminaciones verticales y las separaciones laterales de la sociedad. En pocas palabras, se trata de un igualitarismo radical. En su parábola, dice que esto es el Reino de Dios, una comensalidad abierta que refleja una sociedad no-discriminadora. Dado que Jesús no hace las distinciones apropiadas, de acuerdo con los criterios de una mentalidad mediterránea de su época, se le acusan a Jesús de ser un glotón, un borracho, y un amigo de los pecadores y los delincuentes. Y lo que es más, dado que mujeres estaban presentes en esas comidas, especialmente mujeres no casadas, la acusación era que Jesús comía con prostitutas, lo cual era la típica manera de llamar despectivamente a cualquier mujer fuera del control de un hombre. En fin, no hacer las distinciones apropiadas es peligroso. Para aquellos cuya identidad se deriva de la mirada social, la idea de comer y convivir juntos sin distinciones, diferencias o jerarquías es impensable. Y quien lo haga, como Jesús, es un perverso, sin honor y literalmente un sinvergüenza.
Otra manera en que Jesús retaba las jerarquías represoras de su cultura era a través de la curación. Si la metáfora de la mesa y la comensalidad como mapa para relaciones sociales nos resulta novedosa, el cuerpo humano como metáfora para la sociedad en su totalidad nos parece más familiar. Hablamos de la sociedad como el “cuerpo político”, cosa que el mismo Hobbes ilustraba en la portada de su gran libro El leviatán. Si la sociedad es el cuerpo a gran escala, no hay que perder de vista que, mutatis mutandis, el cuerpo es la sociedad a pequeña escala. Como la mesa, el cuerpo es un mapa de las preocupaciones de la sociedad. ¿Por qué encontramos en la Biblia, especialmente en el Viejo Testamento, tantas prescripciones con respecto a la higiene del cuerpo y sus excreciones? Porque el cuerpo es un símbolo de la sociedad. El cuerpo, como la sociedad, tiene límites o fronteras que se encuentran amenazadas constantemente. Los poderes y peligros que atraviesan la estructura social se reproducen a pequeña escala en el cuerpo humano. Esto es especialmente patente en una sociedad como la judía en esa época, las amenazas tanto militares como culturales que enfrentaba con la ocupación romana. Las reglas que constituían la protección de su cuerpo político se reflejaban en códigos culturales que regulaba también el cuerpo humano, que codificaba sus orificios y la pureza o impureza de lo que entraba y salía de los mismos.
Con esto podemos entender cómo su curación de los leprosos constituía una práctica y crítica social a la mano con su comensalidad abierta. Los leprosos son tan peligrosos porque en sus cuerpos aparecen lesiones que constituyen orificios donde no debería haberlos. En esta condición se torna difícil distinguir orificio de superficie de modo que todas las fronteras se vuelven porosas y el sistema en su totalidad se descompone. Desde nuestro punto de vista moderno, el leproso es un peligro social debido al contagio médico, la amenaza de infección o epidemia. Pero en la cultura judía del primer siglo la amenaza más importante era la contaminación simbólica. El leproso amenazaba en microcosmos la misma identidad, integridad y seguridad de la sociedad en general. En Levítico leemos: “Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: !!Inmundo! !!Inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada”.
Como puedes imaginar, lo que Jesús cura no es una condición médica, sino una condición social. Implícito en lo que he dicho sobre la amenaza del leproso, está la distinción entre una enfermedad y un padecimiento. Médicamente, la lepra, como cualquier enfermedad, es una anormalidad en la estructura y función del cuerpo. Los enfermos van con los médicos para que corrijan el problema. Pero los enfermos, como los leprosos, no sólo sufren la enfermedad físicamente, sino también socialmente. Padecen el estigma personal y social de la impureza, el aislamiento y el rechazo.
Con todo esto, tenemos la pregunta de ¿qué hacía Jesús en sus milagros de curación? ¿Curaba la enfermedad mediante una intervención en el mundo físico, o curaba el padecimiento a través de una intervención en el mundo social? Si suponemos que Jesús no tenía el poder de curar físicamente ninguna enfermedad, entonces hay que concluir que curaba el padecimiento del leproso al negarse a aceptar la impureza ritual y el aislamiento social de la enfermedad. La curación consiste en que obligaba a otros a escoger entre una de dos opciones, o negarle a Jesús membresía en su comunidad, o aceptar en su comunidad al leproso. Con esto, Jesús ponía en tela de juicio los valores de los que guardan y controlan las fronteras sociales. Al curar el padecimiento sin curar la enfermedad, Jesús actuaba como un guarda alternativo de una manera subversiva a los procedimientos establecidos de su sociedad.
Hace unos años, el Papa Francisco andaba en el papamóvil en la Plaza de San Pedro cuando vio entre el público que la llenaba un hombre que padecía una horrenda deformidad que se llama neurofibromatosis. Bajó del vehículo y pasó con él a abrazarlo y a besar su frente. En ese momento curó a ese señor de exactamente la misma manera que Jesús curaba al leproso. Obviamente, esta práctica de Jesús no se trata únicamente de la lepra, sino de cualquier condición que produzca estigma social, como el VIH por ejemplo. Acabo de ver un reportaje de una mujer chilena que contrajo el virus de su esposo y ahora ni siquiera su mejor amiga la quiere tocar.
A lo mejor digas que con esto se reduce la categoría de milagro a una nimiedad. Yo diría que no. Deberíamos ver los milagros no tanto como cambios en el mundo físico, sino como cambios en el mundo social. Ojalá tuviéramos la capacidad de usar milagros para cambiar el mundo físico, pero más deseable sería la capacidad de efectuar cambios en el mundo social. Ésta es una capacidad que en efecto tenemos. El cambio climático y la contaminación entre otras cosas muestra que tenemos la capacidad de hacer el mundo físicamente inhabitable. La pregunta es si tenemos al menos la voluntad de hacer el mundo humanamente habitable. Esto es lo que hacía Jesús con su práctica social de la curación. Se negaba a aceptar las sanciones oficiales tradicionales contra los enfermos. En otras palabras, al curar estas personas, Jesús las incluía en la comunidad de los marginados y los excluidos. En una palabra, los incluía en el Reino de Dios.
De acuerdo con esta interpretación, el Reino de Dios no es un lugar en el cielo, sino la posibilidad de una condición humana aquí y ahora. Solemos llamar esta condición: justicia. He hablado de cómo las metáforas de la mesa y del cuerpo sirven para mediar la relación de microcosmos y macrocosmos, relación que encontramos en la cita con la que empecé: La justicia es cómo el amor se ve en público. La justicia es el cuerpo del amor, y el amor el espíritu de la justicia. El amor sin justicia es mero sentimentalismo, pero si se logra la justicia sin su espíritu, sin amor, lo que se tiene es un mero cuerpo, un cadáver.
Hay mucha injusticia en el mundo que tiene que ver con pobreza económica y violencia física que a lo mejor estas prácticas de Jesús no resuelvan. Sin embargo, se me hace que en el fondo estas injusticias se basan sobre y son posibilitados por relaciones sociales jerárquicas y discriminadoras que no reflejan más que el antiguo y lamentable impulso del hombre por la dominación. En nuestro mundo actual de Trump y de muros, de fascismos y odios étnicos y raciales, y cada quien y cada nación por su lado, la justicia de Jesús, el amor que hace público, hace más falta que nunca.

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35 Comments

  1. Narváez · 30/10/2017 Responder

    Grandisimo!! Me fascinó el vídeo. Qué manera más interesante de entender la filosofía cristiana. Saludos!

  2. Juan José Domìnguez Ortiz · 30/10/2017 Responder

    Se me hace que “ateo” es aquel que no solo ni tanto simplemente “no cree”, sino que entiende que la existencia de Dios plantea limites injustos al ser humano, en particular, a su libertad. Ateos son entonces Marx, Nietzche, Sartre.
    Vos sin embargo apreciás el Evangelio…pero te autodefinìs como ateo…

    • Darin · 30/10/2017 Responder

      Pues, simplemente pienso que hay otra forma de entender ese personaje que a través de una óptica teológica. AL mismo tiempo estoy de acuerdo con Nietzsche et. al. que critican la religión, tiene sin duda su lado pernicioso.

  3. JORGE LUIS FABRA HERNÁNDEZ · 30/10/2017 Responder

    Muchísimas gracias por enseñarnos, Dr. Darin.
    La filosofía al alcance de todos tiene fuerza transformadora para bien.
    Su sabiduría, apreciado profesor, empodera a quienes comemos en La Fonda.
    Felicitaciones.

  4. Javier Franco Altamar · 30/10/2017 Responder

    Hermano, sensacional reflexión. Es interesante como este tipo de abordaje permite mirar las cosas desde “otro lado” que, en este caso, es enriquecedor. Un abrazo fuerte para ti.

  5. Aelexander Vernon Scott · 30/10/2017 Responder

    Nuevamente Darín nos regala otra expresión de sus maduros conceptos.
    Es emocionante la descripción de los valores religiosos en quien, previamente, se reconoce “no creyente”.
    Es de desear que esta “Fonda Filosófica” mucho perdure, para ilustración y satisfacción de quienes con ella, disfrutamos.

  6. Juan Fontanet · 30/10/2017 Responder

    Muy interesante esta disertación sobre la Justicia y el Amor apreciado Darin. En mi opinión es el Amor el que engendra la Justicia, pero desgraciadamente entre la humanidad existe mas desamor, cuando no odio directamente; las diferencias culturales, étnicas, religiosas y de otra índole son utilizadas con fines políticos para beneficio propio de unas élites que no dudan en enfrentar, por medios sutiles a veces y otras no, a las personas y crear un estado de malestar entre ellas y que haga ver al otro como competidor o enemigo capaz de quitarte los medios materiales de subsistencia. Ni que decir del modelo de empresa capitalista actual en la que todo esta subordinado al puro beneficio y que no dudan en depredar el medio natural, es decir: su sistema ético es no tener sistema ético así sus actos son amorales. La Justicia como tal es un concepto Espacio-Temporal-Dinámico con distintas definiciones cambiantes según intereses de grupos sociales dominantes. Disculpa por la extensión de mi exposición, y muchas gracias Darin por el tiempo que nos dedicas. Saludos.

  7. José Luis Ponce · 30/10/2017 Responder

    Excelente reflexión Darin.
    Estoy de acuerdo y siempre lo he estado, de que el ser ateo no te hace malo como muchos creyentes dios lo suponen. Muchas veces me han dicho que para ser bueno, debo de creer en dios, sin embargo en diversas ocasiones siento que me he comportado con bondad sin hacer alarde, y no falta quien me diga que fue dios obrando en mí, aunque yo no lo quiera. Pero en fin, la gente podrá creer en lo que le plasca siempre y cuando no fanatice. Pero no solo Jesús mostró esa compasión y bondad para las personas en condición de injusticia, por ejemplo Gandi.
    Estos videos son muy buenos y son un oasis para la reflexión. Ya le he recomendado.
    Hasta luego y buen provecho.

    • Darin · 30/10/2017 Responder

      Hola José. Que bueno que te haya gustado. Es cierto, muchas luchas por justicia social se ha llevado a cabo en un contexto religioso, como los negros en EEUU con Martin luther King Jr. y el propio Gandhi en la India.

  8. Carlos · 30/10/2017 Responder

    Hermoso. Nunca habia leido u oido una mirada semejante sobre Jesus y la justicia. Abrazo.

  9. Teodoro · 31/10/2017 Responder

    Me he vuelto un frecuente comensal de tu Fonda. Muy buenas menú.
    Muchas gracias Dr. Darin

  10. Graciela Santos. Universidad de Buenos Aires · 02/11/2017 Responder

    Me encanto el vídeo, Darin. Justamente días atrás, hablábamos con tres amigas de la infancia. Del grupo de cuatro, únicamente una se reconocio creyente. El resto nos manifestamos no creyentes a nuestro pesar. Las cuatro, de familias cristianas y católicas, reconocimos que más allá de la creencia en la existencia de la divinidad, no podíamos desconocer el hecho de estar atravesadas por el pensamiento cristiano. Su sistema de valores, sus sentimientos solidarios y aún culposos, que hacen que la vida en comunidad sea más contenedora y llevadera.
    Gracias por tu mención al Papa Francisco, ejemplo de todo lo anterior, ya que si bien es de todos, nació en nuestra tierra. Como siempre insuperable en tu forma de transmitir, muchas gracias por todo lo que nos das, genio!!!!!!

  11. Eduardo Vodanovic · 03/11/2017 Responder

    Estimado Darin:

    Gracias por tu video.

    Al verlo, a parte de quedar con muchas ganas de leer “Jesus: biografía revolucionaria”, no pude dejar de pensar la alta sintonía de tus reflexiones con otros esfuerzos que he conocido por pensar de otra manera la justicia: me refiero especialmente a Gerald A. Cohen y su declarado interés por defender -no sólo una estructura institucional justa, a lo Rawls- sino también un “ethos igualitario” que permee las decisiones individuales. Y por su puesto, me quedé con ganas de conocer tus impresiones de Cohen.

    Si aún no haz tenido oportunidad de leerlo, recomiendo su libro “Si eres igualitarista, ¿cómo es que eres tan rico?”. Sería fantástico, profesor, saber sus impresiones de este pensador.

    Saludos desde el sur de Chile. Y gracias por tu siempre amena enseñanza.

    • Darin · 04/11/2017 Responder

      Hola Eduardo. Sí, tengo ese libro. Recuerdo que lo conseguí justo antes de un viaje a Colombia. Recuerdo estar en un café en Bogotá leyéndolo con un “tinto”. Es muy bueno. De hecho, se me había olvidado cuando hice este vídeo sobre la comensalidad de Jesús. Que bueno que me recordaste. Sólo había leído la mitad. Ahora lo voy a terminar. Saludos!

  12. Juan Quiroga · 08/11/2017 Responder

    Buenas Noches Darin Mcnabb. Primeramente quiero comentarle que me fascinan sus videos, he aprendido mucho gracias a usted.
    Ando buscando que me aconseje un poco con respecto a la filosofía kantiana ya que deseo adentrarme más a fondo en ella.
    Tengo que admitir que no he leído a bastantes filósofos. Como mucho puedo decirle que terminé los Parerga y Paralipómena de Schopenhauer, pero nunca me enfrenté a lo más complejo, nunca fui mas allá. Y entiendo que para muchos Kant puede ser un dolor de cabeza, pero mi meta es llegar a comprender su sistema filosófico.
    Me comentaron que para centrar su pensamiento debo verlo como una búsqueda de conciliar el idealismo cartesiano y el empirismo humeano. Pero me han recomendado que vaya pausadamente; que primero viera a los griegos y medievales y después a los modernos y contemporáneos.
    Mi pregunta es si usted puede darme una guía de lectura filosófica que me encaminé al sistema filosófico de Kant, así pueda enfrentarme a sus obras cumbres por lo menos. Una guía completa que empiece desde los filosofos griegos hasta los contemporáneos. Y si me pudiera recomendar una buena introducción a Kant mejor.
    Quizás me excedí un poco con lo que le pido, y disculpe las molestias si es así, pero veo que usted tiene mucho conocimiento sobre el tema por eso acudo a su persona.
    Lo único que deseo es tener una buena base antes de leer a Kant.
    Espero su respuesta, y reitero, disculpe las molestias. Saludos desde Argentina.
    Muchas gracias.

    • Darin · 09/11/2017 Responder

      Hola Juan. Que bien que quieras profundizarte en Kant. Entenderlo bien ayuda mucho en entender muchas cosas más en la filosofía moderna y contemporánea. He hecho un vídeo sobre cómo empezar a adentrarse en la filosofía. Quizá te ayude: https://www.lafondafilosofica.com/1299-2/ Lo que te han dicho sobre Descartes y Hume es correcto. Lo mejor sería leer las Meditaciones metafísicas de Descartes y el libro sobre el entendimiento humano de Hume. O podrías de momento revisar el pensamiento de estos en una historia de la filosofía como la de Copleston (que comento en el vídeo). Suerte con tus lecturas!

  13. Carmen Álvarez · 10/11/2017 Responder

    Saludos Darin… me encantan sus videos.

  14. Fernando Vázquez · 12/11/2017 Responder

    Hola Darin se agradece la difusión que haces del conocimiento, respetuosamente y buscando lo valioso de cada asunto. Saludos!

  15. carlos Pacheco · 18/11/2017 Responder

    Muchas gracias Darin. Sobre la comensalidad, en el pasaje del evangelio, después de la resurreción de Jesús, uno de los discípulos le dice textualmene: ¿cómo sabremos que eres un hombre entre nosotros si no compartes nuestra mesa humilde? La mensión de la mesa siempre me hizo pensar sobre el peso antropológico que se guardaba en dicha palabra, ahora que hablaste sobre la comensalidad, me quedó completamente clarificado, sobre todo en el tema de la identificación de Jesús con el sufrimiento del hombre, de ese restituirlo a la dignidad de hombre a la persona que está enferma.
    Te lo agradezco mucho, me ayudó entenderlo también desde la razón, lo que ya se me enseñó por fe.
    Soy sacerdote y agradezco mucho tu explicación.

    • Darin · 18/11/2017 Responder

      Hola Carlos. Es verdad lo que dices. Gracias por profundizarme un poco esta interpretación 🙂

  16. Angela Cristina Villate · 18/11/2017 Responder

    Hola Darin, soy Angela Villate de colombia. Habitualmente sigo tu sitio web, me gusta mucho. Pero en particular este video me parece tan pertinente y necesario. Ahora mismo yo leo “El deseo de las colinas eternas” de Thomas Cahil y he llegado a reflexiones similares a las tuyas. Sin embargo, me sigue pareciendo difícil la analogía entre la familia y la sociedad, creo, al igual que Deleuze, que en la familia es todo, menos un lugar de ageciamiento para el individuo.
    Muchas Gracias

    • Darin · 18/11/2017 Responder

      Hola Angela. Hoy en día esa analogía quizá sea más problemática, pero en los tiempos de Jesús ejercía mucho poder, por eso lo comenté. Saludos 🙂

  17. Richard Alberto Bernal · 20/11/2017 Responder

    Darin: Buenas tardes, muy interesante el planteamiento sobre curar el padecimiento; sobre la integración del enfermo en la comunidad. Es claro que la fé no es cuestión racional, creer por ejemplo en que Jesús de Nazareth curó ciegos o que sacó de María Magdalena siete espíritus inmundos no tiene posibilidad lógica en el mundo actual ni en el pasado, ¡en ningún pasado ni futuro! Pero es que la ciencia es tan primitiva como dice Albert Einstein que todo es posible. Aún me asombra imaginar cómo sería tomada por los hombres del siglo primero la fecundación in vitro o el concepto que tenemos de la luz y el espacio tiempo o aún más; la televisión o las ondas herzianas. Hay tanto por conocer que el ser ateo o cristiano es irrelevante, por eso el concepto del amor y la justicia es una manifestación que requiere de mucha fe de ambos.

    • Darin · 20/11/2017 Responder

      Es verdad, las cosas que no sabemos que desconocemos, eso es lo que de joven me enganchó con la filosofía!

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