La filosofía del taoísmo, pt. 1/3

Hoy empezamos un análisis del taoísmo. Basándonos en el Tao Te Ching, vemos la naturaleza del Tao y la célebre idea del yin y el yang.

Guión

 Hasta ahora en nuestro examen de las filosofías de Oriente, nos hemos centrado en la India antigua y en las filosofías que nacieron ahí: el hinduismo y el budismo. Ahora vamos a pasar a China a considerar una de sus más conocidas tradiciones filosóficas y religiosas: el taoísmo.
Vamos a explorar sus ideas a través de dos obras clásicas: el Tao Te Ching de Lao-Tzu y los escritos de Chuang-tzu. Antes de seguir, obviamente no soy chino y no hablo el chino y no dudo que estoy pronunciando mal estos nombres. Con eso dicho, pasemos al tema.
Como siempre, para comprender una novedosa forma de pensamiento, conviene entender el contexto en el que nace y las ideas que transforma. En el caso del taoísmo, este contexto es el confucianismo. Confucio vivió entre 551-479 AEC. La filosofía social y antropológica que desarrolló ha ejercido una enorme influencia en la cultura y el pensamiento chino durante más de dos milenios. Es difícil para nosotros en Occidente apreciar los logros de otra cultura (bueno, no sé si Occidente y Oriente puedan llamarse culturas) pero el punto es que la gente, sea china o mexicana, oriental o occidental, opera con un sesgo cognitivo que valora los logros de su cultura sobre los de otra. Sin embargo, creo que los chinos tienen de qué jactarse. Hace unos años vi una foto que me dejó estupefacto. Compara el tamaño del galeón que usaba Cristóbal Colón con un enorme galeón chino de la misma época. Y si comparamos Confucio con su equivalente, tanto histórico como intelectual, sería con Platón, pero, como Colón, queda en desventaja. Obviamente, Platón ha influido muchísimo en la historia de la filosofía occidental y en el pensamiento en general. No obstante, su gran obra, La república, nunca logró su meta de realizar una sociedad ideal donde los filósofos sean reyes. Confucio, en cambio, logró su meta con creces. El confucianismo sigue siendo una parte medular de la sociedad china hasta hoy en día. Cualquier chino sabe quien es Confucio. La mayoría de los mexicanos y los gringos no tienen ni idea de Platón.
Bueno, entonces ¿de qué se trata el confucianismo? Confucio vivió en un momento de mucho trastorno político y social. La sociedad feudal anterior gozaba de cierto orden y estabilidad, pero en esta época estaba desmoronándose y había diversos caudillos apoderándose de diferentes territorios de forma violenta. Hubo diversas propuestas para remediar el problema, para reestablecer la cohesión social, pero la que a fin de cuentas tuvo éxito fue la de Confucio.
El confucianismo es una abarcadora filosofía de vida que, a través de convenciones y ritos sociales, legales y éticas, moldea a los individuos desde temprana edad para que formen parte íntegra de la sociedad y para que funcionen de forma armoniosa con los demás. El producto de este acondicionamiento es lo que Confucio llamaba un hombre superior o noble, un hombre que guarda compasión y un sentido de responsabilidad para su prójimo, una virtud que está codificada e inculcada en la educación y en las costumbres y protocolos sociales.
Me pregunto si Kant y Rousseau leyeron a Confucio, pues el sometimiento a la obligación moral y el privilegio dado al colectivo (parecido a la voluntad general en Rousseau) es muy marcado. Piense lo que se piense del confucianismo, logró en buena medida el orden y la estabilidad social y ¡ha durado más de dos milenios!
Entonces, ¿qué problema tiene el taoísta con el confuciano? ¿Es que al taoísta le fastidia tener que fijarse en reglas y costumbres éticas para alcanzar un bien común? ¿Prefiere el hedonismo y el placer individual? No. De hecho, en esto los dos están de acuerdo. Una vida en búsqueda del poder, la riqueza y el placer desenfrenado es la vida de un esclavo, ya que esas cosas dependen de condiciones externas a las que uno está siempre tratando de acoplarse. Uno vive estresado, pensando constantemente en un futuro que no puede controlar del todo, en vez de vivir tranquilamente en el presente.
Sin embargo, aun cuando el confuciano actúe para promover el bien común y la armonía, lo hace de la misma manera que el hedonista busca el placer, a saber, concibe el bien o la felicidad como un objeto ausente que a través de un esfuerzo consciente puede actualizar o realizar. ¿Cuál es el problema con esto? Lo veremos con más detalle al discutir las ideas de Lao-Tzu y Chuang-tzu, pero básicamente el problema estriba en que el fin que se busca, al ser externo y para ser alcanzado, tiene que ser analizado y estudiado. ¿Cuál es su naturaleza? ¿Qué tengo que hacer para tenerlo? Ese fin, digamos el bien común, se vuelve así abstracto, como un objeto que estudia un físico, y al volverse abstracto se vuelve menos real, por lo que se percibe incluso más lejos. En el proceso, uno se centra más en los medios que se consideran necesarios para alcanzarlo, los cuales se vuelven cada vez más complicados, hasta llegar al punto donde la vida y la energía de uno se han vuelto totalmente consumidas por los pasos a seguir en vez del fin al que uno se dirigía, un fin que, por cierto, ya se ha olvidado. Henry David Thoreau, un buen taoísta en mi opinión, dice: “Al llegar el momento de morir, ojalá no descubramos que nunca hemos vivido”.
Para el taoísta, todo tipo de moralismo convierte el bien que busca en un mal porque la propia búsqueda desesperada de ese bien distrae a uno del bien que ya posee. A fin de cuentas, el problema se reduce a la cuestión del control. El confucianismo percibe el mundo como de alguna manera defectuoso, algo que tiene que ser manejado, intervenido, analizado, desarrollado, en una palabra: controlado. Controlado para producir el efecto deseado. El taoísta considera ese deseo como la misma fuente de nuestra frustración porque pone una brecha entre el hombre y el mundo natural, una brecha infranqueable que sólo nos frustra y nos debilita. En un libro sobre el taoísmo, leí esta bonita comparación. Si la meta del taoísta es ser como un trozo de madera, bruto y natural, la del confuciano es ser como una escultura finamente tallada. El taoísta acepta el trozo de madera tal como está, mientras que el confuciano quiere moldearlo, pulirlo y decorarlo.
Bueno, ya contextualizado nuestro tema, podemos pasar a verlo de frente. El texto clásico de la tradición taoísta es el Tao Te Ching, atribuido a Lao-Tzu. Digo atribuido porque hay un debate entre los historiadores acerca de si Lao-Tzu era el único autor del libro. Lo más probable es que es el producto de diversos sabios y maestros chinos cuyas enseñanzas y prácticas a lo largo del tiempo se destilaron en el libro que tenemos hoy en día. Francamente, eso es lo de menos. Lo importante es entender las enseñanzas que contiene.
Por cierto, mi interpretación del taoísmo está muy endeudada con la obra de Alan Watts, especialmente El camino del Tao. Wow! Cómo me abrió los ojos ese libro. Si lo puedes conseguir, te lo recomiendo ampliamente.
Bien. La palabra Ching en el título significa “clásico” o “canónico”. Tao significa “camino”. Al llamarse esta tradición el taoísmo, obviamente se trata de un término muy importante. Vamos a hablar mucho de él. Y te significa “virtud”. Así que, Tao Te Ching quiere decir algo así como el “libro clásico del camino de la virtud”. Consta de 81 capítulos muy breves el primero de los cuales se inicia con la siguiente célebre afirmación: “El Tao que puede ser expresado con palabras no es el Tao eterno”. Vaya, pues, ¿qué hacemos? es que yo no tengo más que palabras para expresar lo que es el taoísmo. Pero bueno, Lao-Tzu escribió esa oración y todo el Tao Te Ching con palabras y a pesar de ello logró comunicar algo muy importante. Creo que el punto es que las palabras que componen su libro y las que estoy diciendo ahora mismo señalan algo pero no es equivalente con ese algo. Un mapa, por ejemplo, expresa un territorio, pero no debería confundirse con ese territorio. El lenguaje humano con sus conceptos y gramática es una herramienta muy útil, pero hay que estar consciente de sus límites para que no te engañe.
Bueno, ya hemos dicho que Tao significa camino. Los caminos se caminan pues, se siguen. En el cristianismo, Cristo es el camino que se sigue. En el taoísmo, el camino es la naturaleza, la realidad misma. Hoy en día con el cambio climático y la destrucción ecológica nos damos cuenta de que hay que vivir en armonía con el mundo, no en conflicto con él. Sin embargo, unos milenios atrás los griegos y los semitas no vieron las cosas así. El constante cambio del mundo de la experiencia tenía que ser o bien regido y domado, o bien redimido. La tradición judeo-cristiana se inicia en un extremo con el paraíso, luego está la caída, la expulsión del hombre a un mundo doloroso y defectuoso, que a través de una larga historia de sufrimiento y fe es redimido al otro extremo en un mundo superior, el cielo. En la versión griega, más filosófica, tenemos la distinción entre el mundo inteligible y el mundo sensible, el motor inmóvil de Aristóteles, la distinción entre sujeto y objeto en la modernidad y la dominación y transformación de la Tierra con la ciencia y la potente tecnología que posibilita. En la historia tanto religiosa como filosófico-científica, el mundo es algo negativo o defectuoso que tiene que ser perfeccionado. La relación que el hombre guarda con el mundo se describe con metáforas bélicas: conflicto y oposición, lucha y dominación. Siempre hay algo bueno y algo malo, positivo y negativo. Hay que procurar el primero y eliminar el segundo. Así progresamos, mejorando el mundo hasta llegar, supuestamente, a la tierra prometida, a un mundo en el que hay placer sin dolor, salud sin enfermedad, y riqueza sin pobreza.
El taoísmo ve la realidad de forma muy diferente. Binarios como la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, y el bien y el mal, no son opuestos, sino complementos; el uno va con el otro en un proceso cíclico. La dinámica de este proceso está arraigada en un principio muy antiguo en la cultura china, el de la polaridad. Un campo magnético y una corriente eléctrica, por ejemplo, funcionan entre dos polos distintos, uno negativo y el otro positivo. Si uno de esos polos se elimina, ya no hay corriente eléctrica o campo magnético. Fenómenos desde la constitución de un átomo hasta la marea del mar, el ritmo de las estaciones del año y el latido del corazón manifiestan polaridad.
A diferencia de ver el mundo como separado del hombre y hostil, el taoísta ve a sí mismo como parte íntegra de sus ritmos. Para vivir bien en el mundo, no hay que hacerle guerra, sino saber navegarlo. El actuar del hombre no debe luchar contra los cambios de la vida, sino saber usarlos. La polaridad del Tao se ilustra en otro texto clásico de la cultura china, a saber, el I Ching. Es un texto que se ha utilizado para la adivinación, como el tarot, pero filosóficamente es interesante porque los elementos que usa no son imágenes en cartas, sino dos tipos de líneas, uno entero y el otro roto, simbolizando lo positivo y lo negativo. Estas líneas se juntan en grupos de seis que se llaman hexagramas, 64 en total, los cuales ilustran los diferentes posibles combinaciones de las fuerzas de lo positivo y lo negativo. La alteración de estas fuerzas a lo largo de los hexagramas es la dinámica o el proceso del Tao.
Todo esto está representado de forma condensada en la bandera de Corea del Sur. Aquí vemos cuatro trigramas que representan fuerzas muy básicas y en medio un símbolo que has de reconocer, la famosa imagen del yin y el yang. La polaridad del Tao consta de un elemento pasivo y negativo que los antiguos chinos asociaban con lo femenino. Este es el yin, la parte negra de la imagen. Y un elemento activo y positivo, lo masculino, que es la parte blanca. Llamar uno positivo y el otro negativo no significa que uno sea mejor o superior al otro; es simplemente una manera de indicar que el camino de la realidad es rítmica; oscila entre dos extremos. Inhalación y exhalación, el sístole y el diástole del corazón, las crestas y los senos de la marea, noche y día, vida y muerte – todos estos fenómenos manifiestan esta polaridad. Si la inhalación es la parte blanca de la imagen, vemos que va en ascenso hasta llegar a su estado pleno, pero luego tiene que ceder a su opuesto, la exhalación. Si no lo hiciera, no habría respiración.
El Tao Te Ching habla de esta polaridad no sólo con ejemplos de la experiencia común, como la respiración, sino también en términos filosóficos muy abstractos, como el ser y el no-ser. En un famoso pasaje dice:

Treinta radios convergen en el buje de una rueda,
y es ese espacio vacío lo que permite al carro cumplir su función.
Modelando el barro se hacen los recipientes,
y es su espacio vacío lo que los hace útiles.
Puertas y ventanas se abren en las paredes de una casa, y es el espacio vacío lo que permite que la casa pueda ser habitada.
Lo que existe sirve para ser poseído.
Lo que no existe sirve para cumplir una función.

En Occidente, el ser hace batalla con el no-ser, pero en el taoísmo, estos dos polos no están en conflicto entre sí sino que se complementan, cosa que se simboliza en la imagen del yin y el yang con el punto de negro dentro de la parte blanca y el punto blanco dentro del negro. De esta manera, la imagen expresa la idea de que el camino de la realidad es orgánico y relacional, a diferencia de un mecanismo o un artefacto compuesto de partes. En este último, hay que dirigir y controlar las partes para que cierta configuración o perspectiva sobresalga o gane, mientras que en la concepción orgánica del Tao, la idea es ponerse en balance y armonía con los ritmos que nos rodean, de los cuales obviamente formamos parte.
Me gustaría hablar más de este carácter orgánico del Tao. Los chinos tienen una palabra (li) que lo describe muy bien, pero mejor lo vemos en el próximo vídeo, junto con lo que dice sobre la virtud o Te. La virtud que el hombre necesita para ponerse en armonía con el Tao se llama wu-wei, un tema muy interesante que veremos con mucho detalle.

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25 Comments

  1. GERSON · 27/08/2017 Responder

    Excelente introducción para entender lo que significa Confucio en la cultura china, pues tenía errores de concepto referente a este personaje, gracias por tan buena explicación esperare más información referente al tema, gracias.

  2. Carlos · 27/08/2017 Responder

    Darin
    Muchas gracias por este nuevo e interesante tema
    muchas salud y bienestar para ti
    Con afecto
    Carlos

  3. Carlos · 27/08/2017 Responder

    Darin
    Muchas gracias por este nuevo e interesante tema
    Mucha salud y bienestar para ti
    Con afecto
    Carlos

  4. Manuel Chirosa · 28/08/2017 Responder

    Hola Darin, me ha gustado mucho la selección y enfoque de este nuevo tema, me hace pensar algo que sugieres sobre la diferencia entre el pensamiento de oriente y occidente, más experiencial en el primero más “mental” en el segundo. Occidente también ve el “SER”, lo que se intuye y está detrás de todo. Cuando esta intuición se expresa en formas, ideas, se transforma en un objeto en un ENTE, una creación mental. Por eso la frase del Tao te ching “El Tao que puede ser expresado con palabras no es el Tao eterno”, se puede entender; no es el SER. Otra forma de decirlo, hacia donde apunta el dedo, no es el dedo.
    Muchas tradiciones orientales, entre ellas el Taoismo, apuntan hacia una visión de la realidad distinta a la diferenciada y dual que crea nuestra actividad mental, la NO-DUALIDAD.
    Lo Real es Uno. Es solo la mente la que introduce la separación, a partir de la tríada –observador, observado, acción de observar-, que ella genera. La sabiduría invita a silenciar la mente. Porque, dado que es solo ella la que crea la (ficticia e ilusoria) separación, únicamente cuando la acallamos, se nos regala percibir Eso que está ahí, sin “etiquetas” o interpretaciones mentales. Y Eso, Lo que es –previo a nuestro pensamiento-, nos sostiene y nos constituye. Como lo expresa el escritor Enrique Martinez Lozano.

    Un abrazo y gracias por compartir.

    • Darin · 30/08/2017 Responder

      Bonita y acertada reflexión Manuel, gracias. Lo que dices refleja la “diferencia ontológica” en Heidegger. Se ha escrito mucho sobre Heidegger y las filosofías de oriente como el taoísmo.

  5. Lourdes Herrera González · 28/08/2017 Responder

    Excelente explicación, me hace reflexionar acerca de la pintura y escultura chinas recién expuestas en CDMX, con representaciones del Tao, de la relación entre espacio y materia, de la transformación. Gracias Darin.
    Lourdes

  6. Claudia · 28/08/2017 Responder

    Hola Darin
    Estaba buscando el libro de Alan Watts en ingles pero no lo encuentro… como sera que se llama en ingles the way of the Tao?
    Me encanto tu primera parte de taoismo que es una filosofia que me encanta y con la que me siento muy identificada. Felicitaciones!!!!!!
    Saludos
    Y gracias
    Claudia

    • Darin · 30/08/2017 Responder

      Hola Claudia. En inglés el libro se llama “The Way of Zen”. Habla ahí del Zen pero también mucho del taoísmo. Su libro propiamente sobre el taoísmo se llama “Tao: the Watercourse Way”.

  7. Manuel Chirosa · 29/08/2017 Responder

    Hola Darin, me parece muy interesante este tema y la orientación que le has dado. Me hace pensar en el comentario que hacías en relación a las diferencia entre occidente y oriente; la filosofía del primero más racional menos práctica y en el caso de oriente más experiencial más vivencial.
    Las dos tradiciones del pensamiento señalan al SER como la presencia de algo indefinible, que solo puede ser intuido, porque cuanto que se piensa o se define se convierte en un objeto, en un ENTE, por eso en el Tao Te Ching se dice “El Tao que puede ser expresado con palabras no es el Tao eterno”, si cambiamos Tao por SER…
    Ambas apuntan al conocimiento, pero es la oriental la que entiende éste como una mirada hacia adentro, hacia nosotros mismos como la base de este conocimiento auténtico, la sabiduría, como expresa Enrique Martinez Lozano “la sabiduría invita a silenciar la mente. Porque, dado que es solo ella la que crea la (ficticia e ilusoria) separación, únicamente cuando la acallamos, se nos regala percibir Eso que está ahí, sin “etiquetas” o interpretaciones mentales. Y Eso, Lo que es –previo a nuestro pensamiento-, nos sostiene y nos constituye”. Si sustituimos “ESO” por TAO o por SER…
    Para las tradiciones no-dualistas, como el Taoismo, lo Real es Uno. Es solo la mente la que introduce la separación, a partir de la tríada –observador, observado, acción de observar-, que ella genera.
    Por último, otra nota interesante de Antonio Blay “Hay una sola Realidad. Pero no la vivimos directamente, sino a través de la mente, y la mente la fracciona: cuando la ve dentro, la llama «yo»; cuando la ve fuera, la llama «mundo»; cuando la ve arriba, la llama «Dios»”.

    Un saludo y gracias por compartir.

  8. Jose Pablo · 01/09/2017 Responder

    Gracias por hacernos más comprensible las filosofías. Un saludo:
    Jose Pablo

  9. Esther · 04/09/2017 Responder

    Darin, muchas gracias por este excelente vídeo. Las ilustraciones han sido muy útiles para comprender mejor la relación entre la forma y la función de las cosas.
    Un abrazo!

  10. Martí Pineda · 04/09/2017 Responder

    Hola Darin,
    te agradezco que compartas tus conocimientos en una exposición clara y fácil de seguir.
    Gracias

  11. Eduardo · 05/09/2017 Responder

    ¿cuando el siguiente?

  12. Ricard · 14/10/2017 Responder

    Hola, Darin, he visto tus 3 videos… Estoy leyendo El camino del Tao, donde dice “El Tao es aquello de lo que uno no puede desviarse”…. Esto quiere decir que es determinista ????
    Supongamos que alguien quiere adquirir un coche que está muy por encima de sus posibilidades.. con lo cual debe hacer un esfuerzo económico e pedir un préstamo y vivir angustiado… (con lo que es una situación donde claramente las cosas no fluyen…y al no fluir seria desviarse del Tao, no ????) sin embargo uno no puede desviarse del Tao !??!

    Gracias y un saludo

    • Darin · 14/10/2017 Responder

      ¿En qué página se encuentra la cita?

      • Ricard · 14/10/2017 Responder

        Pag. 81, principio del capítulo 3 (TAO).

        “El Tao es aquello de lo que uno no puede desviarse; aquello de lo que uno puede desviarse no es el Tao”…“En otras palabras, la gente trata de forzar los acontecimientos, sin comprender que resulta imposible hacerlo: no hay manera de desviarse del fluir de la naturaleza.”

        Diría que en esta sociedad materialista y consumista la gente trata continuamente de forzar los acontecimientos; aparentando ser quienes no son, queriendo comprar aquello que no pueden, lo que les lleva a la infelicidad por salirse del camino del Tao [ esta era mi suposición …errónea porque aparentemente nadie puede salirse de ese camino 🙂 ]

        Supongo que lo que quiere decir es que el Tao no son como los 10 mandamientos de la Bíblia, que uno puede cumplir-los o no.

        Un saludo

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