Así habló Zaratustra, pt. 12/12

Hoy terminamos la tercera parte del libro, la conversión de Zaratustra en superhombre, y el sentido de la extraña cuarta parte.

Guión

 Estamos en la tercera parte del libro. Inicia con Zaratustra partiendo las Islas Afortunadas en un barco para regresar a su caverna en la montaña. En el barco logra por fin externar su pensamiento abismal, el eterno retorno, tema que vimos en el último vídeo. Los demás discursos de esta tercera parte tratan de su regreso a casa y el lento proceso de asimilar y afirmar su propia enseñanza, lo cual culmina en el último discurso con una canción de decir Sí a la vida. En varios de los discursos vuelve a tocar temas que ha tratado antes: la virtud, su fracaso con sus discípulos, la cultura del último hombre, etc. No vamos a ver todos, pero dos o tres sí me gustaría revisar.
En el discurso De los apóstatas, Zaratustra se encuentra de vuelta en el pueblo del prólogo llamado La Vaca Multicolor. Aquí aprendió lo difícil que era comunicar su mensaje. Cuando bajó de la montaña, todo era verde y multicolor, pero ahora marchito y gris. “Todos estos corazones jóvenes se han vuelto ya viejos” dice, “cansados, vulgares y cómodos”. Sus primeros compañeros resultaron ser cadáveres y bufones, refiriéndose al volatinero y al bufón que salió a espantarlo. Sus segundos compañeros eran sus discípulos, los que aquí llama sus creyentes. Los apóstatas del título son los que han renunciado una creencia, especialmente religiosa o política. Aquí se trata de la creencia en la enseñanza de Zaratustra. La aceptaron con mucho entusiasmo y ánimo al principio pero con el tiempo y con la ausencia de Zaratustra se acobardaron y volvieron a creer en Dios.
Vemos aquí una diferencia importante con Jesús. Jesús tenía a sus discípulos muy cerca hasta el final, y luego la institución de la iglesia sirvió para reforzar creencia en las doctrinas. Para Zaratustra, esta cercanía sólo creía seguidores dependientes, más no superhombres. Por eso la importancia de su ausencia; sin embargo, es una enseñanza que requiere de una voluntad fuerte y sus discípulos aún no contaban con eso. En medio de la confusión y el caos interior que sufrían en su ausencia, dice que un demonio cobarde dentro de ellos les susurraba el consuelo de un Dios que podría aliviar su tormento. Vemos en el texto que la apostasía de sus discípulos consiste no sólo en volver a ser cristianos ya que dice que algunos se refugiaron en la música y otros en cuestiones académicas. Recuerda que el concepto de Dios en Nietzsche es bastante simbólico. Se refiere no sólo al señor en las nubes, sino también a cualquier cosa que juegue el papel de algo absoluto que sirva de una muleta y a la que uno se adhiere de forma dogmática. Por experiencia propia puedo asegurarlos que eso pasa mucho en el mundo académico. Hasta los que se llaman “nietzscheanos” suelen ser bastante dogmáticos. Con facilidad, critican a los cristianos en la iglesia por ser un rebaño débil y dócil, sin embargo, la mayoría, al menos en mi experiencia son meros creyentes o apóstatas que han renunciado el espíritu de la filosofía a favor de las barras de la cómoda jaula dorada que suele ser la academia.
Para Nietzsche, Dios, en todas sus vertientes simbólicas, ha muerto. Terminando el discurso, habla un poco de cómo murió. Haciendo clara referencia a la célebre ópera de Wagner El ocaso de los dioses, afirma que la muerte de los dioses no se debió a un lento proceso de decadencia moral y abandono de la esfera humana, sino a una divina y mortal carcajada. La risa la provocó la ridícula afirmación de uno de los dioses, el hebreo, de que era el único bueno y legítimo. Se rieron los dioses paganos porque la idea del monoteísmo sólo puede conducir a la degeneración, a la perversión de la vida, y a la muerte del supuesto Dios único y supremo. Gritan los dioses: “¿No consiste la divinidad precisamente en que existan dioses pero no un solo Dios?” Te puede parecer extraño que nuestro célebre autor ateo hable bien de la existencia de diversos dioses y al mismo tiempo insista en la muerte del único dios, el judeo-cristiano. Pues el politeísmo que valora aquí consta de dioses no como barbudos en el cielo, sino com proyecciones de fuerzas, energías e ideales humanos. La fuerza y vitalidad del hombre sano es resultado de diversas fuerzas, o “dioses”, en interacción y conflicto entre sí. Compara esto con la biodiversidad necesaria para que un ecosistema sea sano. El hombre de una sola fuerza o dios pronto se debilita.
Más adelante, encontramos a Zaratustra ya de vuelta en su caverna. En el discurso “De los tres males” nos cuenta sobre un sueño que tuvo justo antes de despertar en el que, parado sobre un promontorio, pesaba el mundo con una balanza. En la segunda sección del discurso, procede a pesar o evaluar tres cosas que tradicionalmente se han considerado malos. Lo que sucede en la primera parte, en el sueño, nos da la pista para interpretar lo que sucede en la segunda parte.
Bien, en el sueño Zaratustra observa o capta el mundo como una totalidad finita. Por un lado, la finitud del mundo es muy importante para su doctrina del eterno retorno. Por el otro lado, su finitud lo hace susceptible de ser pesado en la balanza, lo cual expresa que el mundo es algo humanamente inteligible, a diferencia de “mundos infinitos” que son el objeto de la razón matemática. El mundo humano que Zaratustra habita es un mundo de fuerzas. La voluntad de poder que es Zaratustra puede articularse con la voluntad de poder de las cosas de este mundo. Sin embargo, como dice: “Donde hay fuerza, allí también el número se convierte en dueño; pues tiene más fuerza”. Lo que dice aquí me recuerda mucho de lo que dice Kant sobre lo sublime. Para tener una experiencia de lo sublime tenemos que medir la magnitud de algo, pero lo tenemos que hacer de forma estética o perceptual usando los ojos, no de manera lógica o matemática usando números. Con una calculadora puedes computar distancias infinitamente mayores a las que tu ojo puede apreciar, pero jamás tendrás así una experiencia de lo sublime. Zaratustra contrasta su forma de pesar el mundo con la del número para decir que no está interesado en las consecuencias científicas y abstractas del cálculo matemático, sino con el orden propiamente humano. Hay que pesar o evaluar las cosas no desde el abstracto mundo platónico de los números, sino desde una perspectiva humana.
Pasemos entonces a la segunda parte. Aquí está despierto y pone en la balanza tres supuestos males: la voluptuosidad, la ambición de dominio, y el egoísmo. La voluptuosidad tiene que ver con el placer sensual, especialmente sexual. Hace tiempo, vimos cómo Zaratustra se oponía a los despreciadores del cuerpo, por lo que uno podría pensar que lo que promueve aquí sea un hedonismo desenfrenado. Pues no es así. Dice: “Quiero tener vallas alrededor de mis pensamientos y de mis palabras, ¡para que no entren en mis jardines los cerdos y los exaltados!” Los cerdos simbolizan aquellos para los que el placer sexual es el fin, pero Zaratustra, aunque no rechaza el placer sexual, lo valora por ser el medio de procreación, la forma en que el ahora pasa al futuro. Aquí, Nietzsche guarda mucho en común con el Platón del Banquete, para quien el elemento erótico es fundamental. En Platón, uno pasa del placer en la belleza física a la belleza del alma hasta descansar en la contemplación de las ideas eternas. Zaratustra dice que “una suprema esperanza” yace en la voluptuosidad, en un matrimonio entre dos seres más extraños que hombre y mujer. Seguramente se refiere aquí al último discurso de la tercera parte donde Zaratustra se casa con la mujer Vida. A lo que voy es que la voluptuosidad para el superhombre es algo que va más allá del placer sexual a sublimarse en placeres cuyas crías son ideas y valores que no son eternas, como en Platón, sino históricas y mundanas.
Si la voluptuosidad nos hace pensar en un Casanova o Don Juan, el “mal” de la ambición de dominio nos hará pensar seguramente en un tirano político. De la misma manera que Zaratustra acepta el mero placer sexual, aquí reconoce que la ambición de dominio se manifiesta en los típicos tiranos crueles y vanos. Pero esto lo rechaza como una forma baja; es típico del político que acarrea gente con dinero o amenazas a la plaza central para escucharlo. Pero esta ambición, dice, “asciende hasta los puros y solitarios” donde su deseo de poder se expresa como un rebajarse o descender, de lo alto a lo bajo. A diferencia del tirano o pequeño político, no recibe su poder de la gente y su dominación ya que rebosa de vitalidad y sabiduría por cuenta propia. Como Nietzsche dice en otro texto, el filósofo de verdad es un legislador. Para semejante ser la ambición de dominio consiste en imprimir en su época y su cultura el sello de su pensar, en forjar nuevos valores para un pueblo. Esto es lo que en la primera parte del libro Zaratustra llamaba su virtud que hace regalos.
Y como final, el egoísmo. Una buena manera de entender por qué, para Nietzsche, el egoísmo es una virtud es volver a lo que dice sobre la compasión. Está en contra de la compasión cristiana no porque no quiera ayudar a la gente, sino porque la compasión más que nada debilita a quien está dirigida. Leyendo el texto del discurso, está claro que opone su noción de egoísmo al servilismo y la cobardía. En nuestra sociedad del consumo, el egoísta es quien dice “todo para mi”, pero al dirigirse por la mirada del otro, por la norma social, ese egoísmo no es más que una mentalidad de esclavo o de rebaño. El egoísmo que valora Nietzsche se caracteriza, en cambio, por la fuerza y el valor, por una independencia noble que en su expresión más pura constituye una virtud no sólo para el egoísta en cuestión, sino para el pueblo mismo tal como vimos hace poco con la ambición de dominio.
En el discurso “El convaleciente”, Zaratustra cobra el valor de ver de frente nuevamente su pensamiento del eterno retorno pero le llena de asco y se colapsa. En éste y los últimos tres discursos de la tercera parte se recupera y al final acepta con alegría este pensamiento del futuro. El último discurso se llama “Los siete sellos”. En el, Zaratustra canta un cósmico “sí” a la vida y se casa con ella convirtiéndose, se supone, en superhombre. El título se refiere a la Biblia, a la Revelación de San Juan en la parte que trata del Libro de los Siete Sellos. Al romper los sellos, se inicia el Apocalipsis. En nuestro texto, en cambio, los sellos no se rompen sino que se ponen y significan no una destrucción sino una afirmación que culmina en un matrimonio con la vida.
De acuerdo con el plan original, el libro terminaba aquí, pero posteriormente Nietzsche escribió una cuarta parte la cual no llegó a editarse con las primeras tres hasta 1892, nueve años después de su primera publicación. Se ha discutido mucho sobre estos “dos libros”, el de tres partes y el de cuatro. ¿Es uno más coherente que el otro? ¿Por qué Nietzsche agregó una nueva parte a un libro ya publicado? Nietzsche terminó la cuarta parte en 1885 y con su propio dinero imprimió 40 ejemplares repartiéndolos entre amigos y conocidos. ¿Tendremos en la cuarta parte una enseñanza esotérica, para unos cuantos? Nunca sabremos a ciencia cierta pero yo creo que esta incertidumbre sobre donde termina el libro va a la mano tanto con la retórica de Nietzsche como con la doctrina que comunica (ya que si todo retorna, un fin definitivo es imposible).
Asimismo, recuerda que además de ser filósofo, Nietzsche es también filólogo. Conocía muy bien las formas literarias de la antigüedad, especialmente la tragedia, que solía componerse de cuatro partes: las primeras tres con contenido trágico, y la cuarta parte un comentario satírico sobre las primeras tres. Esto es precisamente lo que tenemos en la cuarta parte. El Zaratustra de las primeras tres partes es muy serio y ferviente. En la cuarta parte ya es un hombre viejo, canoso y arrugado, como un sátiro o fauno que anda como vagabundo burlándose de los personajes con los que se topa (personajes que representan diferentes figuras y aspectos de la cultura moderna). Es muy parecido al papel del bufón o del loco en tragedias más modernas como el Rey Lear de Shakespeare. El rey se cree poseedor de la verdad y el bufón sirve para desinflar su ego y restaurar algo de balance.
El escenario central de la cuarta parte es una cena a la que asiste un grupo de personajes que representan los hombres superiores de la época. La cena está modelada obviamente sobre la última cena de Jesús, pero hace mucho eco también con el Banquete de Platón. Toda la cuarta parte tiene lugar en la caverna de Zaratustra y en el bosque alrededor. Estos hombres superiores han buscado al célebre Zaratustra pero con todos reunidos en la cena Zaratustra está algo decepcionado; a su parecer, estos hombres, al igual que los jóvenes discípulos de hace décadas, no es lo que esperaba para sus seguidores, para los hombres de futuro. A lo largo de la cena hay conversación, preguntas, discursos y unas canciones. En todo ello se nota la irritación y decepción de Zaratustra con respecto al nivel que han alcanzado estos supuestos hombres superiores.
Luego viene el más llamativo discurso de la cuarta parte: “El festival del asno”. Zaratustra se encuentra fuera de la caverna con sus animales. Al volver a la caverna, encuentra a sus invitados en una celebración religiosa, adorando y alabando la figura del asno como si fuera un dios. En la cultura europea, el asno, desde hace mucho tiempo, ha jugado un papel alegórico muy claro, simbolizando la gente terca, mezquina y en general estúpida (menos, por supuesto, el de Shrek). Entonces, imagínate la sorpresa de Zaratustra al ver estos hombres superiores rindiendo culto a un asno. De inmediato, empieza a interrogar algunos de ellos. A uno que se llama El Papa dice: “¿Cómo cuadra contigo el que adores de tal modo aquí a un asno como si fuese un dios?” El Papa responde: “¡Es preferible adorar a Dios bajo esta forma que bajo ninguna!” Lo que quiere decir es que Dios como espíritu es invisible y puede provocar duda. El asno al menos es palpable. Otro hombre, que se llama el Concienzudo de Espíritu, señala la lentitud y torpeza del asno, muy parecido al método científico, por lo cual merece ser el objeto de fe y creencia.
Estas respuestas son obviamente ridículas y Zaratustra lo sabe. Empieza por ello a adivinar el motivo real tras este absurdo festival. Un último hombre, que se llama El Hombre más Feo, la hace explícita. Dice: “Si [Dios] vive aún, o si vive de nuevo, o si está muerto del todo, ¿quién de nosotros dos lo sabe mejor? Te lo pregunto. Pero yo sé una cosa – de ti mismo la aprendí en otro tiempo: quien más a fondo quiere matar, ríe. No con la cólera, sino con la risa se mata”.
En el prólogo, si te acuerdas, al bajar de la montaña Zaratustra se topó con un ermitaño religioso que vive en el bosque. En la conversación el viejo habla de dios, cosa que le extraña a Zaratustra. Pregunta a sí mismo, ¿no ha oído que Dios ha muerto? La muerte de Dios no es algo que sucede de golpe, de la noche a la mañana, sino que lo que representa persiste en un estado moribundo durante mucho tiempo. El deshacerse de Dios con cólera, argumentos y seriedad es necesario pero el problema es que los conceptos y formas de pensar son tan sutilmente impregnados con nociones de trascendencia que han heredado de una larga historia cultural empezando con Platón que es como tratar de quitar una sustancia pegajosa en una mano con la otra. Ésta en seguida se ensucia. En fin, es un proceso largo y tedioso. Esta sustancia pegajosa es el cristianismo y su dios muerto. En vez de repetir los discursos y argumentos de Zaratustra, lo que los hombres superiores idearon fue una parodia de sí mismos. Razonando que una carcajada vale mil argumentos, se burlaron de sí mismos en este festival del asno, asimilando quizá de golpe la enseñanza del eterno retorno cuya finalidad es eliminar el deseo de venganza.
Esta risa que mata es muy parecida, a mi juicio, a lo que se llama el “koan” en el budismo zen. El maestro le propone al estudiante un enigma que al principio el estudiante trata de resolver conceptualmente, pero fracasa una y otra vez hasta por cansancio o al ser pegado de repente por el maestro, algo hace click en la consciencia del alumno y ve más allá de los límites conceptuales a llegar a la respuesta.
Zaratustra comenta que a la luz de este festival ve a sus invitados ahora como niños. Y seguramente recordarás el primer discurso sobre las tres transformaciones. El león, estos hombres superiores, se transforma en niño. Su superioridad consiste ahora en su inocencia en el sentido de no sentir pena o vergüenza hacia sí mismo, como Adán y Eva antes de la caída. Debido a eso, el niño no puede sentirse humillado, puede burlarse de sí mismo porque no trae ninguna máscara, no tiene nada que ocultar. Esto le confiere al espíritu de uno cierta levedad que lo hace capaz de bailar y volar. Esto me hace pensar en el famoso libro de Milan Kundera: La insoportable levedad del ser. Ahí critica la noción del eterno retorno en Nietzsche porque pesa demasiado. Si vivimos una sola vez, si lo que hacemos se hace y nunca se repite, es como si toda la vida fuera efímera o leve. Pero ésta es precisamente la imagen del superhombre que emerge al final del texto de Nietzsche. La levedad de su ser, su capacidad de burlarse no sólo de las vacas sagradas de la cultura, sino de sí mismo, es lo que le hace capaz de superar el nihilismo y el gran peso del eterno retorno para llegar al otro lado a la afirmación de la existencia.

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11 Comments

  1. Maite · 12/07/2017 Responder

    Gracias MAESTRO, muchas gracias!!!!!!

  2. Fabian Sanchez · 12/07/2017 Responder

    Muchas gracias

  3. gerardo esteban antonicelli · 12/07/2017 Responder

    muchas gracias por todas sus clases tan amenas, claras, instructivas y estructuradas Prof. Mc Nabb!

    entre los 16 y 21 años me ocupé mucho de las filosofías orientales, Nietzsche y Schopenhauer en un intento de comprender mejor la existencia tras una serie de serios infortunios familiares. Luego me dedique completamente a la ciencia hasta que una nueva crisis existencial me alcanzó a los 40 y me motivó a ocuparme nuevamente de cuestiones filosóficas y tuve la necesidad de profundizar aún más mi comprensión del universo o de la existencia.

    sus clases hacen posible acceder a un tesoro de conocimientos e ideas

    muchas gracias nuevamente

  4. Juan Fernando Jaramillo · 12/07/2017 Responder

    Muchas Gracias, super bueno.

  5. Luis R. Vargas · 13/07/2017 Responder

    Gracias por compartir los doce videos de “Así habló Zaratustra” ¡he disfrutado y aprendido mucho!
    Gracias, nuevamente.

  6. Antonio · 24/08/2017 Responder

    Hasta que punto el superhombre puede vivir de acuerdo a sus propios valores, sin llegar a transgredir la ley del estado, pues la ley del estado está basada en su mayoría en los valores que Nietzsche quiere erradicar, mi duda es hasta donde el superhombre, puede seguir siendo superhombre sin que sea encarcelado o peor aún ejecutado por el estado por intentar faltar al contrato social?.

    • Darin · 24/08/2017 Responder

      Hola Antonio. Los pocos superhombres que ha habido en la historia han sufrido seguramente lo que describes. Lo que Nietzsche plantea en Así habló Zaratustra es un mundo del futuro. Es llamativo que no describe ese mundo, sólo lo podemos vislumbrar a través de lo que critica en l el mundo actual. ¿Habría sociedad? ¿Habría sólo superhombres, o una mezcla entre estos y los últimos hombres? La verdad no sé.

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