Hegel y la Fenomenología del espíritu, pt. 1

Hoy empezamos un análisis de esta célebre obra de Hegel.

Guión

 A veces me preguntan: “Maestro, para conocer bien el pensamiento de X filósofo, ¿qué otro filósofo o filósofos debería conocer?” Pues, si el filósofo que te interesa escribió su obra en los últimos 180 años, entonces la respuesta es clara y definitiva: hay que conocer a Hegel. El marxismo, la fenomenología, el existencialismo, el pragmatismo, la teoría crítica, y el pensamiento posmoderno, todas estas corrientes encuentran sus raíces en el pensamiento de Hegel, o bien como un desarrollo de sus ideas o, lo que es más común, como una reacción contras las mismas. Hoy en día, que te digan “hegeliano” es un insulto. Sin embargo, como todo niño sabe, cuando tus papás dicen que X ó Y es malo, lo más probable es que es bueno, o al menos interesante. Les aseguro que Hegel es así, y que vale la pena leerlo no sólo para que tengas la clave maestra para descifrar discusiones contemporáneas, sino principalmente para sus propias ideas; no como medio, sino como fin. Y aún cuando, al cabo de tus lecturas de Hegel, no estás de acuerdo con algunas de sus ideas, con lo que dice sobre el espíritu, lo absoluto, su metafísica idealista, la dialéctica, la racionalidad y el concepto, o sea, si terminas peleado con Hegel, habrás al menos aprendido algo muy valioso, a saber, cómo pensar. No me refiero a algún método o pasos a seguir, sino a la experiencia de pensar. A diferencia de los vídeos de la Fonda Filosófica que te ofrecen deliciosos bocadillos en un platillo, Hegel te obliga a sembrar lo que vas a comer, a cultivarlo, a cosecharlo y a cocinarlo tú mismo. Aunque no sea de tu agrado el plato que resulte, habrás adquirido al menos una habilidad muy valiosa. La Fonda te da un pescado; ¡Hegel te enseña a pescar!
Si has visto alguna imagen de Hegel, lo más probable es que haya sido ésta. Se pintó en 1831, el año en que murió a la edad de 61 años. La mirada es bastante intimidante ¿no?, cosa que refleja, quizá, lo que había logrado. A estas alturas de la vida, Hegel había alcanzado la cima del mundo académico y filosófico. Era catedrático de la Universidad de Berlin y ya había sido rector de la misma. El único otro filósofo que podía competir con él era Schopenhauer, pero once años atrás Hegel lo había puesto en su lugar cuando la gran mayoría de los alumnos fueron a su seminario en vez de él que ofrecía Schopenhauer en el mismo horario. Con la publicación de la Fenomenología del espíritu, la Ciencia de la lógica, la Enciclopedia de las ciencias filosóficas y Elementos de la filosofía del derecho y muchos cursos dados sobre la filosofía de la historia, de la estética, y de la religión que tiempo después se publicarían con base en los apuntes de sus alumnos, Hegel, el filósofo del Absoluto, observaba todo en sus últimos años desde el Olimpo, viendo en toda pizca de la realidad confirmación del imponente sistema científico que había erigido y consolidado.
Ese Hegel no lo vamos a conocer aquí, sino uno mucho más joven, el Hegel de 1806, de apenas 36 años de edad. Desde luego, en ese año escribió la Fenomenología del espíritu. Al mismo tiempo, su compatriota, Beethoven, estaba componiendo su famosa quinta sinfonía. Más que un libro de filosofía con argumentos y conclusiones, la Fenomenología terminó siendo una especie de sinfonía también, una vertiginosa composición conceptual que capta y da expresión al Geist de su época, a las formas dialécticas en las que el espíritu se desarrolla y se desenvuelve en sus variadísimas manifestaciones. La verdad, es un libro muy interesante e importante y sé que tienes ganas de leerla y entenderla a profundidad para que tú también puedas portar la misma mirada intimidante que Hegel, pero abres el libro al primer capítulo, lees dos o tres párrafos y te espantas. ¿Qué diablos está diciendo? Cada párrafo del libro es como un árbol y cada oración una de sus ramas. Muchas veces, especialmente con libros de esta envergadura, conviene primero alejarse lo suficiente para ver el bosque que los árboles componen, ver algo de su forma y estructura, para que luego uno pueda navegarse mejor estando dentro.
Acabo de comparar la Fenomenología del espíritu con una sinfonía, pero mejor aun sería con una novela. En la época de Hegel, un género literario popular era lo que se llama Bildungsroman. “Roman” significa novela, y “Bildung” significa una combinación de educación, desarrollo y formación. En novelas de este tipo, el protagonista parte con una perspectiva limitada que es probada y transformada en el curso de una variedad de experiencias, terminando al final de la novela con una personalidad más amplia e integrada. Las lecciones de la vida le han impartido cierta sabiduría.
El protagonista de la Fenomenología del espíritu es la consciencia y el drama consiste en su educación, elevándola poco a poco de una perspectiva muy limitada que Hegel llama la certeza sensible al nivel de una ciencia, el conocer absoluto. Imagínate un Hegel recién nacido, el limitado alcance y comprensión del entorno con el que su consciencia contaba, y cómo la misma iba desarrollándose y transformándose en función de las experiencias de vida que Hegel tuvo hasta llegar a su madurez, a ese imponente retrato que manifiesta una racionalidad amplia e íntegra. El drama que cuenta Hegel en su libro concierne no simplemente a la consciencia o espíritu de un solo individuo, sino a la de sociedades, civilizaciones y a fin de cuentas a la de la humanidad como tal.
Como veremos, la experiencia que atraviesa la consciencia o Geist es medular. De hecho, el título original del libro y el que salió en la primera edición antes de que Hegel lo cambiara al actual, fue “La ciencia de la experiencia de la consciencia”. En el alemán, “experiencia” es “Erfahrung”, en lo cual vemos el verbo “fahren” que significa “viajar”. La experiencia de la consciencia es entonces un viaje, un viaje que no es simplemente un desplazamiento pasivo de punto A a punto B, sino una transformación activa y de hecho un ascenso. Hegel describe su libro como una escalera que ayuda a la consciencia a ascender de la inmediatez de la sensación al punto de vista propiamente filosófico, la filosofía como ciencia. En el Banquete, Platón utiliza también la metáfora de la escalera. Ahí, Diotima le enseña a Sócrates a pasar de casos sensibles de belleza a la idea inteligible y eterna de la misma. Vemos en este maravilloso diálogo el ascenso del eros de Sócrates de lo mundano a lo divino.
Es bonita la metáfora de la escalera y la comparación con el Banquete, pero engañosa a la vez. Puede ser cansado subir una escalera, pero no angustiante. Sin embargo, así es el camino de la Fenomenología, por lo que una metáfora más apta sería quizá un laberinto. A lo largo de la lectura, veremos a la consciencia dando vuelta tras vuelta, buscando salirse de una situación sólo para encontrarse bloqueada por un nuevo muro. ¿Cómo salir? De hecho, en la Introducción, Hegel dice que el camino que va a atravesar es un “camino de la desesperación”. Además, pareciera que llegando al final del texto, o sea, al final de la escalera o el laberinto, ya estás en la tierra prometida de leche y miel. Tampoco es el caso.
Hegel concebía la Fenomenología como un primer paso, no más la introducción a su sistema propiamente hablando. Si vemos su texto como un Bildungsroman cuya finalidad es educar a la consciencia, hay que tener en cuenta que semejante transformación pasa primero por una via negativa para llegar luego a la via positiva. La Fenomenología del espíritu es el lado negativo de esta educación, y el siguiente libro que escribió, la Ciencia de la lógica, la via positiva. Me explico.
Una de las afirmaciones más citadas de la obra de Hegel es: “Lo que es racional es real, y lo que es real es racional”. Si la realidad es racional, entonces tiene una estructura conceptual que uno puede expresar o reflejar en los propios conceptos que utiliza al experimentar esa realidad. Volviendo a lo que dijimos sobre el desarrollo de una vida desde la infancia hasta la vejez, los infantes no manejan concepto alguno. Lloran y gritan mucho porque, al carecer de conceptos, no pueden encontrar satisfacción plena en un mundo esencialmente racional. Con el paso del tiempo, uno aprende a manejar ciertos conceptos básicos, o categorías, como el ser, causa y efecto, la fuerza, etc. Gracias a ello, uno encuentra mayor grado de satisfacción en su experiencia, pero sólo hasta cierto punto.
¿Alguna vez has hablado con alguien que sostiene una posición contraria a la tuya? ¡Claro! Estos choques y confrontaciones, sean su tema metafísico, epistemológico, político, ético o religioso, forman una buena parte del tejido de la experiencia humana, desde los individuos hasta las sociedades y las civilizaciones. En todos estos debates, los conceptos que empleamos forman una red que constituye una metafísica implícita. Dice Hegel: “Todo nuestro conocimiento está entrelazado y regido por tal metafísica; ella es la red que mantiene unida toda la materia concreta que nos ocupa en nuestra actividad. Pero esta red y sus nudos está hundida en nuestra conciencia ordinaria bajo numerosos niveles de cosas, es decir, bajo nuestros intereses y los objetos que tenemos ante la consciencia. Los hilos universales de la red no han sido puestos de relieve y convertidos por sí en objetos de nuestra reflexión”. Podemos visualizar lo que Hegel dice aquí de la siguiente manera. La metafísica que rige nuestro conocimiento y que nos hace ver y experimentar la realidad de cierta forma, es decir, esta red de conceptos básicos, es como la musculatura de un cuerpo. No vemos ni sentimos esta musculatura, pero es lo que posibilita nuestro movimiento.
Que guardes de momento esta metáfora de la musculatura y volvamos a esa experiencia de confrontación con puntos de vista contrarios al tuyo. Hace falta una educación de la consciencia porque claramente no está experimentando el mundo como una totalidad racional, sino como fragmentado. ¿Por qué pasa esto? El problema estriba en los conceptos que utiliza. Bueno, el problema no son los conceptos en sí, sino que los ve como aislados y discretos, opuestos a otros conceptos y suficientes en sí mismos. La idea es que si la consciencia busca orden y estabilidad en el mundo, le parece natural que ciertos conceptos permitirán la comprensión de ese orden y no otros. O algo está caliente o está frío; o es alto o es bajo. Es una mentalidad de “o esto o aquél”. Estos binarios conceptuales de caliente/frío, alto/bajo tienen un alcance muy limitado en nuestro pensamiento; se aplican a relativamente pocas cosas. Un binario conceptual de mucho mayor alcance, uno que para Hegel está a la base de casi todos los debates de la tradición filosófica, es aquél de la universalidad y la individualidad. Los debates entre los platonistas y los nominalistas, entre los racionalistas y los empiristas, o entre los kantianos y los utilitaristas, surgen porque un lado pone énfasis en el aspecto universal del fenómeno y el otro en el aspecto individual.
Al pensar de esta forma, estamos empleando lo que Hegel llama el Entendimiento, para el cual los conceptos son lo que llama “determinaciones finitas”, es decir, abstracciones que se hacen de una realidad más compleja y fluida. Al aplicar estos conceptos nítidos y acotados a la realidad, no extraña que captan solo un aspecto de ella. En todo caso, la consciencia se enfrenta con la realidad con optimismo, confiado en sus certezas conceptuales. Pero dada su finitud y parcialidad, inevitablemente van a presentarse problemas que no puede resolver con sus conceptos. La solución del problema implicará la transformación dialéctica del concepto en su opuesto, cosa que da un golpe duro a la confianza que tiene en sus divisiones conceptuales. La consciencia encuentra, a su vez, que el concepto opuesto es igual de parcial y limitado, y esto que induce un escepticismo con respecto a la posibilidad de conocer el mundo conceptual o racionalmente. Sin embargo, la consciencia eventualmente encuentra una salida al captar una unidad en la oposición. La oposición es transcendida en una mediación dialéctica que genera un nuevo concepto que conserva los primeros dos en un punto de vista en el que se unen. Lo que estoy describiendo aquí es la famosa fórmula de tesis-antitesis-síntesis. El problema es que es mucho más complejo que ese simple fórmula. Lo que quiero enfatizar en esta dialéctica hegeliana, que más adelante veremos con mucho detalle, es el golpe a la consciencia. Este golpe es lo que vemos en página tras página de la Fenomenología del espíritu y es por eso que Hegel lo llama el camino de la desesperación. Lo que Hegel pretende en su famoso texto es agotar a la consciencia, hacer que vea a sus conceptos llegar a sus límites y transformarse en su opuesto una y otra vez hasta darse cuenta que sus divisiones conceptuales quedan cortas.
Lo que Hegel está poniendo al descubierto en todo este ejercicio es precisamente la articulación de la red de conceptos o categorías que está hundida en la consciencia, esa red que comparamos hace poco con la musculatura del cuerpo. En la experiencia normal, no nos damos cuenta de los músculos y su actividad en mover el cuerpo. Pero cuando vamos al gimnasio y los ejercitamos muy fuerte, el día siguiente se sienten sobremanera porque están doloridos. Nos damos cuenta de músculos que ni siquiera sabíamos que teníamos. En efecto, se podría decir que la Fenomenología es un gimnasio para el espíritu, y Hegel el entrenador. Lo que nos muestra es la importancia de pensar dialécticamente, es decir, no la oposición de conceptos sino su mediación o combinación, y muestra los problemas y dificultades que enfrenta la consciencia cuando no piensa de esta manera. Como comenté, este camino de la desesperación o la vía negativa es sólo un propedéutico, una introducción al sistema propio, al lado positivo de este proceso educativo que se da propiamente en la Ciencia de la lógica. Ahí, las mismas categorías del pensamiento se convierten en objetos de la reflexión.
Bueno, pues ése es un panorama del bosque, por así decirlo, de la Fenomenología. Espero que con ello nuestro examen de los árboles sea más provechoso. Pero antes de pasar a ello, vamos a echar un vistazo al panorama cultural, político y filosófico al que la Fenomenología responde y del que es una expresión. Otra famosa cita de Hegel es que la filosofía es su tiempo o época expresado en pensamientos. En lo cultural, lo político y lo filosófico, su época fue muy interesante, y al expresarse en este gran libro, veremos que la Fenomenología es no sólo un ejercicio conceptual, como he descrito hasta ahora, sino un gran comentario sobre la vida del hombre en todas su facetas, una fascinante biografía del espíritu que es tan relevante hoy en día que hace 200 años.

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33 Comments

  1. Clynton · 19/11/2017 Responder

    Qué alegre. Siempre he querido estudiar a Hegel, compraré mi libro para que me acompañe en esta aventura! Gracias por ésta serie. Harás una de Husserl?

    • Darin · 19/11/2017 Responder

      Que bien Clynton. Estaré usando la edición del FCE. Husserl algún día de estos!

  2. Diego · 19/11/2017 Responder

    Que bueno! lo estaba esperando!

  3. Javier Franco Altamar · 19/11/2017 Responder

    Excelente. Quedamos a la expectativa, entonces, de lo que viene.

  4. Katherine · 19/11/2017 Responder

    Muchas gracias!

  5. Jorge · 19/11/2017 Responder

    Arduo trabajo será realizar esta serie de vídeos. Muchas gracias, no muchos se animan a trabajar tanto.

  6. Jesus jaime · 19/11/2017 Responder

    Muchas gracias Darin Por estos esquisitos platillos de la Fonda filosofica

  7. Miguel Santoro · 19/11/2017 Responder

    Bien. Hace meses que te había pedido clases sobre este texto.

  8. Terezinha · 19/11/2017 Responder

    Hola, Darin.

    Sou grata pela ajuda que tem me dado com seus comentários. Suas explicações tornam mais fácil compreender alguns textos mais difíceis, como parece ser esse de Hegel.

    Receba um caloroso abraço.

    Curitiba – Paraná – Brasil.

  9. Norma Marotta · 19/11/2017 Responder

    Estaba esperando a Hegel !!! Que alegria. Gracias.

  10. Leti · 19/11/2017 Responder

    Muchas gracias Darin, me encanta Hegel. Te mando un abrazo!!!

  11. Sergio Romero · 19/11/2017 Responder

    Entonces, pregunta, ¿emplear la Fenomenología de Hegel se refiere a realizar el ejercicio conceptual sobre los alcances, las limitaciones y las contradicciones de los conceptos que explican determinada realidad o acción humana?
    Muchas gracias por compartir…Saludos.

  12. Sandra · 22/11/2017 Responder

    Darin muchas gracias! finalmente podré darle provecho a mi copia personal de esta obra maravillosa. Excelente tu material.

  13. Eustaquio · 22/11/2017 Responder

    Excelente introducción al texto. Ya había leído una parte del libro, pero se me hizo un poco complicado; se me hace una buena oportunidad para volver intentar leer el texto.

  14. Miguel · 22/11/2017 Responder

    Gracias Darin por la primera entrega. Deseando que lleguen los siguientes videos. Espero que me iluminen en mi lectura de la fenomenologia del Espiritu.

  15. Javier>Valencia>España · 23/11/2017 Responder

    ¡Cuánto molestia te tomas, Darin! Yo personalmente te estoy enormemente agradecido.

  16. Aelexander Vernon Scott · 23/11/2017 Responder

    Nuevamente . . . puesta de manifiesto la destacada capacidad expositiva del disertante.
    Darín otorga a cada tema tratado un particular brillo que incita a “exploraciones” literarias personales.
    En verdad, una auténtica siembra.

  17. BR · 02/12/2017 Responder

    Tremendo aporte compañero. Desde latinoamérica le envío gratitudes y saludos; los aportes de su página han fortalecido instancias de autoeducación que tan necesarias no son en las condiciones en que se encuentra nuestra educación pública. Solo queda esperar los siguientes videos y ponerse a leer “al viejo” “Hegel.

  18. Ramon · 08/12/2017 Responder

    Yo espero una crítica comparada de Tomás de Aquino y Escoto

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